Industria del porno se aprovechó de la situación.
Que con la disculpa del fin del mundo un montón de gente haya decidido
empelotarse y tener sexo en público, en orgías apocalípticas, es una real
estupidez.
Hay que ver la publicidad que hacían los avivatos del cine porno, ofreciendo
no sólo refugio sino la posibilidad de que con sus polvos repoblaran la Tierra
tras la catástrofe, y no es que le huya al aquello, ¡ni más faltaba! Lo que me
parece absurdo es que en la invitación al dichoso desfogue, en ningún anuncio se
hablara de protección, de un conocimiento mínimo de los implicados en el
guateque final ni de un mínimo seguro por si, tal y como ocurrió, el mundo
seguía girando.
La verdad, hoy, apenas unas horas después de las concurridas encamadas, no
quisiera estar en el pellejo de quienes en realidad fueron tan ingenuos de
pensar que esta era la mejor forma de enfrentar el fin de los tiempos.
¿Qué cara harán cuando los dueños de la dichosa productora comercialicen
estos polvos en forma de película de bajo presupuesto?
Me cuesta creer que existiera alguien que en realidad creyera que estaba
formando parte de una nueva arca de Noé, en lugar de las impúdicas tarimas en
las que se convirtieron esos escenarios oportunistas.
Aclaro: no soy ningun mojigato y defiendo el sexo como nadie, por eso
no tolero que lo conviertan en un circo desprovisto de toda esa carga de
misterio, de gusto, de erotismo y de emoción, que lo han convertido en la sal de
la vida... Hasta para repoblar el mundo se necesita eso.
Qué bueno sería que la gente asumiera todo encuentro bajo las sábanas como si
fuera el último, para ponerle todo el empeño, sacarle todo el gusto posible y
hacerlo como si el mundo de verdad estuviera a punto de acabarse.
Seguro estoy de que habría más orgasmos y más satisfacción, tal vez la que
les hace falta a los insulsos que se propusieron compensar los malos polvos de
toda la vida con afanosos encuentros como los del 21 de diciembre. ¡Qué bobada!
Insisto: la sexualidad es una función tan vital como respirar, y si
usted aún respira en este mundo que no se acabó, ¿por qué no fortalece esa parte
de su vida? De mi parte diré que una buena encamada aumenta las ganas
de seguir viviendo.