En un mundo cada vez más globalizado, parece que ya no hay cabida para instituciones como el matrimonio y la religión, ni el ideario capitalista. Las nuevas generaciones ya no se identifican con los antiguos valores según varios estudios.
Cada generación arrastra sus propios modelos mentales preestablecidos sobre el mundo y la forma en la que este se rige. Estos mapas e ideales son, en muchos casos, una cuestión de imposición. Es decir, la sociedad y las personas que nos rodean nos infunden unos valores desde pequeños que generalmente tomamos como válidos, porque así lo cree la mayoría –de la que, por supuesto, forman parte nuestros padres, hermanos y amigos-. En otros, son producto de la ruptura, de la colisión de creencias. De esta forma, se generan nuevos modelos mentales que conviven con los tradicionales hasta que los hacen desaparecer, los cuales, por otro lado, caracterizaran a la generación que tuvo la valentía de desligarse de los convencionalismos de la época.
Según se desprende de diversos estudios de los que se ha hecho eco la revista Psychology Today, esto último es lo que está ocurriendo en la actualidad con los jóvenes contemporáneos, quienes están quebrando –o transformando- instituciones tan arraigadas y arcaicas en la sociedad como podrían ser el matrimonio, la religión y el capitalismo.
Una investigación del Child Trends, un grupo con base en Washington dedicado a analizar datos gubernamentales, confirma que, ciertamente, el matrimonio está cada vez más en desuso. Los datos recabados hablan de que en Estados Unidos dos tercios de los alumbramientos de mujeres menores de 30 años ocurren fuera de la institución matrimonial. Esta tendencia responde, entre otros motivos, a que las mujeres tienen, en la actualidad, un mayor nivel de educación y obtienen mejores ingresos en el trabajo en comparación con hace unos años. Este empoderamiento rompe con la necesidad de tener que unirse con la pareja legalmente para beneficiarse de la solvencia económica del otro.
En cuestiones de dinero
Además de la falta de compromiso patente con el matrimonio, las generaciones jóvenes se han vuelto más reacias con el capitalismo y los ideales que promueve. La crisis económica que golpearon Estados Unidos y Europa en 2008 y que aún asolan ciertos países del viejo continente, implican a su vez, que muchos ciudadanos, especialmente los más jóvenes, reflexionaran sobre la legitimidad y vigencia de los preceptos que entraña el ideario capitalista, culpable de provocar el desplome de los mercados y la quiebra de los países, con el correspondiente empobrecimiento de su población.
Si bien es cierto que la crisis económica no supuso un cambio en el modelo económico mundial, en gran medida, por falta de compromiso de los grandes adeptos que reúne (estados, presidentes de gobierno e instituciones internacionales, entre otros "peces gordos"), sí que ha generado una reflexión en gran parte de la población occidental sobre si el capitalismo debe seguir rigiendo el mundo, o por el contrario, es hora de superarlo y mirar por una concepción más benévola con la sociedad y la idea de comunidad.
Otra institución en constante debate y pérdida de adeptos es la religión. De hecho, un estudio realizado por el Public Religion Research Institute en conjunción con investigadores de la Universidad de Georgetown sobre una muestra de 2013 entre norteamericanos de 18 a 29 años, reveló que el 25% de los jóvenes no se sienten identificados con ninguna religión. El mismo porcentaje se recogió para aquellos que reconocieron no estar asociados a ninguna iglesia.
Esta falta de espiritualidad responde, como indicó una encuesta realizada por el Centre for American Progress, a un alejamiento consciente de los jóvenes por la falta de sintonía con las religiones en cuestiones como el matrimonio gay, el aborto y los derechos reproductivos de la mujer. También debido a los últimos escándalos que han rodeado a los clérigos en relación con abusos sexuales a menores.
Puede que estemos ante el comienzo del fin del matrimonio, ante la quiebra del capitalismo y ante la desaparición de la religión. También puede ser que no. Es posible incluso que a esta generación le haya llegado el momento de reformular aquellos valores impuestos y darles un giro más adaptativo a los tiempos que corren. Como dice el refrán, renovarse o morir.
Según se desprende de diversos estudios de los que se ha hecho eco la revista Psychology Today, esto último es lo que está ocurriendo en la actualidad con los jóvenes contemporáneos, quienes están quebrando –o transformando- instituciones tan arraigadas y arcaicas en la sociedad como podrían ser el matrimonio, la religión y el capitalismo.
Una investigación del Child Trends, un grupo con base en Washington dedicado a analizar datos gubernamentales, confirma que, ciertamente, el matrimonio está cada vez más en desuso. Los datos recabados hablan de que en Estados Unidos dos tercios de los alumbramientos de mujeres menores de 30 años ocurren fuera de la institución matrimonial. Esta tendencia responde, entre otros motivos, a que las mujeres tienen, en la actualidad, un mayor nivel de educación y obtienen mejores ingresos en el trabajo en comparación con hace unos años. Este empoderamiento rompe con la necesidad de tener que unirse con la pareja legalmente para beneficiarse de la solvencia económica del otro.
En cuestiones de dinero
Además de la falta de compromiso patente con el matrimonio, las generaciones jóvenes se han vuelto más reacias con el capitalismo y los ideales que promueve. La crisis económica que golpearon Estados Unidos y Europa en 2008 y que aún asolan ciertos países del viejo continente, implican a su vez, que muchos ciudadanos, especialmente los más jóvenes, reflexionaran sobre la legitimidad y vigencia de los preceptos que entraña el ideario capitalista, culpable de provocar el desplome de los mercados y la quiebra de los países, con el correspondiente empobrecimiento de su población.
Si bien es cierto que la crisis económica no supuso un cambio en el modelo económico mundial, en gran medida, por falta de compromiso de los grandes adeptos que reúne (estados, presidentes de gobierno e instituciones internacionales, entre otros "peces gordos"), sí que ha generado una reflexión en gran parte de la población occidental sobre si el capitalismo debe seguir rigiendo el mundo, o por el contrario, es hora de superarlo y mirar por una concepción más benévola con la sociedad y la idea de comunidad.
Otra institución en constante debate y pérdida de adeptos es la religión. De hecho, un estudio realizado por el Public Religion Research Institute en conjunción con investigadores de la Universidad de Georgetown sobre una muestra de 2013 entre norteamericanos de 18 a 29 años, reveló que el 25% de los jóvenes no se sienten identificados con ninguna religión. El mismo porcentaje se recogió para aquellos que reconocieron no estar asociados a ninguna iglesia.
Esta falta de espiritualidad responde, como indicó una encuesta realizada por el Centre for American Progress, a un alejamiento consciente de los jóvenes por la falta de sintonía con las religiones en cuestiones como el matrimonio gay, el aborto y los derechos reproductivos de la mujer. También debido a los últimos escándalos que han rodeado a los clérigos en relación con abusos sexuales a menores.
Puede que estemos ante el comienzo del fin del matrimonio, ante la quiebra del capitalismo y ante la desaparición de la religión. También puede ser que no. Es posible incluso que a esta generación le haya llegado el momento de reformular aquellos valores impuestos y darles un giro más adaptativo a los tiempos que corren. Como dice el refrán, renovarse o morir.