Learnability: la capacidad más humana y estratégica que define a quienes seguirán vivos en el futuro



¿Y si el verdadero problema no fuera que el mundo cambia demasiado rápido, sino que nosotros dejamos de aprender a tiempo?

Esta pregunta me acompaña desde hace años, pero se volvió urgente cuando entendí algo fundamental: no son los títulos, ni la experiencia acumulada, ni siquiera la inteligencia tradicional lo que hoy sostiene a una persona, a una empresa o a una sociedad. Lo que realmente marca la diferencia es la capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender con humildad, consciencia y propósito. A eso hoy le llaman learnability. Yo prefiero llamarlo coherencia viva con la vida.

Desde 1988 he tenido el privilegio de acompañar líderes, emprendedores, profesionales y organizaciones en procesos de transformación real. He visto carreras brillantes apagarse no por falta de talento, sino por rigidez mental. También he visto personas sin grandes credenciales reinventarse, florecer y liderar, simplemente porque nunca perdieron la curiosidad, la apertura y el hambre de sentido. La aprendibilidad no es una moda educativa; es una actitud espiritual frente a la existencia.

Aprender no es acumular información. Eso lo hacen las máquinas mejor que nosotros. Aprender es permitir que algo nos transforme por dentro. Es aceptar que no sabemos, que podemos estar equivocados, que el mundo no nos debe explicaciones y que cada etapa de la vida exige una versión distinta de nosotros mismos. Cuando una persona pierde esa capacidad, empieza a vivir de recuerdos, de fórmulas viejas, de éxitos pasados que ya no conversan con el presente. Y ahí comienza la obsolescencia silenciosa.

He trabajado con empresas que invirtieron millones en tecnología, pero fracasaron porque su gente no estaba dispuesta a aprender. No querían cambiar la forma de pensar, de decidir, de relacionarse. Querían resultados nuevos con mentalidades antiguas. Eso nunca funciona. La transformación digital sin transformación humana es solo maquillaje caro. La inteligencia artificial, por ejemplo, no reemplaza a las personas; reemplaza a quienes dejaron de aprender. A quienes se aferraron al cargo, al rol, al “siempre se ha hecho así”.

La learnability exige algo profundamente incómodo: soltar el ego. Reconocer que no importa cuántos años llevemos en el mercado, cuántos diplomas tengamos en la pared o cuántas veces nos hayan aplaudido. El mundo cambia, y nosotros debemos cambiar con él, sin perder el alma. Desde mi camino espiritual he entendido que aprender es un acto de humildad, y la humildad es una forma elevada de inteligencia.

En términos humanos, aprender es escuchar de verdad. Escuchar al otro, a los jóvenes, a quienes piensan distinto, incluso a quienes nos confrontan. Muchas organizaciones dicen valorar el aprendizaje, pero castigan el error, ridiculizan la pregunta y premian la obediencia ciega. Así no se aprende; así se sobrevive, y mal. Una cultura aprendible es una cultura segura emocionalmente, donde equivocarse no es pecado, sino parte del camino.

Recuerdo el caso de un empresario con el que trabajé hace años. Tenía una empresa sólida, rentable, reconocida. Pero empezó a perder mercado. Su reacción inicial fue culpar al equipo, al país, a la economía, a la competencia. Nunca se preguntó qué debía aprender él. Cuando finalmente lo hizo, ya era tarde. En contraste, he acompañado jóvenes emprendedores que, sin capital ni contactos, crecieron porque cada tropiezo lo convirtieron en aprendizaje consciente. No se defendían del cambio: lo abrazaban.

Desde la psicología, la aprendibilidad está íntimamente ligada a la flexibilidad cognitiva y emocional. Desde la espiritualidad, es la capacidad de morir simbólicamente para volver a nacer. Desde la empresa, es la ventaja competitiva más poderosa. Y desde la tecnología, es la única manera de usarla con criterio y no como muleta. No se trata de saber usar herramientas, sino de saber pensar con ellas sin perder humanidad.

He integrado en mi vida herramientas como el Eneagrama y la numerología no como etiquetas, sino como mapas de autoconocimiento. Entender mis patrones, mis miedos, mis talentos y mis resistencias me permitió aprender mejor, más rápido y con mayor conciencia. Mi Camino de Vida 3 me recuerda constantemente que aprender también es crear, comunicar, expresar y compartir. El conocimiento que no se comparte se pudre. La sabiduría que no se vive se vuelve soberbia.

Hoy veo muchas personas agotadas no porque trabajen mucho, sino porque aprenden poco. Repiten rutinas, consumen información superficial, reaccionan sin reflexionar. La learnability nos invita a pausar, a observar, a integrar. A leer con profundidad, a conversar con sentido, a preguntarnos no solo qué hacemos, sino para qué y desde dónde. Aprender también es sanar creencias, desmontar miedos heredados y actualizar la forma en que nos contamos la vida.

En el ecosistema empresarial que hemos construido en Todo En Uno.Net, la aprendibilidad no es un discurso; es una práctica diaria. Aprendemos del cliente, del error, del cambio normativo, de la tecnología, del contexto social y también del silencio. Porque hay aprendizajes que no llegan por libros ni por cursos, sino por la vida misma cuando estamos atentos. La empresa que aprende se adapta. La que no, desaparece lentamente sin entender por qué.

No creo en la educación como un evento que termina con un diploma. Creo en la educación como un estado del ser. Mientras haya disposición a aprender, hay futuro. Cuando esa disposición se pierde, empieza el pasado. Y el pasado, por muy glorioso que haya sido, no paga las cuentas del mañana ni sostiene la dignidad del presente.

Aprender hoy es un acto de responsabilidad con uno mismo, con la familia, con el equipo y con la sociedad. No es opcional. Es ético. Es humano. Es espiritual. Porque quien aprende se hace más consciente, más compasivo y más libre. Y personas así son las que realmente transforman empresas, comunidades y países.

Tal vez la pregunta correcta no sea qué más necesitas saber, sino qué estás dispuesto a soltar para seguir aprendiendo. Ahí comienza todo.

Si este mensaje resonó contigo, no lo guardes solo para ti. Compártelo con alguien que esté sintiendo que el mundo va demasiado rápido o que necesita volver a aprender sin miedo. Y si sientes que es momento de conversar, reflexionar o rediseñar tu camino personal o empresarial, puedes agendar una charla conmigo aquí:

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A veces, aprender empieza simplemente con una conversación honesta.

Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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