Manifiesto en contra del turismo emocional

Manifiesto en contra del turismo emocional

Estoy harto de las relaciones efímeras, de las palabras que no van acompañadas por hechos y de las promesas imposibles. Esta es mi invitación a que maduremos emocionalmente, mis queridos.

No sé si, al igual que a mí, les pasa a ustedes; pero en serio, me parece increíble el poco valor que ahora tienen las relaciones para las personas y, ojo, no solo hablo de un género. Ambos han caído en lo mismo.

Y es que, acorde a experiencias propias y ajenas, el ciclo al que yo llamo “turismo emocional” empieza siempre muy bien: las emociones suben con gran rapidez, pero así como suben, bajan con la misma fugacidad. Como si las personas tuvieran una fecha de vencimiento y, cuando ya dan lo mejor de sí en un corto lapso de tiempo, su único lugar es en la cesta de los inservibles.

No se trata, entonces, de no permitir que alguien entre a su vida, sino de saber a quién se deja entrar. Usualmente, este tipo de personas que dan todo desde el comienzo me causan desconfianza, porque, en la mayoría de las veces, son las mismas que se aburren en tiempo record de estar con la misma pareja, que dicen promesas a largo plazo que no van a cumplir y que, una vez obtenido lo que quieren (y no solo me refiero al plano sexual), desechan al otro y cambian de lugar. Así de fácil.

Son esas mismas que aman a alguien diferente en cada mes del año y les aseguran a sus amigos que “esta vez sí es”. En serio, ¿es posible lograr amar a alguien con tanta rapidez? Yo creo que es una cuestión de hormonas y no de neuronas.
Por el contrario, confío en quienes no prometen nada, porque saben que el presente es lo que vale; quienes disfrutan cada momento, mientras van conociendo a la persona, en vez de empeñarse en correr una maratón que seguramente saben que abandonarán a mitad de camino.

Parte de la madurez emocional es entender que conocer a alguien no necesariamente significa que es el amor de la vida, y que hay quienes llegan para quedarse y a otros para enseñarnos algo.

Por eso prefiero ir con calma, conocer y disfrutar del otro…hasta que nos dure. Y no estar jugando a prueba y error con quienes se aparecen en mi camino. En otras palabras, me rehúso a seguir besando sapos, mientras llega el utópico personaje del “príncipe azul”. Uno no puede aceptar estar con alguien que es menos de lo que se merece.

Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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