Después de tres décadas acompañando procesos, personas y organizaciones, entendí que la experiencia no sirve para hacer más cosas, sino para reducir el margen de error. Y reducir el margen de error no se logra acelerando, sino entendiendo mejor qué sí merece ser construido.
Lo que treinta años enseñan cuando se baja el ego
Con el tiempo uno aprende que el ego quiere demostrar, pero la experiencia quiere sostener. El ego empuja soluciones; la experiencia observa consecuencias. El ego busca impacto inmediato; la experiencia piensa en desgaste a largo plazo.
Durante muchos años vi personas y organizaciones llenarse de herramientas, de discursos, de iniciativas bien intencionadas… y aun así volverse frágiles por dentro. No por falta de talento, sino por ausencia de criterio estructural.
Lo nuevo no es hacer distinto, es decidir distinto
Lo verdaderamente nuevo no está en la forma, sino en la secuencia. No está en la novedad, sino en el orden. No está en el ruido, sino en la claridad interna.
Hoy tengo claro que lo que vale la pena construir no son más sistemas, más proyectos o más ideas, sino:
Construir con criterio es un acto de responsabilidad
Durante años confundimos compromiso con sobrecarga. Confundimos eficiencia con velocidad. Confundimos adaptabilidad con improvisación.
No por superioridad, sino por responsabilidad. Porque acompañar decisiones sin comprensión previa también tiene consecuencias, y esas consecuencias casi siempre las paga alguien más.
Lo que sí merece ser construido ahora
Después de treinta años, lo que elijo construir no es un modelo más grande, sino uno más sólido. No uno más atractivo, sino más coherente.
Merece ser construido:
Avanzar sin ego también es saber para quién no es
Este camino no es para todos. Y está bien. La madurez también consiste en dejar de querer gustar. Lo nuevo que se construye desde la experiencia no busca aplauso, busca permanencia.
Si algo de esto te hace sentido, probablemente no estás buscando más ideas. Estás buscando más claridad. Y esa claridad, casi siempre, empieza cuando uno deja de correr y empieza a decidir mejor.
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Julio César Moreno Duque
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