Aunque el no saber distinguir entre el enamoramiento y el
‘encoñe’ les suele pasar más a los hombres, todos podemos caer en las garras de
la lujuria y ser vilmente manipulados por el 'amor'.
¿Pero cómo no confundirse si la lujuria en ocasiones acompaña al amor?
Aunque estos dos son impulsos distintos desde la perspectiva cultural, muchas
veces no sabemos identificar el uno del otro por las diferentes concepciones de
amor que tenemos (visión oriental vs. visión occidental), además que
bioquímicamente poseen un perfil muy semejante marcado en nuestra necesidad
ancestral de propagar genes.
En una investigación hecha hace unos años por antropólogos, psicólogos,
neurólogos y hasta radiólogos de Nueva York y Nueva Jersey, se descubrió que en
el cerebro humano hay cuatro pequeñas áreas que forman el circuito del amor:
·
El área tegmental ventral (ATV): se encuentra en el tronco cerebral y
consiste en vías de dopamina (dopaminérgicas), que parecen ser centros del
placer (felicidad).
·
Núcleo Acumbes: grupo de neuronas que tiene un papel
importante en la recompensa, la risa, el placer, la adicción y el miedo.
·
Pálido ventral: se asocia con el cariño y las
hormonas que disminuyen el estrés.
·
Núcleo dorsal del rafe: bombea serotonina, que ''estimula
una sensación de calma'', según uno de los expertos del estudio.
Helen Fisher, profesora de investigación de la Rutgers University de New
Jersey y antropóloga de este grupo de científicos, afirma que el cerebro humano
y el cuerpo identifican de diferentes formas los comportamientos de lujuria,
atracción, apego y enamoramiento.
Los investigadores del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York
estudiaron asimismo los cerebros de personas que llevan 20 años de casadas y
siguen tomándose de la mano y comportándose como si acabasen de conocerse. En
los cerebros de estos hombres y mujeres se iluminaron todas las cuatro áreas,
cosa que no pasa en la atracción o en la lujuria.
Se concluyó por un lado que la lujuria es producto de la testosterona, que
es la causante del impulso inicial que nos hace buscar pareja. Que la atracción
se le atribuye en parte a los bajos niveles de serotonina y a la dopamina,
neurotransmisores cerebrales que se relacionan con la sensación de bienestar,
de seguridad, comodidad y paz. Y que la unión o el apego es el sentimiento más
duradero, mucho más que la lujuria o el enamoramiento, aunque este también
responde a reacciones químicas del cerebro y es como una adicción a una droga.
''El amor romántico puede ser adictivo; es una adicción muy bonita cuando las
cosas marchan bien, y horrible cuando van mal'', expresó Fisher.
Además del evidente contraste científico, el enamoramiento y el ‘encoñe’
difieren también en sus ‘responsabilidades’. La Real Academia Española ofrece
al menos diez significados del amor, en los que se destacan palabras como
sentimiento, energía, entrega, suavidad y unión sexual. Mientras que de lujuria
solo da dos: vicio y exceso. “Cuando hay amor hay compromiso, respeto, deseo
desinteresado, afecto, respaldo y se puede experimentar lujuria. Pero la
lujuria por si sola es simplemente algo físico, genital y satisfactorio”, nos
explicó Luis Fernando Fajardo, psiquiatra de la Universidad Javeriana y parte
del comité de la Fundación Colombiana de Juego Patológico.
Eso sí, la lujuria no tiene nada malo, es más dicen que la energía que
produce tiene sus beneficios. Pero si es estabilidad lo que buscas y tu
prioridad en la relación es lo genital, lo sentimos pero en allí no hay amor.
“No se puede decir que está mal tener una relación lujuriosa, simplemente que
esta no va a ser una relación madura. Significa que no hay una madurez emocional
y que no se es capaz de recibir afecto y apoyo de otros", agregó Fajardo.
Y si todavía no sabes qué tipo de relación tienes, solo debes hacerte la
pregunta básica: si tu pareja llegase a engordar, a desfigurarse o a quedar
incapacitado, ¿cambiarían tus sentimientos por él/ella? Si así es, lo más
probable es que tu relación esté basada en lujuria y no en amor.
Participa ¿Qué es más peligroso: el encoñe o el amor?