
La puntualidad es uno de los factores mas demandados en empresas y en entornos personales.
La impuntualidad no solo está relacionada con la educación o la responsabilidad, según expertos.
La puntualidad es uno de los aspectos que una persona tiene que tener en cuenta para proyectar una buena imagen hacia el resto del mundo, pues representa, para muchos, madurez, compromiso, orden y respeto hacia el otro.
Sin embargo, a muchas personas les cuesta ser puntuales y los factores por los cuales alguien puede tener problemas en este aspecto pueden ser varios, tales como el exceso de confianza, la falta de disciplina, orden o planificación; eso sumado a factores externos ajenos a lo que una persona es capaz de manejar.
Pero más allá de los factores normalmente conocidos por los cuales una persona se le puede considerar tardía, existen algunos puntos vistos desde la psicología que, de alguna u otra forma, pueden ayudar a entender esta problemática de una forma más profunda.
No solo es cuestión de percepción
Es común considerar a una persona que tenga problemas con la puntualidad como alguien carente de empatía, sumamente perezosa o poco planificadora. Y hasta cierto punto, resulta muy sencillo señalar con estos adjetivos a alguien que tenga dificultad para ser preciso con el tiempo.
“Es fácil percibirlos como desorganizados, caóticos, groseros y sin consideración por los demás. ¡Fuera de mi práctica clínica, que otros lleguen tarde es algo que particularmente me molesta!”, dijo la terapeuta cognitiva conductual Harriet Melotte a la ‘BBC’.
No obstante, la impuntualidad si es un problema, y este se debe a factores que pueden trascender desde lo personal, muy a pesar de que hagan los esfuerzos para contrarrestar ese flagelo.

Anticiparse a eventualidades como el tráfico lento pueden ser buenas estrategias para llegar puntualmente a un lugar especifico.
Excusarse es paradójico
“¡No más excusas!”. Es una frase común que un jefe, un familiar o un amigo puede decirle a alguien que llegó tarde al trabajo, a una reunión o a un encuentro. No obstante, estas pueden ser muy o nada válidas dependiendo de la naturaleza que tengan y de la frecuencia con las cuales son reproducidas.
Eventos desafortunados como un accidente, una enfermedad o una calamidad familiar no son lo mismo que un problema de lentitud en el transporte, el no despertarse porque la alarma no sonó o el no haber desayunado antes de salir de casa.
Es fácil percibirlos como desorganizados, caóticos, groseros y sin consideración por los demás
Llegar tarde a algún sitio de forma constante puede estar relacionado con la personalidad o el estado de ánimo de la persona. Varios psicólogos sostienen que las personas más puntuales suelen ser más impacientes, competitivas y ambiciosas. Esto quiere decir que la constante recolección de logros les permite tener una percepción de sus responsabilidades como algo que, frecuentemente, hay que reafirmar y superar (Tipo A).
En cambio, dichos médicos también aseguran que las personas impuntuales son, generalmente, más relajadas y poco estresadas. Es decir, que tienen la autoconfianza suficiente para creer que todos los aspectos de su vida están bajo control, por lo que no valdría la pena preocuparse (Tipo B).

La impuntualidad influye de forma directa en la imagen que una persona proyecta hacia los demás.
Jeff Conte, profesor de psicología de la Universidad Estatal de San Diego, hizo un estudio en el cual hizo dos grupos compuestos por personas Tipo A y Tipo B, para pedirles que calcularan en su mente cuatro tardaba un minuto en transcurrir, sin ayuda de relojes.
El resultado arrojó que las personas tipo A sintieron que había pasado un minuto cuando, en realidad, habían pasado 58 segundos aproximadamente. Por el otro lado, las personas tipo B lo sintieron luego de haber pasado 77 segundos.
Esto puede dar a interpretar que la personalidad de una persona también influye en su percepción del tiempo, pues el ritmo de vida, los hábitos y la visión del mundo que un sujeto tenga, puede influir en su propia impresión del avance cronológico del día a día.

La responsabilidad es solo uno de los factores que influyen en la puntualidad de una persona.
Salud mental y prioridades

La percepción del tiempo de cada persona hace que, incluso, pierda la noción del mismo.
Apartándose un poco de la personalidad, la salud mental también puede ser un factor que pueda causar una permanencia del hábito de la puntualidad. “La tardanza es una consecuencia de condiciones neurológicas o de salud mental comunes profundamente angustiosas”, dijo Melotte para la ‘BBC’.
Temas como la ansiedad, el autoestima o la depresión pueden ser ámbitos que se presenten no solo al momento de llegar tarde a un sitio, sino también a la hora de cumplir responsabilidades: “Es probable que las personas con baja autoestima critiquen sus habilidades, lo que puede hacer que se tomen más tiempo para revisar su trabajo”, agregó.
La depresión, por ejemplo, es un conjunto de sensaciones encontradas, todas relacionadas con bajos estados de ánimo, tales como la tristeza, la ira y la frustración; y aquellos sentimientos también están ligados con poca energía y motivación.
La tardanza es una consecuencia de condiciones neurológicas o de salud mental comunes profundamente angustiosas
Un ejemplo es la procrastinación, otro de los contextos en los que la impuntualidad se puede presentar, pues no está necesariamente ligada con la capacidad de una persona para gestionar su tiempo, sino que también influyen factores emocionales.
“La procrastinación es un problema de regulación de emociones, no un problema de gestión de tiempo”, dijo Tim Pychyl, profesor de psicología de la Universidad Carleton en Ottawa, Canadá, para ‘The New York Times’.
En un estudio realizado por Pychyl se explica que la procrastinación genera que la persona se enfoque más en “la urgencia inmediata de administrar los estados de ánimo negativos”, que en sus responsabilidades, que le pueden resultar poco estimulantes.
¿Qué hacer para ser más puntual?
Como todo problema en la vida, el primer paso es aceptar que se sufre de algo y, desde ese momento, se puede manejar desde un punto de vista más positivo. A partir de ahí, intente anticiparse siempre a lo peor.
Por ejemplo, al momento de fijar una hora para realizar cualquier actividad, asúmalo no solo como una responsabilidad única con alguien o algunos, sino de manera autoconsciente, a sabiendas que el ser cumplido se convierte en un hábito sencillo de cumplir.
En el caso de llegar a un lugar a una hora estipulada, es aconsejable que haga el esfuerzo de llegar con varios minutos de antelación, no solamente para garantizar una llegada tarde, sino para anticiparse a posibles contratiempos que se puedan salir de las manos. Algunos minutos de antelación no van a hacer daños.