Diversas empresas del mundo están fomentando la flexibilidad en horarios y vacaciones.
Las consecuencias de la adicción al trabajo varían entre una y otra persona, pero que generalmente están asociadas a inconvenientes de salud y de índole social.
La adicción al trabajo, vista aún en múltiples sectores laborales como el único camino para alcanzar altos niveles de competitividad que conllevan al éxito de los empleados y de las propias compañías, es una tendencia que están revaluando importantes empresas del mundo.
Ejecutivos de alto nivel en distintas latitudes comenzaron a buscar nuevas formas de causar una buena impresión en sus círculos sociales y profesionales, luego de 20 años de jactarse de lo ocupados que estaban en sus oficinas. Esto último quizás como una manera de mantener su estatus de ejecutivos, tener mejores oportunidades, reforzar su autoestima y obtener cada vez un mejor sueldo.
Esta nueva tendencia, de tener una vida más allá del trabajo, también se aplica para el trabajador común, y es defendida por Lucy Kellaway –columnista del 'Financial Times'– en un artículo publicado en el especial de proyecciones del 2015 de 'The Economist. Kellaway propone el regreso paulatino de las jornadas de 9:00 a. m. a 5:00 p. m. (ocho horas) y la idea de dejar los asuntos de la oficina en la oficina, y no trasladarlos al hogar.
“Los horarios ejecutivos que imponían iniciar el día laboral a las 4.00 a. m. con correos electrónicos enviados antes del amanecer, mientras corrían en una cinta en el gimnasio, comenzarán a verse fuera de lugar, ineficientes y casi rayando en la locura”, destaca Kellaway.
“Algunos que trabajan con la rutina del 24/7 (24 horas diarias y siete días a la semana) podrían quedarse a vivir en la empresa y aun así no terminarían todo lo que tienen que hacer”, señala la psicóloga Janet Spröhnle, directora de la consultora People & amp; Partners, especializada en el trabajo con altos ejecutivos. La consultora agrega que años atrás trabajó en el área de recursos humanos de un banco y que la orden era contratar trabajadores 24/7. “Debían ser adictos al trabajo, agresivos, adrenalínicos. Eso después te cuesta mucho detenerlo y las empresas se empezaron a dar cuenta de que estas personas eran disfuncionales”, dice.
Una revolución
Ejemplos de la revolución de los horarios y del respeto por los tiempos libres hay varios: el año pasado, la sede de Google en Dublín comenzó a confiscar los dispositivos de sus empleados cuando salen de la oficina, y la poderosa empresa automotriz Daimler decidió eliminar los mensajes que llegan a los correos electrónicos del personal que está de vacaciones.
Los adictos al trabajo, conocidos como ‘workaholics’, no deben preocuparse por salir de sus trabajos a una hora razonable, pues esto no es sinónimo de vagancia siempre y cuando las jornadas laborales sean aprovechadas al máximo. “El tiempo de trabajo no es sinónimo de productividad. Al contrario, se puede aplicar el dicho de ‘no por mucho madrugar amanece más temprano’ ”, señala Cástulo Rodríguez Correa, presidente de la Sociedad Colombiana de Medicina del Trabajo.
Aunque el experto sostiene que no hay cifras oficiales de cuántas personas pueden ser adictas al trabajo, dice desde su experiencia que un 25 por ciento de los trabajadores (uno de cada cuatro), especialmente los informales, superan ampliamente las ocho horas normales de trabajo.
No obstante, existe un estudio sobre el tema promovido hace un par de años por el portal de empleo Trabajando.com, que indicó que el 64 por ciento de los 4.000 encuestados reconoció ser adicto al trabajo. De ellos, el 44 por ciento admitió que no tenía tiempo para sus hijos, un 31 por ciento dejó de compartir con sus amigos, un 25 por ciento tuvo problemas de pareja, más de la mitad dijo haber sufrido de estrés y el 7 por ciento, de depresión.
Frente a este preocupante panorama, que se presenta con mayor intensidad en Estados Unidos y Europa, Kellaway vaticina que este año múltiples empresas empezarán a dejar de lado las reuniones e iniciativas sin sentido, y los esquemas de productividad y evaluaciones de desempeño simples serán suficientes: “menos será más”.
