Cinco
llagas había en el cuerpo de Cristo-Jesús en el momento de su muerte y
resurrección. Análogamente, el quinto nivel en la escala que compone el
universo físico cósmico, el nivel mental, es donde ocurre la muerte del hombre
y el resurgimiento del espíritu.
“Rechazad las expresiones de incertidumbre”,
dijo un Instructor, “y
no mantengáis discusiones con los ignorantes”.
Cuando
el caos predomina, como ahora, puede ocurrir la gran vuelta de la espiral
evolutiva. “Entonces el murmurador de la noche partirá hacia la oscuridad”.
Todavía, según ese Instructor, para que el hombre ingrese finalmente en el
mundo de la luz, es necesario saber que “el precio del camino entre gritos
hostiles es mucho mayor que el del camino en soledad”.
Las
interacciones de la parte consciente del ser con los procesos sutiles, tanto en
el campo de la cura como en el de la realización de otras tareas del Plan
Evolutivo, deberán develarse cada vez más. Es en ese sentido en el que se
desarrolla el entrenamiento esotérico actual.
Los
que penetran la senda de las Iniciaciones asumen el servicio en pro del
cumplimiento del propósito evolutivo de la raza humana y del planeta. Ese
servicio podrá reflejarse en el plano material, o permanecer solo en los
niveles internos de la existencia, dependiendo de las coyunturas kármicas
atenuantes, del destino de los seres coligados con la tarea, de las prioridades
del Plan Evolutivo y de la respuesta que los cuerpos humanos dan a lo que les
es presentado.
Para
actuar correctamente, es necesario que aquel que busca servir, tenga disuelta,
en sí, la ilusión de la practicidad, propia de la mala conducción de la energía
del Tercer Rayo (energía que se expresa como luz creativa y actividad
inteligente). Esa ilusión lo lleva a ver a los semejantes de modo utilitario.
Tal postura, a pesar de que muchas veces puede ser justificada por una
acumulación de trabajo, oculta egoísmo, orgullo y vanidad. En verdad, el exceso
de tareas es a veces una salvación para el individuo, que tiene así oportunidad
de olvidar el propio proceso y donarse abnegadamente, permitiendo que las
energías trabajen por su intermedio. La
Ley es ver en todo y en todos la presencia suprema del Único Señor, y entregar
a Él los frutos de las propias acciones.
Si
el cuerpo de luz no está formado y en condiciones de actuar en el mundo
espiritual, el contacto del ser con leyes intergalácticas aplicables en el
planeta Tierra no es posible. Tanto la
ley del retorno, que permite a los seres volver al Origen
después de haber manifestado los patrones que les habían sido destinados por su
arquetipo, como la ley
de la interrelación entre universos, por ejemplo, son
fundamentales para que el cuerpo de luz desempeñe sus funciones. Esas leyes
permiten el desarrollo de la consciencia-Avatar y las manifestaciones cíclicas
de los aspectos divinos – tanto en el mundo como un todo como en el individuo.
La
ley del retorno guarda un inmenso potencial, aún oculto al individuo de la
superficie, pero que puede serle parcialmente develado en esta etapa. Lleva a
los seres a usar nuevas vestes, instrumentos de servicio en niveles más
sutiles.
En
el camino de regreso, cada segundo es una oportunidad preciosa de glorificación
al Creador. Si esta actitud es cultivada sin rigidez o ideas preconcebidas, la
vida sublime se expresa y torna plena la existencia material, hasta el punto de
disolver obstáculos que, antes, hubieran parecido insuperables.
¿Tenéis
Fe?, preguntaba Cristo, si la tuviereis, moveréis montañas.
En estos momentos de aguda transformación planetaria, se realiza
una importante síntesis de energías, que se refleja directamente sobre la
humanidad. Esa síntesis está vinculada al hecho de que el Instructor del Mundo
esté consumando en sí mismo la unificación de las tres energías fundamentales:
la luz, el amor y la voluntad. Esa excelsa consciencia expresó con perfección
la luz y el amor de la Vida Única. En esta época, en niveles internos, se
profundiza en la energía de la voluntad, sin la cual la obra de la Jerarquía no
llegaría a implantarse en la Tierra.