Muchas menores de edad no llevan un
control responsable sobre su vida sexual y las consecuencias de la misma.
Estudio dice que muchos jóvenes, sin saber,
asumen responsabilidades que no les corresponden.
Felipe había ido solo a registrar a su pequeño bebé de meses de nacido, un
día antes de realizarse una prueba de ADN que determinaría si era o no su
padre.
Al laboratorio llegó con su mamá y con la progenitora de su hijo cuando solo faltaba la entrega de los resultados. El impacto fue grande. El pequeño no era suyo. Comenzaba un proceso civil casi irreversible porque, según la ley, el padre civil debe asumir todas las responsabilidades.
Este tipo de casos en jóvenes de 13 a 19 años despertó la curiosidad de Cielo Pineda, directora del Laboratorio de Identificación Humana de la Universidad Manuela Beltrán y todo su equipo de trabajo, quienes vienen realizando pruebas de paternidad con todos los requisitos legales.
Los científicos notaron que de 2.146 pruebas que se hicieron, entre el 2010 y el 2012, un promedio de 244 pertenecían a adolescentes de Bogotá, de estratos 3 y 4, que llegaban al laboratorio, casi siempre en compañía de sus padres.
Los resultados sorprendieron, porque un 30 por ciento de estas pruebas fueron negativas. "Los muchachos que estaban respondiendo por los bebés no eran los padres biológicos", dijo Pineda.
Sorprendió también la falta de certidumbre de las jóvenes. "Había niñas que recibían los resultados y decían: 'Uff, sí era él'. Era claro que llevaban una vida sexual desordenada", añadió.
Eran los padres de familia los que llevaban a sus hijos a realizarse la prueba y los que resultaban más perjudicados, porque cuando se enteraban de los resultados negativos la carga emocional era devastadora. "Imagínese yo cargar a mi nieto para luego enterarme de que no era nada mío. Eso es duro", decía un padre de familia a los especialistas.
Pineda explica que lo ideal es que las pruebas se hagan con una muestra de líquido amniótico durante el embarazo o apenas se produzca el nacimiento, a partir de una muestra de sangre o de mucosa bucal de la madre y los presuntos padre e hijo para mitigar el impacto emocional."El procedimiento tarda tres días, no más", dijo Pineda.
Educación
Según Paulo Acero, director de la especialización en Educación Sexual, la incertidumbre de las adolescentes acerca de quién es el padre de sus hijos permite cuestionar el tipo de educación sexual que reciben. "La estructura no es la adecuada. Su orientación es biológica y no hay una visión ética y moral de la sexualidad".
Explicó que el 94 por ciento de los jóvenes encuestados dijo conocer los métodos de planificación sexual pero, paradójicamente, solo una 30 por ciento los utilizaba. "Deben existir patrones éticos y morales fortalecidos con la participación de la familia", explicó Acero.
El estudio también planteó otra inquietud: ¿quiénes están enseñando educación sexual? Según Acero son docentes que no tienen una preparación idónea y unos padres de familia que no hablan con sus hijos.
Al laboratorio llegó con su mamá y con la progenitora de su hijo cuando solo faltaba la entrega de los resultados. El impacto fue grande. El pequeño no era suyo. Comenzaba un proceso civil casi irreversible porque, según la ley, el padre civil debe asumir todas las responsabilidades.
Este tipo de casos en jóvenes de 13 a 19 años despertó la curiosidad de Cielo Pineda, directora del Laboratorio de Identificación Humana de la Universidad Manuela Beltrán y todo su equipo de trabajo, quienes vienen realizando pruebas de paternidad con todos los requisitos legales.
Los científicos notaron que de 2.146 pruebas que se hicieron, entre el 2010 y el 2012, un promedio de 244 pertenecían a adolescentes de Bogotá, de estratos 3 y 4, que llegaban al laboratorio, casi siempre en compañía de sus padres.
Los resultados sorprendieron, porque un 30 por ciento de estas pruebas fueron negativas. "Los muchachos que estaban respondiendo por los bebés no eran los padres biológicos", dijo Pineda.
Sorprendió también la falta de certidumbre de las jóvenes. "Había niñas que recibían los resultados y decían: 'Uff, sí era él'. Era claro que llevaban una vida sexual desordenada", añadió.
Eran los padres de familia los que llevaban a sus hijos a realizarse la prueba y los que resultaban más perjudicados, porque cuando se enteraban de los resultados negativos la carga emocional era devastadora. "Imagínese yo cargar a mi nieto para luego enterarme de que no era nada mío. Eso es duro", decía un padre de familia a los especialistas.
Pineda explica que lo ideal es que las pruebas se hagan con una muestra de líquido amniótico durante el embarazo o apenas se produzca el nacimiento, a partir de una muestra de sangre o de mucosa bucal de la madre y los presuntos padre e hijo para mitigar el impacto emocional."El procedimiento tarda tres días, no más", dijo Pineda.
Educación
Según Paulo Acero, director de la especialización en Educación Sexual, la incertidumbre de las adolescentes acerca de quién es el padre de sus hijos permite cuestionar el tipo de educación sexual que reciben. "La estructura no es la adecuada. Su orientación es biológica y no hay una visión ética y moral de la sexualidad".
Explicó que el 94 por ciento de los jóvenes encuestados dijo conocer los métodos de planificación sexual pero, paradójicamente, solo una 30 por ciento los utilizaba. "Deben existir patrones éticos y morales fortalecidos con la participación de la familia", explicó Acero.
El estudio también planteó otra inquietud: ¿quiénes están enseñando educación sexual? Según Acero son docentes que no tienen una preparación idónea y unos padres de familia que no hablan con sus hijos.