El 98 % no falla por falta de talento… falla por no haberse encontrado a sí mismo



Hay una pregunta que me acompaña desde hace más de tres décadas, desde mucho antes de fundar Todo En Uno.Net en 1995, incluso antes de comprender que la tecnología, por sí sola, no transforma a nadie. La pregunta es simple y, al mismo tiempo, incómoda: ¿por qué personas brillantes, preparadas, disciplinadas y aparentemente exitosas terminan repitiendo los mismos errores, agotadas, frustradas o sintiendo que “algo” no encaja en su vida ni en su empresa?

Durante años observé este patrón en empresarios, gerentes, líderes de proyectos, profesionales de alto nivel y también en mí mismo. El problema casi nunca era técnico. No era falta de conocimiento, ni de títulos, ni de herramientas. Tampoco era ausencia de oportunidades. El verdadero quiebre estaba en un lugar más profundo, más silencioso y, por eso mismo, más ignorado: la desconexión entre lo que somos, lo que hacemos y para qué lo hacemos.

He visto organizaciones completas colapsar no por mala contabilidad, sino por líderes que nunca se miraron por dentro. He acompañado emprendedores que dominaban indicadores, dashboards y metodologías ágiles, pero que no sabían escuchar su propio cansancio. Y he conocido personas espiritualmente inquietas que hablaban de propósito, pero vivían desconectadas de la realidad económica, del orden, de la disciplina y del impacto concreto.

Ese es el punto donde el 98 % falla. No por incapacidad, sino por desalineación.

Nuestra cultura nos enseñó a correr antes de preguntarnos hacia dónde. A producir antes de comprender. A demostrar antes de integrar. Desde muy jóvenes nos dijeron qué estudiar, qué es éxito, qué se espera de nosotros. Pocos nos preguntaron quiénes éramos realmente, cómo funcionábamos emocionalmente, desde dónde tomábamos decisiones o qué heridas no resueltas estaban dirigiendo nuestra vida profesional.

En mi camino como ingeniero de sistemas, administrador de empresas y mentor desde 1988, entendí que la verdadera transformación ocurre cuando conectamos lo invisible con lo práctico. Cuando la espiritualidad deja de ser un discurso abstracto y se convierte en coherencia diaria. Cuando la tecnología deja de ser una moda y se convierte en una extensión consciente de la inteligencia humana. Cuando la empresa deja de ser solo una estructura legal y se vuelve un organismo vivo, reflejo del estado interior de quien la lidera.

He trabajado con líderes que creían que su problema era la falta de ventas, cuando en realidad era el miedo a mostrarse. Otros pensaban que necesitaban un nuevo software, cuando lo que urgía era aprender a delegar sin culpa. Algunos buscaban respuestas en libros de moda, pero evitaban mirarse con honestidad. Y casi todos compartían algo en común: habían construido hacia afuera lo que nunca ordenaron por dentro.

Por eso integro herramientas como el Eneagrama, la numerología —en mi caso, el Camino de Vida 3, que habla de comunicación, expresión y creatividad consciente—, la inteligencia emocional y, hoy, la inteligencia artificial. No como recetas mágicas, sino como espejos. Porque cuando no nos conocemos, cualquier herramienta amplifica el caos; pero cuando hay consciencia, esas mismas herramientas multiplican el impacto.

La inteligencia artificial, por ejemplo, no viene a reemplazar al ser humano. Viene a desnudarlo. A mostrar quién piensa, quién repite, quién decide y quién solo reacciona. En empresas sin consciencia, la IA acelera errores. En organizaciones alineadas, potencia propósito, eficiencia y servicio. La diferencia no está en la tecnología, sino en el nivel de presencia de quien la utiliza.

Recuerdo un empresario con el que trabajé hace algunos años. Tenía todo: ingresos altos, reconocimiento, equipos grandes. Pero cada conversación terminaba en cansancio y vacío. Un día, con una honestidad que aún agradezco, me dijo: “Julio, no sé para qué sigo haciendo esto”. No necesitaba un plan estratégico nuevo. Necesitaba permiso para redefinirse. Meses después, no solo reestructuró su empresa; también recuperó la relación con su familia y consigo mismo. El negocio mejoró como consecuencia, no como objetivo principal.

Ese es el cambio que casi nadie se atreve a hacer. Porque implica silencio, responsabilidad y humildad. Implica aceptar que no todo se soluciona haciendo más, sino siendo mejor. Implica entender que el liderazgo no empieza en el cargo, sino en la consciencia. Que la espiritualidad no es rezar más, sino vivir en coherencia. Que el éxito no es acumular, sino sostener sin romperse.

He escrito sobre esto en distintos espacios, desde reflexiones personales en
https://juliocmd.blogspot.com/ hasta análisis organizacionales en
https://organizaciontodoenuno.blogspot.com/, porque el mensaje es el mismo con distintos lenguajes: no hay transformación externa sin integración interna. Y mientras sigamos evitando esa verdad, seguiremos viendo personas brillantes fallar donde no deberían.

El 98 % no fracasa por falta de capacidad. Fracasa por vivir desconectado de sí mismo, de su propósito y de su humanidad. Por confundir ocupación con sentido. Por creer que el valor está en hacer más ruido y no en vivir con mayor profundidad.

Si algo he aprendido en este camino es que cuando una persona se alinea, todo alrededor encuentra su lugar. Las decisiones se simplifican. La energía se ordena. El negocio respira. La tecnología sirve. Y la vida, por fin, deja de ser una carrera para convertirse en un camino.

Tal vez este no sea un texto cómodo. No busca likes rápidos ni soluciones instantáneas. Busca sembrar una pregunta que acompañe al lector después de cerrar la pantalla. Porque cuando esa pregunta aparece, la transformación ya comenzó.

Si este mensaje resonó contigo, no lo ignores. A veces basta una conversación honesta para reordenar lo que lleva años pidiendo atención. Puedes agendar una charla conmigo, compartir este texto con alguien que lo necesite o unirte a nuestras comunidades donde reflexionamos, aprendemos y crecemos desde lo humano y lo consciente.

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Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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