¿Por qué una mujer, en pleno siglo XXI, con tantas conquistas de derechos y caminos abiertos, decide aceptar ser “la otra” en la vida de un hombre casado? ¿Qué fibras emocionales, espirituales y culturales se mueven para que alguien elija un lugar donde su amor parece condenado a la clandestinidad y su identidad relegada a la sombra?
La psicología plantea respuestas: vacíos emocionales, patrones familiares no resueltos, la ilusión de un amor exclusivo, la atracción por lo prohibido. Sin embargo, más allá de lo clínico, lo humano exige mirar con ternura y también con crudeza lo que realmente significa habitar en el lugar de la amante. No es solo una cuestión de deseo, ni de ego, ni siquiera de estrategia; es un espejo del alma que revela carencias, aprendizajes y, sobre todo, un profundo anhelo de ser vista, valorada y amada.
He acompañado procesos en los que la mujer descubre que, desde niña, aprendió a merecer migajas emocionales. Padres ausentes, figuras autoritarias, ejemplos de amor limitado o condicionado forjaron la creencia de que “algo” en ella no merecía ser elegida como la prioridad. Y cuando aparece un hombre casado que promete amor, pero nunca plenitud, esa herida encuentra alimento. No un alimento sano, sino un sustituto, como cuando el hambre del cuerpo se calma con comida ultraprocesada: satisface un instante, pero enferma a largo plazo.
Desde la espiritualidad, me gusta pensar que ninguna elección es casual. El alma busca experiencias que le permitan reconocer su propia dignidad. Ser amante puede ser, paradójicamente, una oportunidad de despertar. Porque llega el día en que la mujer se mira al espejo y entiende que no nació para esperar una llamada a escondidas, ni para compartir celebraciones desde la distancia, ni para vivir siempre con la incertidumbre de si será descubierta. Ese día, la herida duele tanto que se convierte en maestra.
La cultura latinoamericana, con su machismo persistente y sus códigos de silencio, ha naturalizado durante siglos la figura de la “otra”. Se romantiza en telenovelas, se justifica en canciones, se esconde en familias que aprenden a callar. Y, sin embargo, cada historia personal tiene rostros y lágrimas reales. No son solo “estadísticas de infidelidad”, son mujeres con nombre propio que han dejado de escribir sus propios guiones para aceptar ser un personaje secundario en la obra de otro.
También existen casos donde la amante no se siente víctima. Algunas asumen ese rol desde la elección consciente, disfrutando de la adrenalina, de la falta de compromisos, de la libertad de no ser “la oficial”. Allí la pregunta cambia: ¿es realmente libertad o es otra forma de huir de la intimidad profunda que implica construir un vínculo de verdad? Porque la libertad sin amor propio se disfraza fácilmente de independencia, cuando en el fondo es miedo a ser descubierta en la vulnerabilidad de lo auténtico.
Desde mi vivencia como psicólogo y empresario, he visto que estas dinámicas no se limitan a lo íntimo; se reflejan también en lo organizacional. Cuántas veces aceptamos ser “la amante” en un trabajo, en un proyecto o en un equipo: entregamos talento, energía y creatividad, pero nunca recibimos reconocimiento pleno. Somos útiles mientras servimos en la sombra, pero nunca somos invitados a la mesa de decisiones. La psicología individual se conecta con la psicología empresarial: el patrón de conformarse con menos de lo que se merece atraviesa todas las áreas de la vida.
El Eneagrama enseña que en cada rol disfuncional hay una semilla de transformación. La mujer que acepta ser amante puede aprender de sí misma la capacidad de entrega, la pasión y la fuerza de su deseo. Pero debe redirigir ese fuego hacia un amor que no la niegue, hacia un camino donde ser elegida no sea un premio, sino un derecho natural. La numerología, desde la vibración del número 3 —el de la expresión, la creatividad y la autenticidad— nos recuerda que estamos llamados a vivir en plenitud, no en las sombras.
¿Y qué pasa con el hombre casado? No es inocente ni espectador pasivo. Él también está atrapado en sus propias contradicciones: el miedo a perder lo seguro, la incapacidad de enfrentar su verdad, la comodidad de tener doble beneficio. Pero no nos engañemos: la elección de la mujer de permanecer o no en ese lugar no depende de él. El verdadero poder está en quien decide no aceptar más las sobras de un banquete ajeno.
En este punto, surge la pregunta más transformadora: ¿qué significa para ti elegirte a ti misma? Tal vez no se trata de condenar ni de justificar, sino de invitar a cada mujer a escuchar la voz interna que siempre susurra: “mereces ser amada en plenitud, mereces ser mirada sin esconderte, mereces ocupar el lugar de tu propia vida”. Y cuando una mujer despierta a esa verdad, su historia cambia, y con ella cambia el destino de sus hijas, de sus círculos, de la cultura que la rodea.
Hoy, más que nunca, necesitamos relaciones basadas en la honestidad, en la transparencia y en el amor consciente. No hablo de perfección, sino de verdad. Hablo de vínculos que nos eleven y no que nos reduzcan. Hablo de valentía para soltar lo que duele, aunque al principio parezca imposible, y abrir espacio para lo que realmente sana.
Si tú, que lees estas líneas, alguna vez has estado en el lugar de la amante, no te juzgues con dureza. Agradece el aprendizaje, reconoce la herida, y recuerda que tu vida no se resume a un rol oculto. El amor verdadero, el que empieza por ti misma, no se negocia.
Y si eres testigo de alguien que vive esa experiencia, no critiques desde la moral fácil. Acompaña desde la empatía, porque detrás de cada historia hay una mujer buscando lo mismo que todos buscamos: amor, seguridad, sentido.
Al final, no se trata de hablar de amantes y esposas, de infieles y traicionados. Se trata de aprender a ser fieles a nosotros mismos. Solo allí empieza la verdadera revolución del amor.
Si este mensaje tocó algo en ti, te invito a dar un paso más: conversa, reflexiona, comparte. Tal vez sea contigo, con una amiga o con alguien que necesita escuchar estas palabras hoy. Y si sientes que es momento de un acompañamiento más profundo, agenda una charla conmigo y caminemos juntos hacia esa libertad interior que transforma la vida.
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