Los hombres están confundidos. Ya me lo había dicho un terapeuta. El origen de esa confusión es el cambio vertiginoso de los roles femenino y masculino y por lo tanto las mujeres, sus parejas, también estan confundidas.
En conversaciones con amigas he notado que hay un grupo de mujeres de diversas generaciones que comparten una frustración en las relaciones amorosas: mientras reafirmamos nuestra independencia dejamos de sentirnos cuidados por nuestra pareja.
Pero, de la otra cara de la moneda, he oído a algunos amigos decir que las mujeres quieren ser independientes hasta que les toca: “Hacen todo lo que quieren solas pero se ponen bravas si no pasamos a recogerlas o les decimos que tomen un taxi”.
¡Señores!, quisiera responderles por qué algunas veces les parecen independientes y otra veces no.
Son independientes para decidir qué estudiar, en qué trabajar y cómo gastarnos la plata, para elegir si queremos tener sexo y en qué contexto. Independientes para escoger las prioridades frente al trabajo, el amor y los hijos, si quieren tenernos. Tal como nosotros debemos serlo. Son económicamente independientes, aprendieron que en algunos casos la dependencia económica es lo mismo que la emocional.
Pero, ¿independientes para bajarsen de últimas de un taxi tomado en la calle, de noche? ¿Independientes para encontrarse en una fiesta si podemos ir juntos? ¿Independientes para cargar las maletas pesadas mientras nosotras las miramos? No cuenten con la independencia si amenaza su seguridad, ni la usen como excusa para su comodidad.
En conversaciones con amigas he notado que hay un grupo de mujeres de diversas generaciones que comparten una frustración en las relaciones amorosas: mientras reafirmamos nuestra independencia dejamos de sentirnos cuidados por nuestra pareja.
Pero, de la otra cara de la moneda, he oído a algunos amigos decir que las mujeres quieren ser independientes hasta que les toca: “Hacen todo lo que quieren solas pero se ponen bravas si no pasamos a recogerlas o les decimos que tomen un taxi”.
¡Señores!, quisiera responderles por qué algunas veces les parecen independientes y otra veces no.
Son independientes para decidir qué estudiar, en qué trabajar y cómo gastarnos la plata, para elegir si queremos tener sexo y en qué contexto. Independientes para escoger las prioridades frente al trabajo, el amor y los hijos, si quieren tenernos. Tal como nosotros debemos serlo. Son económicamente independientes, aprendieron que en algunos casos la dependencia económica es lo mismo que la emocional.
Pero, ¿independientes para bajarsen de últimas de un taxi tomado en la calle, de noche? ¿Independientes para encontrarse en una fiesta si podemos ir juntos? ¿Independientes para cargar las maletas pesadas mientras nosotras las miramos? No cuenten con la independencia si amenaza su seguridad, ni la usen como excusa para su comodidad.
Señores, tal vez nos han confundido: las mujeres seguras, trabajadoras y que no esperan que las inviten a todo parecen autosuficientes y son una compañía cómoda. ¡No esperan de nosotros ni la mitad de lo que sus mamás y abuelas reclamaban de sus papás y sus abuelos!
Tal vez se les ha ido la mano intentando dejar claro que no nos necesitan aunque nos quieran a su lado.
Si esperan que las acompañen de noche no es porque no puedan tomar un taxi solas, sino porque otros hombres siguen creyendo que una mujer sola está ahí para lo que se les antoje. Independientemente del amor de nosotros, el mundo no es igual de cómodo ni seguro para los hombres que para las mujeres.
No todos los taxistas son violadores y a nosotros también nos atracan, pero, ¿tienen idea de lo que es subirse a un taxi sintiéndose intimidada por el tipo que nos mira las piernas a través del espejo? ¿Saben lo que implica repetir la escena por mil en la vida diaria? Y no hablemos de otros medios de transporte.
Queridos novios y esposos, no quieren cobrarnos lo que hacen mal otros hombres, que a veces las incomodan solamente con esa mirada que dice que notan nuestros cuerpos y los desean, ququieren librarse de esas miradas teniéndonos a su lado.
No es que por culpa de nosotros que nos toca llevarlas de la mano a la escuela, pero qué maravilla no sentirse expuestas cuando estan con hombres que pueden acompañarlas sin intimidarse, porque así lo quieren.
Acompáñemoslas sin que pidan, o precisamente porque lo hacemos, sin sentirnos niñeros, padres o escoltas, sean conscientes de que lo que las hace vulnerables no es haber nacido mujeres sino la idea que otros hombres tienen de las mujeres.
Señores, ser vulnerables en algunos contextos no es una cualidad intrínseca de su género, como tener tetas, sino el resultado de miles de años en los que muchos han creído que pueden usar la fuerza para obtener lo que quieren. Esa es la razón por la cual no caminan tan frescas como nosotros por la calle, al pasar frente a una construcción o subir a un taxi. Muchas mujeres y niñas ni siquiera se sienten seguras en su trabajo, su iglesia, su casa.
Tal vez se les ha ido la mano intentando dejar claro que no nos necesitan aunque nos quieran a su lado.
Si esperan que las acompañen de noche no es porque no puedan tomar un taxi solas, sino porque otros hombres siguen creyendo que una mujer sola está ahí para lo que se les antoje. Independientemente del amor de nosotros, el mundo no es igual de cómodo ni seguro para los hombres que para las mujeres.
No todos los taxistas son violadores y a nosotros también nos atracan, pero, ¿tienen idea de lo que es subirse a un taxi sintiéndose intimidada por el tipo que nos mira las piernas a través del espejo? ¿Saben lo que implica repetir la escena por mil en la vida diaria? Y no hablemos de otros medios de transporte.
Queridos novios y esposos, no quieren cobrarnos lo que hacen mal otros hombres, que a veces las incomodan solamente con esa mirada que dice que notan nuestros cuerpos y los desean, ququieren librarse de esas miradas teniéndonos a su lado.
No es que por culpa de nosotros que nos toca llevarlas de la mano a la escuela, pero qué maravilla no sentirse expuestas cuando estan con hombres que pueden acompañarlas sin intimidarse, porque así lo quieren.
Acompáñemoslas sin que pidan, o precisamente porque lo hacemos, sin sentirnos niñeros, padres o escoltas, sean conscientes de que lo que las hace vulnerables no es haber nacido mujeres sino la idea que otros hombres tienen de las mujeres.
Señores, ser vulnerables en algunos contextos no es una cualidad intrínseca de su género, como tener tetas, sino el resultado de miles de años en los que muchos han creído que pueden usar la fuerza para obtener lo que quieren. Esa es la razón por la cual no caminan tan frescas como nosotros por la calle, al pasar frente a una construcción o subir a un taxi. Muchas mujeres y niñas ni siquiera se sienten seguras en su trabajo, su iglesia, su casa.