Mi hijo pertenece a una tribu urbana

Mi  hijo pertenece a una tribu urbana

La necesidad de pertenecer al grupo

A partir de la pubertad, el grupo cumple una función sustitutiva de apoyo en el paso a otra versión del sentimiento familiar.
El niño está convencido de que pertenece a sus padres, como si fuera una parte de su preciado patrimonio, y le es preciso buscar una manera de hacerse con otro grupo de pertenencia, restando afecto a los lazos afectivos familiares, para ensayar cómo quiere ser.
Si en los ritos iniciáticos tribales se utilizaba el aislamiento de los jóvenes para someterles a pruebas, en la actualidad el aislamiento grupal es un componente que se usa también, mediante variadas formas estéticas y éticas, para ponerse a prueba.
Los jóvenes buscan saber en qué medida cuentan con el acuerdo de sus padres en lo que respecta a las decisiones propias que tomará de ahora en adelante.
Uno de los fenómenos singulares de este siglo, que se produce a nivel mundial, es el mestizaje cultural y racial. La revolución tecnológica ha propiciado la movilidad de las personas para intercambiar conocimientos o, simplemente, para trabajar. Las diferencias, que vienen determinadas por la naturaleza, las culturas y los cambios sociales, requieren un esfuerzo mental individual y colectivo que permita integrarlas en lo cotidiano.

Nuevos aglutinadores culturales y sociales

Las actividades humanas siempre han girado en torno a dos grandes objetivos: protegerse de las fuerzas de la naturaleza y regular las relaciones de los seres humanos entre sí. Para conseguirlo se agrupan, trabajan, crean distracciones, es decir, tejen su propia cultura. Pero en el fondo, todos los esfuerzos se concentran en un ideal inalcanzable: la felicidad. Es cierto que la tecnología ha atenuado algunas cargas y sufrimientos, pero todavía persiste la insatisfacción.

¿Por qué ocurre esto?

Lo que sucede es que la satisfacción plena sólo se obtiene mediante la ilusión. En efecto, la cultura tiene esa función: aprender a hacerse ilusiones, imaginar otra realidad a la medida de las necesidades de cada cual. La cultura es un viejo método producido por los seres humanos para transformar la infelicidad en placer. Las tribus indígenas trabajaban, fijaban sus celebraciones… creaban el arte de sobrevivir. Hoy en día, las maneras de aglutinarse en torno a las actividades grupales son más amplias y diversas.
Los progresos de la ciencia permiten conocer cada vez con más precisión los resortes de da ilusión de felicidad y se dispone de nuevos remedios para crearla: programas de televisión; deportes, macroconciertos, viajes, agrupaciones por intereses o aficiones, etc.
En el fondo, no dejan de ser nuevos modos de tapar el vacío que deja la infelicidad.
Por ejemplo:
  • El fútbol se ha convertido en un aglutinador de masas. Vehiculiza la vieja pasión infantil de rivalizar por llegar a ser el primero y el mejor a los ojos de los padres. Retorna ahora como un fenómeno conectado a una ilusión colectiva: que gane el mejor equipo.

  • La estética musical presta a los jóvenes unas señas de identidad a partir de las cuales van a poder compartir sentimientos colectivos, viviendo la ilusión de una unidad sin fisuras.
Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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