5 claves para un consumo slow

La filosofía slow aplicada al consumo habla de atender las necesidades, de conocer los valores propios y alinearlos con nuestras compras, habla de tener menos y mejor, de sostenibilidad y de reflexión.


La filosofía slow no es nueva, pero sin duda está cada día más presente y cada día genera más interés por la paz, la felicidad y el bienestar que promete. Y es que cada año vamos más rápido, nos dejamos llevar más y más por la autoexigencia, nuestros deseos y ambiciones nos consumen, y definitivamente estamos más abocados a vivir en la inconsciencia, la rapidez y el ruido.

No es lo natural, pero caminamos hacia ello con paso firme. Y, aunque tiene solución, pero no parece que queramos hacer el trabajo.

Filosofía slow, necesidades y deseos

Un aspecto a tener en cuenta en la reflexión que se hace del porqué de la rapidez, el porqué del ruido y el porqué de ese “más y más”, del que no podemos salir, es el “tener”.

El tener nos embriaga, esa es la realidad. No necesitamos muchas de las cosas que tenemos o que decidimos comprar, pero la satisfacción inmediata y fugaz que sentimos parece cegarnos hasta el punto de no poder mediar en nuestros impulsos. Tener y tener nos obliga a trabajar, acumular y apagar nuestros sentidos ante la sobreestimulación que reciben incluso en nuestra propia casa.

“Trabajo mucho, me compro este coche porque me lo merezco” y así es como nos endeudamos y necesitamos trabajar más (o con más miedo) para poder pagar eso que algún día consideramos que nos merecíamos.

En mi opinión, comprar y tener generan mucha satisfacción, muy vacía, pero muy potente. Y el motivo por el cual no podemos lidiar con ella es sencillo: no conocemos alternativas.

La filosofía slow aplicada al consumo habla de atender las necesidades, de conocer los valores propios y alinearlos con nuestras compras, habla de tener menos y mejor, de sostenibilidad y de reflexión.

Veamos brevemente cada uno de estos aspectos.

1/5
¿Qué necesidad está cubriendo tu compra?

Es importante que atendamos a nuestras necesidades y las necesidades de nuestra familia cuando compramos. Esto nos permitiría dividir e invertir los recursos de manera óptima sabiendo exactamente qué función cumple cada gasto.

Puede tratarse de una necesidad total –necesito algo que no tengo-, una sustitución –necesito cambiar algo que ya está muy desgastado o se ha terminado- o de cualquier otro tipo. La idea es que podemos identificarlo como necesidad.

También puede tratarse de un antojo, un “me lo merezco”, una necesidad que cubre otro tipo de aspectos –como serían las compras de lujo-, y lo más importante que necesitamos entender al respecto es que absolutamente todas son válidas.

La filosofía slow, tal y como yo la entiendo, no invalida las razones por las que se quiere comprar o consumir una cosa u otra, sino que invita a cuestionar esas razones. Si un “me lo merezco” te endeuda, quizás podrías revisar porque otros “me lo merezco” no te resultan suficiente. Si los antojos te colocan en una situación económica delicada, puedes preguntarte qué vacío estás intentando llenar.

Si eres consciente de que compras más de lo necesario, puedas permitírtelo o no, la pregunta es: “¿Para qué lo haces?”

2/5
Están tus compras alineadas con tus valores

A lo largo de los años he ido comprobando la diferencia de sensación que me produce la compra y consumo cuando me preocupo de actuar de acuerdo a mis valores.

Los valores son los que deciden la paz que te hace sentir una acción. Si obras de acuerdo a tus valores, probablemente sientas calma, plenitud y tranquilidad. Si obras de forma opuesta a tus valores, quizás sientas nerviosismo, ganas de pasar página, no puedes valorar lo que has adquirido, no te sientes a gusto y, definitivamente, no hay paz ni plenitud.

El darse cuenta o no de esta alineación y de las sensaciones que acompañan al consumo, depende de nuestro grado de consciencia y atención. Lo más habitual es que no nos demos cuenta de que estamos comprando, no atendamos al por y para qué, no seamos conscientes de la acción que estamos llevando a cabo y, finalmente, tampoco podemos notar las sensaciones que lo acompañan.

Cuando prestamos un poco de atención podemos sentir diferencias muy sutiles que van cobrando más y más fuerza. Para mí, por ejemplo, no es igual comprar y utilizar cualquier champú del supermercado, que mi champú sólido favorito que además de cruelty free es artesanal –y con ello apoyo a una mujer emprendedora-.

