MUCHOS SON LOS LLAMADOS - 2

Desde el punto de vista de un conocido Instructor, los requisitos para la formación del cuerpo son:

  • Eliminar los restos de indiferencia para con la suprema Fuente de Vida.
  • Concentrar la aspiración en la más alta belleza y armonía.

En la frase mántrica: “Quiero, Señor, sentir la pulsación de la grandeza del cosmos” se encuentran claves poderosas para que esto se haga efectivo; claves de Voluntad-Poder.
 

El nacimiento de este nuevo cuerpo se da por una combinación de la energía de la mónada con la del alma y la del núcleo consciente del ser. De ese modo, una vibración unificada reúne aspirante, aspiración y Fuente hacia la cual esa aspiración es canalizada.
 

La humanidad de superficie de la Tierra se mantuvo hasta hoy inmersa en una realidad limitada, circunscripta a lo que es perceptible a los sentidos externos y a la mente común. Sin embargo, hay un universo invisible que ha de ser reconocido, cuya irradiación torna plena la acción en la vida material y colma el espacio de luz.
 

El ser humano se aproxima a niveles de energía más elevados cuando percibe que todo el cosmos respira bajo un mismo impulso de vida. Así comienza una nueva etapa en su escalada evolutiva, etapa que incluye la formación y el perfeccionamiento del cuerpo de luz. Se trata de un proceso oculto, por el cual todo el planeta está pasando. Llegar al estado de vacío debe tornarse una firme intención del ser, pues es fundamental para que se desarrolle ese proceso profundamente sutil.
 

En esta época, en muchos se está consumando la maduración del alma (o yo superior), en el nivel mental abstracto. A medida que esto ocurre, la consciencia del alma busca rendirse libremente a la regencia monádica, del mismo modo que el yo consciente despierto se empeña en el cumplimiento de la voluntad interior. A partir de ese punto, el cuerpo de luz comienza a resplandecer. Para el yo consciente, esta etapa de formación superior se revela como un fuerte impulso en dirección a lo abstracto, a la trascendencia de las expresiones concretas y de las estructuras.

El despertar del cuerpo de luz está ocurriendo en la esencia de la humanidad terrestre, aunque todavía no se refleje en su vida exterior. La maduración del núcleo causal ya se produjo en un número suficiente de seres para que sobre la humanidad como un todo sobrevenga la energía de disolución de las ilusiones resultantes de la identificación con la forma.

Este impulso que lleva al contacto con la esencia de la vida, que es también la esencia de la materia, incide sobre la Tierra, conduciendo a las consciencias que evolucionan en ella a sumergirse en mundos de pura energía. Esto equivale a una reformulación de toda la expresión de la vida. La luz despierta y silenciosamente impregna las formas, remodelándolas en consonancia con los nuevos patrones que ellas deben expresar. En todo ese proceso está presente el toque invisible de los tres aspectos del Logos planetario:

  • el aspecto luz correspondiente a la consciencia que rige la evolución de la materia, sustentando la renovación de las formas.
  • el aspecto amor correspondiente al Cristo, promoviendo el despertar de la vida verdadera en el interior de cada partícula.
el aspecto voluntad correspondiente al Señor  del Mundo, determinando los nuevos patrones que han de ser expresados.
Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente