Sueños rotos, el divorcio, y los hijos…

A lo largo de la vida transcurrida, en la que fuimos motor que impulsó grandes proyectos, ilusiones y esperanzas… vida en la que seguíamos una meta idealizada desde que conocimos el amor, una vida que nos transmitía tranquilidad, un hogar construido en el que la base principal era el entendimiento mutuo, el amor, la paz, y sobre todo la confianza que nos daba el tener a nuestro lado a alguien a quien amar… Nos refugiamos en ese entorno tan nuestro, no dando cabida a nada más que seguir edificando nuestros sueños e ilusiones.
Idealizamos tanto el amor de pareja, idealizamos tanto un hermoso mundo compartido saliéndonos de la realidad, que cuando nos damos cuenta que no todo es color de rosa en una relación sentimental ese mismo mundo hermoso se nos viene abajo. 

 Nos absorbe el ir y venir de los días. Sin darnos cuenta nos caemos en un profundo pozo de sueños que no son compartidos del mismo modo que antes creímos que lo eran. Dejamos caer el peso de la culpa en nuestra pareja, no razonamos adecuadamente, y la vida como la soñamos se nos escapa de las manos.

En esta vida moderna, en donde sabemos que es tan cotidiano y fácil separarnos en ese triste divorcio, en donde ya no pasamos esa espera de nuestra senectud al lado de la mujer  amada, somos miles de hombres que luchan a diario por subsistir, por continuar esa lucha a solos teniendo la responsabilidad de crecer a nuestros hijos sin la ayuda de nadie, esos hijos que igualmente no tienen culpa alguna de los altibajos de la pareja en cuanto a emociones y sentimientos, esos hijos que a diario escuchan y viven esos constantes pleitos entre los dos, sin saber cuanto daño le estamos haciendo.

Los hijos pasan de ser parte de una familia numerosa, a ser “hijos de divorciados”. Estamos tan metidas en nuestro dolor, en nuestros recuerdos que no nos tomamos el tiempo suficiente para acercarnos a los hijos y entender qué es lo que sienten, cuanto sufren, si les hace falta el padre que ya no está a su lado… porque creemos y tenemos la suficiente fuerza para saber que podemos solos con nuestros hijos.

Luchamos para darles el pan de cada día, la educación, forjándoles un porvenir, pero nos olvidamos de lo más importante que es para ellos el ver juntos a sus padres, en completa armonía y me pregunto si no valdría la pena luchar por conservar ese amor, buscar la manera de confrontar las cosas para que no se pierda la unión de los padres. Porque sabemos que nada es más bello que tener un hogar tranquilo, lleno de amor, un hogar en el cual los hijos, al llegar la noche, se sientan protegidos sabiendo que ahí cerca tienen a los dos seres que más aman en la vida.

Podemos ser fuertes, luchar y sacar adelante a nuestros hijos, pero de igual manera debemos tener conciencia que a pesar de los miles de problemas que existan entre la pareja, los hijos son a quienes más daño hacemos con la separación.

Con mucho cariño para ustedes
Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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