El sabio Patañjali llegó al mundo en una fecha desconocida, pero
los estudiosos occidentales sitúan su nacimiento entre el año 820 y 300 a.C. Él
compiló las enseñanzas espirituales que habían sido transmitidas oralmente
durante siglos. Fue el primero en ponerlas por escrito y, por eso, es
considerado el fundador de la filosofía Yoga.
Los Yoga Sutras o Aforismos sobre el Yoga, de Patañjali, buscan
conducirnos a la visión interna del alma. Djwall Kull, el Maestro Tibetano, se
los dictó a Alice A. Bailey, quien los publicó con comentarios. La versión de
esta obra fue organizada por la Fundación Lucis con el título “Luz del Alma”, y
de ella adaptamos los siguientes fragmentos:
Los impedimentos para la visión del alma son la ignorancia, el
sentido de la personalidad, el deseo, el odio y el apego. La ignorancia es la
causa de todos los demás obstáculos, latentes o en proceso de eliminación,
superados o en plena acción. El sentido de personalidad se debe a la
identificación del conocedor con los instrumentos del conocimiento; el deseo es
el apego a los objetos de placer; el odio es la aversión por cualquier objeto de
los sentidos; el apego es el deseo intenso por la existencia sensorial.
El apego es inherente a todas las formas. Se perpetúa de por sí
y hasta los muy sabios lo conocen.
Según los Aforismos de Patañjali, esos cinco impedimentos pueden
superarse si tenemos una actitud mental de oposición a ellos. Darle fin a la
ignorancia a través de la no asociación del ser con las cosas percibidas es una
gran liberación.
El estado de esclavitud de los sentidos puede trascenderse
cuando se mantiene una perfecta discriminación. La inofensividad, la práctica
de la verdad para con todos los seres, la abstención del robo, de la
concupiscencia y de la avaricia son los mandamientos básicos para ese proceso
de trascendencia. La purificación interna y externa, el contento, la aspiración
ardiente, la lectura espiritual y la devoción, constituyen otras cinco reglas
para llegar a la visión del alma.
Según los Aforismos:
Cuando aparecen pensamientos contrarios a este trabajo, hay que
cultivar sus opuestos. Los pensamientos contrarios son la nocividad, la
falsedad, el robo, la concupiscencia y la avaricia. Estos derivan siempre en
gran dolor e ignorancia.
Toda enemistad cesa en aquel que perfeccionó la inofensividad.
Cuando se perfecciona la verdad para con todos los seres, la
eficacia de sus acciones y de sus palabras se ve inmediatamente.
Cuando consigue abstenerse del robo, el yogui puede obtener lo
que desea.
Mediante la continencia, obtiene energía.
Cuando perfecciona la abstención de la avaricia, le llega la
comprensión de la ley del renacimiento.
La purificación interna y externa produce desapego, tanto por su
propia forma, como por todas las demás. Por la purificación también se obtiene
un espíritu calmo, concentración, dominio de los órganos de los sentidos y
capacidad de ver el alma.
Como resultado del contento, se conquista la bienaventuranza.
Por la aspiración ardiente y la remoción de toda impureza, se
obtiene el perfeccionamiento de los poderes y de las percepciones del cuerpo.
Las lecturas espirituales producen, como resultado, el contacto
con el alma, y la devoción ardiente por el alma conduce a la perfecta
concentración.
Es por medio de la fidelidad a esos principios como todo lo
que obscurece la luz es retirado gradualmente, y los órganos sensoriales
son completamente sometidos. Dicha fidelidad se conquista mediante un leve y
persistente esfuerzo, y concentrando la mente en el infinito.