Pese a ello, advierte que el proceso de cambio en Estados Unidos, donde es frecuente sostener reuniones a las 6:00 a. m., será un poco más lento y complicado.
Los peligros
Rodríguez Correa explica que las consecuencias de la adicción al trabajo varían entre una y otra persona, pero que generalmente están asociadas a inconvenientes de salud y de índole social. “Se pueden llegar a producir alteraciones digestivas, insomnio, cambios de tensión y hasta problemas cardiovasculares. Esto viene acompañado de cambios de comportamiento, mal manejo del estrés –porque no hay vías de escape– y un aislamiento en el campo familiar y social”, afirma.
Lo anterior bien lo sabe Berto Pena, un hombre de más de 40 años cuya historia fue recogida por el diario 'El Mercurio' de Chile. Durante 10 años, él fue adicto a su trabajo en una oficina de envíos. “Era un hámster que, a diario, se subía a una rueda y se echaba a correr”, recuerda en referencia al tiempo que gastaba entre reuniones, llamadas, coordinación de personal y manejo de correos. Todo prácticamente sin un tiempo de descanso óptimo.
Como ocurre con cualquier adicción, esta empezó como algo ocasional, pero con el tiempo estuvo a punto de perder a su familia y su estado de salud empezó a deteriorarse. Hoy, luego de un cambio radical en sus hábitos laborales, no solo logró recuperar su vida por fuera de la oficina, sino que a menudo es invitado por distintas empresas para contar su experiencia como ‘workaholic’.
La adicción al trabajo fue vista hace algunos años como una conducta positiva y se asociaba a una dedicación incondicional a una carrera, pero las últimas investigaciones derrumban esa tesis. “El exceso de trabajo afecta la creatividad, la capacidad de decisión y la sensibilidad ética. La severidad de los problemas de salud en la gente joven es importante desde una perspectiva moral y humana”, señala Alexandra Michel, académica e investigadora de la Universidad de Pennsylvania.
En el sentido laboral, Ivanovic-Zuvic, psiquiatra y académico del departamento de Psiquiatría Norte de la U. de Chile, explica: “En algún momento el sistema va a colapsar. La persona normal que es llevada a ese ritmo de trabajo, al principio va a producir, pero después no. Va a ocurrir lo opuesto: se va a cansar, a tener estrés, va a tener dificultades de sueño, se va a irritar y en esos casos la productividad disminuye, así como el nivel de satisfacción”.
Finalmente, Kellaway asegura que los ejecutivos del mañana no tendrán que volver a presumir del tiempo que emplean en sus puestos, sino que alardearán de las habilidades que adquirieron interpretando un instrumento musical en su tiempo libre, o de los lugares maravillosos que conocieron mientras los computadores de sus oficinas estaban apagados.
Más de 10 horas al día
Los ‘workaholics’ se identifican de varias maneras: son hombres o mujeres que trabajan más de 10 horas diarias, llevan asuntos laborales a la casa o los desempeñan los fines de semana y descuidan su salud y su vida social y familiar. Por supuesto, los avances tecnológicos les permiten tener acceso directo e inmediato a sus tareas las 24 horas del día y los siete días de la semana. Por lo general, son trabajadores de entre 35 y 45 años que han alcanzado puestos de jefatura en sus compañías y desempeñan tareas calificadas con alto nivel de control. De manera frecuente obtienen reconocimientos en sus oficinas, pero no por fuera de ellas.
Más iniciativas y propuestas
1. Solo tres días
El magnate mexicano Carlos Slim propuso a mediados del año pasado reducir la jornada laboral de cinco a tres días a la semana y que cada sesión fuera de 11 horas. Slim citó ejemplos como Holanda, donde hay menos horas de trabajo pero un aumento importante de la productividad.
2. De 8:00 a 3:00
Desde el 2008, la empresa energética española Iberdrola acordó con sus 9.000 trabajadores un horario de 8:00 a. m. a 3:00 p. m., con flexibilidad de 45 minutos. En seis años mejoraron la productividad y redujeron el ausentismo en 20 por ciento.
3. Mismo sueldo
Algunas regiones de Suecia decidieron en el 2014 implementar jornadas laborales de seis horas diarias para empleados públicos, pero sin una reducción en el salario. Lo anterior, para mejorar la productividad y el sentido de pertenencia.