Tampoco es lo mismo comprar y utilizar productos cosméticos en función de si la marca experimenta o no con animales, si los ingredientes son naturales, si son de origen animal o vegetal, si la empresa actúa de forma sostenible, etc.

Haz la prueba. Trata de enumerar cuáles son tus valores y los impulsos que te mueven: el amor, el respeto, la compasión, ¡lo que tú sientas! Después analiza qué productos están alineados con esos valores y nota si hay algún tipo de diferencia.

Yo lo tengo claro: no es lo mismo, no lo siento igual y no me ofrece el mismo bienestar.

3/5
Minimalismo: ¿menos es mejor?

¡Pues no necesariamente! En el minimalismo, como en todo en la vida, es vital saber cuál es nuestro equilibrio; ese punto donde no estamos obsesionadas, no aparecen los deberías, ni la culpa, y que además nos permite obtener todos los beneficios del concepto en sí.

Es decir, minimalismo sí, pero a medida, sin obsesiones y paso a paso.

Comprar menos nos permite tener más recursos disponibles para poder comprar mejor. Imagina qué bolso podrías comprar, si hubieras ahorrado el dinero de los últimos bolsos que has comprado, o qué crema podrías probar, si hubieras ahorrado el dinero de las últimas compras sin sentido que has hecho.

A menudo, hablando sobre productos cosméticos artesanales o de marcas que se ajustan a nuestros valores, aparece la frase “sí, pero es que es muy caro”. ¡Y está bien! Entiendo de dónde puede venir esa apreciación. Puede ser que genuinamente no podamos permitírnoslo –en ese caso, siempre, siempre hay alternativas-, puede ser que lo estemos comparando con productos de una calidad muy inferior, con ingredientes diferentes, tecnología diferente y valores diferentes, y también es posible que nuestros gastos habituales no nos permitan encajar un nuevo gasto en un mejor producto.

En este último caso, el análisis es claro, ¿en qué prefieres invertir tus recursos?

4/5
¿Qué queremos apoyar?

Estamos hablando de valores en el consumo, de minimalismo, pero vamos más allá: ¿qué queremos apoyar?

Si piensas en todo lo que consumes diariamente: comida, televisión, redes sociales, productos de todo tipo, información. ¿Eres consciente de qué estás apoyando cada vez que compras algo, decides ver unos minutos de programa o das un like? Cada vez que te detienes a ver un video estás apoyando algo, cada vez que decides leer un artículo estás apoyando algo, cada vez que compras o compartes algo, lo estás apoyando.

Es fácil, pero ser consciente de ello trae consecuencias que, en muchas ocasiones, no queremos aceptar. Cada vez que compras queso, apoyas a la industria láctea. Cada vez que das un like a una foto en Instagram, apoyas la creación de ese tipo de contenido. Cada vez que te detienes a ver un programa en la televisión, lanzas un mensaje claro: “más programas de este tipo, por favor”.

Cuando entramos en consciencia de que todas nuestras acciones de consumo son votos, empezamos a comportarnos de forma diferente porque, si sabemos qué no queremos apoyar, sabemos en qué no nos vamos a detener.

5/5
Tiempo y espacio ante cualquier compra

Por último, si queremos llevar la filosofía slow a nuestra forma de consumir, es fundamental que se acaben las compras en caliente, porque esto no nos permite evaluar, valorar, alinear y actuar como lo haríamos en condiciones distintas.

¿Conoces la clásica recomendación de “no vayas a hacer la compra con hambre”? Bueno, pues no compres nada cuando la necesidad es imperiosa. Necesitas tiempo y espacio para analizar qué quieres, por qué lo quieres, qué necesidad cumple y si estás realmente de acuerdo o no con dicha compra.

Claro, pero y ¿qué hago cuando necesito comprar algo ya mismo? Si puede esperar, hazte esperar, compra con atención y aprende que necesitas ser previsora para no colocarte en esa situación las próximas veces.

En mi caso, por ejemplo, si no quiero comprar un champú normal del supermercado, necesito prever cuando me voy a quedar sin champú y hacer mi pedido a KiaOra Botanicals. Lo mismo me ocurre con el desodorante y otros productos cosméticos: si no quiero comprar marcas que no están alineadas conmigo, necesito organizarme y pedir mi desodorante antes de que termine.

Sé muy bien qué quiero apoyar, cómo quiero cuidar mi cuerpo y lo único que necesito es crear tiempo y espacio para actuar de acuerdo a mi filosofía slow.
Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente