La salud mental ya no es tabú. Antes incluso de la llegada del coronavirus era posible encontrar artículos en Internet y cuentas en Instagram que nos hablaban de la importancia de prestar atención a nuestro diálogo interior. La pandemia ha acelerado este proceso y hoy cada vez más personas afirman con orgullo que van al psicólogo.

Tras un año y medio de pandemia es evidente que, en mayor o menor medida, todos hemos perdido la cabeza en algún momento.
Según un estudio de la Confederación Salud Mental España, publicado en marzo, “la salud mental de la población española ha caído en picado en el transcurso de la pandemia”.
Durante las semanas de confinamiento y los meses posteriores, en los que vivimos a medias sin poder realizar una vida normal, la incertidumbre, los fallecimientos, la pérdida del trabajo y la soledad fueron algunas de las situaciones que mermaron la salud mental de la población.
A diferencia de otras grandes crisis, como la de la devaluación de la peseta en 1993 o el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2009, la pandemia por Covid-19 nos ha puesto delante de un espejo del que no podíamos escapar: nuestro propio yo.
Tuvimos que quedarnos en casa. Mirarnos a nosotros mismos no siempre fue fácil. Como no podíamos hacer actividades al aire libre incrementamos los posts en redes sociales explicando cómo nos sentíamos. Poco a poco se fue visibilizando la idea de que “no estoy bien” o, por lo menos, de que “podría estar mejor”.
Desde Objetivo Bienestar hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre salud mental con Benjamín Porras, psicólogo sanitario, que nos ha explicado las cinco claves de por qué todo el mundo habla hoy más que nunca de salud mental.

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Las estadísticas son preocupantes
Cada vez más estudios revelan, en diferentes países del mundo, que más personas sufren algún trastorno relacionado con la salud mental.
Como dato global, Porras sentencia que "la Organización Mundial de la Salud eleva la incidencia de trastornos relacionados con la salud mental al 25%". Es decir, una de cada cuatro personas tiene o tendrá un problema de salud mental a lo largo de su vida.

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Consolidamos una sociedad muy competitiva
El psicólogo destaca que, a raíz de la crisis inmobiliaria que se produjo hace más de una década, se están imponiendo modelos en los que impera la productividad, buscando siempre mayor eficiencia con un menor número de recursos humanos.
“La vida ideal no es la vida que estamos viviendo: requiere un entrenamiento al que no estamos acostumbrados”, destaca Porras. Esa frustración es universal, de manera que cuantas más personas se ven afectadas, más voces visibilizan las dificultades que existen a la hora de gestionar las emociones.

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El confinamiento ha impulsado alteraciones de nuestra salud mental
El confinamiento ha provocado el aumento de una tipología de trastornos y cuadros clínicos que antes de marzo de 2020 no eran tan habituales en consulta.
Más allá de lo que comúnmente se conoce como “fatiga pandémica” (un cansancio acumulado por las consecuencias directas que está teniendo el Covid19 en nuestras vidas durante tantos meses), el confinamiento ha disparado entre la población:El miedo al contacto social: comunmente conocida como fobia social.
La agorafobia: el miedo a salir a la calle. Mucha gente se ha sentido segura solo entre las cuatro paredes de su casa.
Trastornos relacionados con la ansiedad.
Trastornos relacionados con la depresión
Alteraciones de la autoestima: aislarse no es positivo. Somos seres sociales y necesitamos el contacto con los demás.
La pérdida de hábitos de vida saludables: tras el confinamiento no hemos recuperado o nos está costando recuperar los hábitos que sí teníamos antes del encierro: alimentación sana y equilibrada, practicar deporte, ver a nuestros amigos, etc.
El psicólogo Benjamín Porras recuerda que “antes del confinamiento las personas tenían unas rutinas que le funcionaban, hecho que les ayudaba a mantener un equilibrio. Cuando eso termina, abruptamente, las personas se ven obligadas a seguir con su vida sin esas válvulas de escape".

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Los influencers hablan de salud mental
Hace diez años era impensable que un atleta olímpico dijera públicamente que abandonaba las redes sociales por problemas relacionados con su salud mental.
Sin embargo, en los pasados Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (celebrados este año por la pandemia), vimos un claro ejemplo de cómo esa percepción está cambiando: la gimnasta estadounidense Simon Biles se retiró de varias finales porque no se sentía emocionalmente bien y “sabía que no podía salir a competir porque se “iba a hacer daño”.
Otros ejemplos de cómo los influencers hablan de salud mental son los famosos que abandonan las redes sociales por cuestiones de salud mental. Es el caso de Dulceida, Cepeda, Laura Escanes, Bella Hadid o Miguel Bosé, entre muchos otros.
Las razones de este abandono de las redes sociales para coger aire son evidentes para Benjamín Porras: “Las redes sociales como Twitter e Instagram pueden convertirse en auténticos anfiteatros grecorromanos. El odio de los haters en esos canales es la expresión de cuestiones que no han resuelto consigo mismos. Al no haber reglas y poner por delante la libertad de expresión antes que una moral de respeto y prudencia, el influencer o el atleta percibe todo ese odio, que es insostenible.

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Adiós estigma
El estigma se evapora: ya no estamos locos por ir al psicólogo. Al contrario, es una excelente oportunidad de autoconocimiento.
Cada vez hablamos más de salud mental “por necesidad”, reconoce Benjamín. “Si la salud mental siguiera siendo un tabú, tendrían que cerrar las empresas”.
Todos en algún momento de nuestra vida podríamos tener que revisar nuestra salud mental. A medida que se han ido publicando estudios y cada vez más personas se atreven a hablar públicamente de sus dificultades emocionales, las empresas han observado cómo la productividad está estrechamente relacionada con la calidad de vida, no solo física, sino también emocional.