La fiesta de Acción de Gracias, yo sé que es una fiesta
exclusivamente gringa y me parece hasta lobo que la gente sin tener nada que
ver con el país de Obama y Mickey Mouse y sin siquiera estar enterados de
quiénes eran los colonos y los indios Wampanoag lo celebre. Es lobo,
admitámoslo, es tan lobo como la gente que decidió hace unos años que ve el
Superbowl con el mismo entusiasmo que la final del mundial y que celebra San
Patricio tomando cerveza en el “pub”. Es lobo.
Pero
ese no es mi punto. Mi punto es que yo, por lobo que sea, sí celebro ese día,
por lo menos en mi cabeza. Lo celebro porque parte de mi familia es de o
vive en Estados Unidos desde siempre y hemos llegado a una feliz tregua con las
tradiciones de los dos países: nosotros celebramos Acción de Gracias y ellos
comen ajiaco en Navidad. Eso no lo hace menos lobo, pero es la verdad.
El
caso es que más allá de entrar a calificar la festividad en sí misma, a mí me
gusta porque me parece que es una oportunidad de parar, reflexionar y
agradecer, algo para lo que la rutina no siempre deja tiempo.
Y este
año agradecí estar soltero y agradecí todas las cosas chiquitas que hacen que
mi soltería sean tan inmensamente agradable. Quiero aclarar que no todo lo que
agradezco está intrínseca y metafísicamente unido a ser soltero. Seguramente
habrá a quien el desempleo le haya dado la oportunidad de tener revelaciones
como las que he tenido yo, o que sus reflexiones existenciales vengan de ese
día que Internet se dañó y no había nada más que hacer. En mi caso particular,
los agradecimientos se van para la soltería.
Gracias
soltería porque no tengo una familia política a la cual soportar. Mi familia
será lo que sea, pero es la mía y así nos aguantamos y nos peleamos, nos apoyamos
y nos contamos chistes; opinamos con la autoridad que dan los lazos de sangre y
nos queremos como si nos hubiéramos escogido voluntariamente de entre los miles
de millones de personas en el mundo entero.
Gracias
soltería porque poco a poco voy aprendiendo a desafiar mis miedos, y
específicamente porque la soltería me ha obligado a enfrentarme con el miedo al
rechazo. Yo creo, aunque admito que podría estar equivocado, que los hombres
vienen genéticamente predispuestos para soportar el rechazo mejor que las
mujeres, pero también creo que es, como la mayoría de las destrezas, una cosa
que se puede aprender. No es que tenga dominado el arte, pero cada vez me da
menos miedo.
Gracias soltería por haberme obligado a
convertirme en una persona económicamente independiente y estable.
Gracias
soltería porque mi vida tiene niveles de drama cercanos a cero. Siempre hay
algo de drama latente por ahí, pero lentamente me voy despojando de
preocupaciones innecesarias y puedo decir que el 99% de las noches me acuesto a
dormir y mi mayor preocupación dramática es quién se va a morir en el próximo
capítulo de House.
Gracias
soltería por haberme dado tiempo para sanar mis heridas. Heridas viejas que ni
me acordaba que tenía, pero que de alguna forma estaban interfiriendo con mi
vida.
Gracias
soltería por darme tiempo para pasar con mis amigos. Por darme la oportunidad
de apreciar a los que se lo merecen y, sin rencores, ir desechando a los que
no.
Gracias
soltería por haberme obligado a hacerme a mí mismo las preguntas incómodas
sobre si quiero tener o no hijos y cuándo, sin tener la presión de nadie más. Y
gracias por haberme dejado llegar a mis propias conclusiones, con la seguridad
de que las respuestas son 100% mías.
Gracias soltería por permitirme el lujo
milenario del coqueteo.
Gracias
soltería por haberme permitido conocerme mejor, aunque a veces eso signifique
que me tolere menos. Ya sé más de mí, sé más de lo que quiero y más de lo que
no quiero, me conozco y me caigo muy bien. Y si resulta que mi destino es
comprarme tres gatos más, una mecedora y pasar el resto de mi vida solo, por lo
menos sé que de aquí al final de mis días estaré bien acompañado. Por mí. Por
que nunca antes había sentido que fuera tan absolutamente cierto que es mejor
estar solo que mal acompañado.
excelente
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