La estrategia que se cuenta existe: cuando el sentido precede al plan



¿Alguna vez te has preguntado por qué hay estrategias impecables en el papel que nunca transforman realidades, y otras, aparentemente simples, que movilizan personas, equipos y organizaciones enteras? No es un problema de técnica. Tampoco de presupuesto. Es un asunto más profundo: muchas estrategias no existen porque nunca fueron contadas desde el sentido, desde el alma de quien las vive y las encarna.

He aprendido esto a lo largo de más de tres décadas acompañando empresarios, líderes, emprendedores y organizaciones en Colombia y Latinoamérica. Desde 1988 he visto planes estratégicos brillantes morir en silencio, archivados en carpetas digitales o físicas, mientras otros, construidos desde la conciencia y la coherencia, se convierten en caminos vivos que evolucionan con las personas que los transitan. La diferencia no está en el formato, está en la historia que los sostiene.

Una estrategia que no se cuenta no existe, pero no hablo de storytelling como técnica de marketing. Hablo de la narrativa interna, profunda, que conecta propósito, identidad y acción. Cuando una organización no sabe explicar por qué hace lo que hace, cuando un líder no logra expresar desde dónde decide, la estrategia se vuelve una imposición externa, no una fuerza viva. Y lo que no tiene vida, tarde o temprano se abandona.

Recuerdo una empresa familiar con la que trabajé hace algunos años. Tres generaciones, un negocio rentable, pero un ambiente cargado de tensiones invisibles. Tenían un plan estratégico a cinco años, validado por consultores internacionales, con indicadores claros y cronogramas detallados. Sin embargo, nadie en la organización podía explicar, con palabras propias, hacia dónde iban ni para qué. Cada área interpretaba la estrategia a su manera. El resultado fue predecible: resistencia, desgaste emocional y decisiones incoherentes. No faltaba conocimiento, faltaba relato. Faltaba humanidad.

Cuando comenzamos a trabajar desde la pregunta correcta —¿qué historia está intentando vivir esta empresa?— todo cambió. Aparecieron los miedos, los duelos no resueltos, las lealtades familiares, pero también la vocación de servicio y el deseo genuino de trascender. A partir de ahí, la estrategia dejó de ser un documento y se convirtió en una conversación constante. La organización empezó a contarse a sí misma de otra forma, y esa nueva narrativa alineó decisiones, procesos y tecnología.

En este punto, la tecnología juega un papel fundamental, pero no como protagonista absoluta. Como ingeniero de sistemas, he vivido varias revoluciones tecnológicas. Hoy hablamos de inteligencia artificial, automatización, analítica avanzada. Todo eso es poderoso, pero peligroso si no está al servicio de un relato humano. La inteligencia artificial amplifica lo que somos. Si no sabemos quiénes somos ni qué queremos contar, la IA solo acelera el vacío. Por eso insisto en que la transformación digital es, antes que nada, una transformación cultural y espiritual.

Desde la mirada del Eneagrama, he visto cómo los estilos de personalidad influyen directamente en la forma de construir estrategia. Los líderes orientados al control buscan certezas absolutas; los orientados al logro persiguen resultados rápidos; los orientados al conocimiento se refugian en el análisis interminable. Ninguno está mal, pero todos necesitan conciencia. En mi propio camino, marcado por el Camino de Vida 3 en numerología, entendí que mi rol no es imponer verdades, sino ayudar a que otros encuentren su voz, su narrativa, su forma auténtica de expresarse en el mundo. La estrategia, cuando nace de ahí, fluye.

Culturalmente, en Latinoamérica arrastramos una herencia compleja. Nos enseñaron a obedecer planes ajenos, a replicar modelos importados, a medir el éxito solo en cifras. Poco nos enseñaron a honrar la palabra, la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Una estrategia contada desde nuestra realidad, desde nuestro contexto social y espiritual, tiene más posibilidades de generar compromiso real. No se trata de romantizar el discurso, sino de enraizarlo.

He acompañado startups tecnológicas que entendieron esto desde el inicio. No tenían grandes recursos, pero sí una historia clara: resolver un problema real de personas reales. Cada decisión tecnológica, cada línea de código, cada automatización respondía a ese relato. Cuando llegaron las crisis —porque siempre llegan— la estrategia no se rompió, se adaptó. Porque estaba viva. Porque se contaba todos los días, en reuniones, en errores, en aprendizajes.

La estrategia que se cuenta existe también porque se encarna. No basta con decirla una vez en una convención anual. Debe reflejarse en cómo se lidera, cómo se escucha, cómo se despide a alguien, cómo se cuidan los datos personales, cómo se usa la tecnología. En este sentido, temas como la protección de datos y la ética digital, que he desarrollado ampliamente en espacios como Todo En Uno.Net y Cumplimiento Habeas Data, no son solo obligaciones legales. Son parte del relato de respeto y responsabilidad que una organización decide vivir.

Espiritualmente, contar la estrategia es un acto de honestidad. Es reconocer límites, aceptar incertidumbres y declarar intenciones. No desde el ego del líder que cree tener todas las respuestas, sino desde la humildad de quien entiende que liderar es servir. Cuando una estrategia se cuenta así, conecta. Y cuando conecta, moviliza.

Hoy, en un mundo saturado de información, lo que transforma no es lo que se sabe, sino lo que se siente verdadero. Las personas no siguen planes, siguen sentidos. No se comprometen con indicadores, se comprometen con historias en las que pueden verse reflejadas. Por eso, cada vez que me invitan a revisar una estrategia, empiezo por escuchar. Escuchar lo que se dice y, sobre todo, lo que no se ha podido decir.

Si algo he aprendido en este camino es que la estrategia no se diseña, se revela. Se revela cuando hay espacio para la conversación profunda, cuando se integran mente, emoción y propósito. Se revela cuando la tecnología deja de ser un fin y se convierte en un medio consciente. Se revela cuando el líder se atreve a contarse a sí mismo con verdad.

Tal vez hoy tu organización tenga un plan, pero no una historia. Tal vez tú, como líder, tengas claridad técnica, pero no narrativa. No pasa nada. Ese es un excelente punto de partida. Porque en el momento en que empiezas a contar la estrategia desde lo humano, desde lo vivido, empieza a existir de verdad.

Y cuando existe de verdad, transforma.

Si este texto resonó contigo, no lo guardes solo para ti. A veces una conversación honesta cambia más que un plan perfecto. Si sientes que es momento de repensar tu estrategia desde el sentido, te invito a agendar una charla conmigo o a unirte a nuestras comunidades. Tal vez hoy no necesites respuestas, sino un espacio para contarte mejor.

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Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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