SER MADRE FELIZ DIA

SER MADRE

Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre.  Dios la ha dotado a mansalva del “instinto maternal” con la finalidad de preservar la especie.  Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura.  Pero gracias al “instinto maternal” la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 18 años.

  
Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.
 
Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, y tomen leche.

Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada.
 
Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar.
 
Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas.
 
Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo.
 
Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.

Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan.
Es decir que “son cosas de la edad” cuando la mandan al carajo.
  
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre.

El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho. Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano.  Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.

  
CARTA DE UNA MADRE A SUS HIJOS

  
Siempre que quieren hablar de madres en la televisión muestran mujeres con chicos en los brazos, sonrientes, dulces, cariñosas, sin una pizca de cansancio, espléndidamente maquilladas y a eso agregan maravillosas frases de pósters. ¡Mentiras!  Las mamás no somos abnegadas amantes del sacrifico y aguerridas guerreras que todo lo pueden.
Las mamás lloramos abrazadas a la almohada cuando nadie nos ve, pedimos la anestesia peridural en el parto. Insultamos en 17 idiomas cuando tenemos que poner el despertador a las 2 de la mañana para ir a buscarlos a una fiesta.  Cuando les decimos que no se peleen con ese compañerito que les dice "enano" o "cuatro ojos", y les damos toda clase de explicaciones conciliatorias, cuando en realidad quisiéramos tener entre nuestras manos el cuello del pequeño verdugo.  Y también pensamos que la profesora de geografía es una mal nacida cuando les baja la nota porque no saben cuántos metros mide el Aconcagua que, al final, a ¿quién le importa?  Pero no lo podemos decir.

No es que nos encante pasarnos horas en la cocina tratando de que el pescado tenga gusto y disimulando las verduras en todas las comidas.  Es que tenemos miedo de que no crezcan como se debe.  No es que nos preocupe realmente que se pongan o no un saquito, es que tenemos miedo de que se enfermen.  No es que los queramos más cuando se bañan. Es que no queremos que nadie les diga que están sucios.  No lo hacemos por ustedes. Lo hacemos por nosotras, porque ser mamá no tiene que ver con embarazos, pañales y aspirinetas.  Tiene que ver con querer a alguien más que a una misma. Con ser capaz de cualquier cosa con tal de que ustedes no sufran nada, nunca, jamás.

Ustedes nos hacen felices cuando les encantan nuestras comidas, cuando nos consideran sabias por contestar todas las preguntas de los concursos de la tele, cuando vienen llorando a gritos porque se rasparon la rodilla y nos dan la posibilidad de darles consuelo y curitas.  Cuando recién levantadas nos dicen, qué linda que estás, mamá.

Ustedes nos hacen mejores, nos dan ganas y fuerzas.  Haríamos cualquier sacrificio, antes de que les toquen un dedito del pie.   Nos lavamos la cara y salimos del baño con una sonrisa de oreja a oreja para hacerles saber que la vida es buena, aunque nos vaya de lo peor.  Cantamos las canciones de Chiquititas, vemos Barney, repasamos 500 veces la tabla del 2 y madrugamos los sábados y domingos para llevar a los niños a fútbol, a inglés, a dibujo, a la psicóloga, a básquet, a voleibol, a danzas, a la casa de la amiga, a la maestra particular, al dentista, al médico, y a comprar ropa.

Nos buscamos otro trabajo y sacamos créditos y nos compramos libros y vamos al psiquiatra y al pediatra y a los videos y negociamos con los maestros y los acreedores y recortamos figuritas y estudiamos junto a ustedes ríos,  provincias, las capitales de los países de Europa y nos ponemos lindas y nos enojamos y nos reímos y nos salimos de quicio y nos convertimos en la bruja y la princesa de todos los cuentos.  Sólo y exclusivamente para verlos felices, porque verlos felices es lo que nos hace felices.  Ojala pudiéramos pegar el mundo con cinta scotch, para que fuera un lugar mejor para ustedes.

Gracias por hacerme su Mamá, gracias por hacerme tan importante, gracias, por esas porquerías que hacen en el colegio (que casi nunca entiendo para qué sirven pero guardo religiosamente), gracias por los abrazos, los besos, las lágrimas, los dolores, los dientes de leche, las cartitas, los dibujos en la heladera.  Por tantas noches sin dormir, los boletines, las plantas rotas del jardín por jugar a la pelota. Por mi maquillaje arruinado por ser usado para jugar a la mamá, por las fotos de la primaria.


Ustedes son mis mejores medallas. ¡Gracias porque los amo!  Y ese, es el amor que me hace grande. 

 

La mamá: pa' las que sea


Tipos de mamá ¿cuál es la suya?


La mamá sensible: le encanta la vida hogareña, le gusta cocinar y es excelente anfitriona. Es gentil, paciente y la gente la quiere mucho.

La mamá idealista: tiene grandes esperanzas para el futuro. Sus mayores valores son la justicia y la igualdad. Necesita una actividad donde expresarse creativamente.

La mamá chic: tiene un sentido natural del buen gusto que se refleja en su forma de vestir y arreglar su hogar. Lo más importante para ella es la armonía y el equilibrio.

La mamá audaz: tiene un espíritu independiente y ama la libertad. Es muy inquieta, le atraen la acción y los desafíos.

La mamá profesional: es una mujer perseverante que siente orgullo al hacer bien su trabajo de forma eficiente y responsable.

Los jóvenes en la adolescencia


* Buscan independencia, pero a la vez ser dependientes económica y afectivamente.

* Son atraídos por el amor y la protección de la mamá, pero sienten repulsión por sus consejos.

* Las sugerencias de sus padres las toman como una intromisión.

* La percepción sobre su madre es individual, según el contexto.
Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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