Aunque se te rompan los sueños…

En el transcurso de la vida, nos vamos llenando de incontables sentimientos que nos hacen idealizar un mundo en el que sólo tiene cabida el amor y la entrega consciente.

Van pasando los años y llegamos a un punto en el que creemos tener ese mundo que hemos soñado, caminamos de la mano de la confianza, pensamos que estamos viviendo una bella realidad sin mirar nada más que a través de los ojos de nuestro ser amado… Estamos plenamente convencidos que esa es la vida que siempre soñamos tener, y sólo podemos pensar en seguir edificando esos anhelos e ilusiones que tenemos…

Creemos que vamos por el sendero idóneo, vivimos sin lamentaciones, tomamos lo que nos dan sin mirar más allá de nuestro entorno, sentimos firmemente que lo que estamos dando es maravilloso, porque sólo pensamos en nosotros mismos, sin saber, sin mirar si nuestra actitud es la correcta.

Pero ¿qué pasa si un día despiertas y te das cuenta que ese mundo perfecto en el que creías vivir no es el correcto?

No es el mundo de tus sueños porque algo vino a interrumpir esa paz que creías tener, porque nunca te detuviste a pensar si lo que dabas era lo que en realidad querían de ti… porque no te tomabas la molestia de acercarte un poco más a las personas que están dentro de tu mundo, de tu vida, de tu hogar y preguntar si en verdad tu actitud era la adecuada. Es entonces cuando se te llena el corazón y mente de melancolía de dudas y recelos, de desconfianzas hacia la persona amada llegando a hurgar en sus cosas, a indagar en sus momentos en que no está a tu lado, buscando una pequeño detalle que te haga saber el porqué las cosas entre los dos no andan bien, y sin darte cuenta vas cambiando en tu manera de ser, tu entorno se vuelve frío, ya no miras con los ojos de hombre enamorado y sólo buscas defectos en donde antes contemplabas virtudes y en lugar de confiar tus dudas te vas volviendo frío, alejado, ya no disfrutas de tu hogar, de tus momentos, de tus hijos e intimidad con tu pareja.

Sientes que lo vas perdiendo y de la misma manera te alejas, cuando en realidad la actitud correcta sería entablar el diálogo y decirle qué o cuales cosas no te agradan y te afectan, en qué estás fallando o en qué te está fallando ella, y esta actitud repercute en tus hijos, en tu hogar, ese hogar que al llegar ella ya no lo encuentra cálido y de la misma manera él se pregunta el porqué de las cosas.

Quizás te dejas envolver en la rutina del hogar, descuidando tu persona, encontrando él, en lugar de a una compañera dulce y tierna a una mujer cansada y malhumorada.

Ya no te arreglas como antes para ella, porque sientes que te está engañando sin darte cuenta que te estás dejando envolver en esa rutina del hogar, de los quehaceres de la casa, de los niños, porque sientes que no tienes el tiempo suficiente para dedicártelos a ti.
Cuántas parejas se han disuelto por la incomprensión, por la desconfianza, por el recelo, por la falta de comunicación, porque más que mujer, te sientas con la obligación de tener la ropa limpia, la casa limpia, los niños bien cuidados, faltando lo más importante que es el cuidarte y amarte a ti mismo, el sentirte feliz para que ello se refleje en ese hogar que sientes que es una prisión y no un lugar cálido y amoroso como lo es la familia.

Ustedes las mujeres, como pilar importante en el hogar, fuertes, emprendedoras y seguras, más que obligación, por el amor a nuestros seres queridos deben y pueden construir una familia hermosa, unida en amor y con ello mantener la paz en ese hogar que tanto anhelamos y soñamos cuando nos unimos a ese ser del cual nos enamoramos un día. Y para ello debemos estar bien con nosotros mismos, mantener la cordura y aprender a entablar el diálogo con nuestras parejas, confiar y hacerlos que se enamoren cada día más de nosotros.
Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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