Meterse bajo las sábanas con varias personas al tiempo o con alguien del mismo sexo; tener una aventura con un desconocido, mantener un encuentro amoroso salvaje en un lugar prohibido (o con alguien prohibido)... estas son las fantasías sexuales más comunes entre la gente. Mejor dicho, entre ustedes, y por favor admítanlo sin remilgos, que si algo ha comprobado la ciencia es que alucinar, soñar con el aquello en todas sus formas no solo es normal, sino saludable.
No lo digo yo, sino los psicólogos Nieves Moyano Muñoz y Juan Carlos Sierra
Freire, de la Universidad de Granada, para quienes tener fantasías
sexuales favorece el deseo y la excitación, lo que quiere decir que son un
indicador de salud sexual. Así de claro.
Ahora, aunque según los mismos magos los hombres llevan más fantasías al
catre que las mujeres –lo que confirma, una vez más, el hecho de que ellos
piensan más en sexo–, ellas sueñan más con experiencias agradables de tipo
romántico, sobre todo en los días fértiles del mes.
Por supuesto que las cosas tienen un límite. Si la ensoñación desplaza lo
real, tenemos un problema. Por ejemplo, si hay señores que piensan que su
satisfacción no es plena si a su cabeza no llega Megan Fox semidesnuda, o si
algunas están convencidas de que su capacidad orgásmica sólo las invade con la
imagen de Bradley Cooper remplazando al gordo de su marido, pues lo que queda es
consultar con el psiquiatra. También hay que darse una pasadita por el
consultorio si las fantasías o los sueños eróticos tienen una reiterada
connotación negativa.
Me refiero, por ejemplo, a los sueños que entre escenas de sumisión sexual se
convierten en pesadillas que afectan las emociones. Aclaro que no son los casos
frecuentes, porque de resto, las fantasías eróticas son un estímulo, un rico
placer privado que nos arranca de la realidad y alimenta el desempeño y el goce
en la cama. Lo dicho: el cerebro es el órgano sexual más importante, todo está
en él, desde crear una fantasía para complementar la tediosa realidad o, como en
mi caso, hacer que las realidades en la cama sean toda una fantasía.