El talento no se pierde: se nos escapa cuando olvidamos para qué existe la empresa



¿En qué momento dejamos de preguntarnos cómo se siente una persona dentro de nuestra empresa y empezamos a obsesionarnos únicamente por qué produce?

No es una pregunta cómoda. Tampoco es una pregunta técnica. Es una pregunta humana. Y precisamente por eso, hoy resulta incómoda en un mundo empresarial que corre rápido, mide todo y escucha poco.

Durante más de tres décadas he acompañado a empresas, líderes y emprendedores en Colombia y Latinoamérica. He visto organizaciones nacer desde un garaje, crecer con sacrificio y también he visto cómo, cuando alcanzan cierta estabilidad, empiezan a perder algo esencial sin darse cuenta: su capacidad de atraer y sostener talento con sentido. No por falta de presupuesto, ni por ausencia de tecnología, sino por haber olvidado que una empresa no es solo un sistema productivo, sino un espacio de vida.

Hoy se habla mucho de la dificultad de las pymes para captar talento. Se publican informes, se comparan salarios, se diseñan beneficios, se copian modelos de grandes corporaciones. Pero la pregunta de fondo casi nunca se aborda con honestidad: ¿por qué una persona valiosa querría quedarse aquí, crecer aquí, construir aquí?

El talento no huye porque existan mejores ofertas. El talento se va cuando deja de encontrar coherencia. Cuando percibe que su trabajo es solo una pieza reemplazable, que su voz no importa, que su crecimiento personal no está conectado con el crecimiento del negocio. El ser humano, incluso antes que profesional, busca sentido. Y cuando ese sentido se pierde, ninguna estrategia de recursos humanos logra sostenerlo.

He acompañado pymes familiares donde el fundador lo hace todo, decide todo y controla todo. Empresas técnicamente eficientes, financieramente ordenadas, pero emocionalmente agotadas. Allí el talento llega, observa, aprende… y se va. No por falta de oportunidades, sino por exceso de rigidez. El control mata la creatividad. El miedo apaga el compromiso. Y una empresa sin compromiso humano se vuelve frágil, aunque sus números parezcan sanos.

La paradoja es que muchas organizaciones dicen querer talento, pero no están dispuestas a transformarse para recibirlo. Quieren mentes críticas, pero castigan las preguntas. Quieren líderes jóvenes, pero no su manera distinta de ver el mundo. Quieren innovación, pero se aferran a jerarquías del siglo pasado. El talento no se adapta indefinidamente a estructuras que no evolucionan. Simplemente busca otros espacios donde pueda respirar.

Desde mi formación como ingeniero de sistemas aprendí a observar patrones. Desde la administración, a entender estructuras. Desde la espiritualidad y el trabajo interior, a comprender algo más profundo: los sistemas humanos funcionan por coherencia, no solo por diseño. Una empresa puede tener el mejor organigrama, la mejor tecnología, los mejores procesos, pero si no hay coherencia entre lo que se dice y lo que se vive, el sistema se resiente.

He visto jóvenes brillantes llegar a organizaciones con ilusión y apagarse en menos de un año. No porque no supieran trabajar, sino porque nadie les explicó el propósito real de la empresa, nadie les dio contexto, nadie les permitió equivocarse sin miedo. El error sigue siendo tratado como fracaso, cuando en realidad es una señal de aprendizaje. En culturas sanas, el error educa. En culturas tóxicas, el error expulsa.

Hoy las nuevas generaciones no buscan solo estabilidad económica. Buscan dignidad emocional, flexibilidad consciente, líderes humanos y empresas que no les pidan dejar su esencia en la puerta. Esto no es rebeldía, es evolución. Y las pymes que no lo entiendan no perderán talento por moda, sino por desconexión.

La inteligencia artificial, la automatización y la tecnología han cambiado radicalmente el juego. Ya no se trata solo de saber hacer, sino de saber pensar, sentir y decidir. El talento del presente —y del futuro— es híbrido: técnico, emocional y consciente. Una empresa que no invierta en desarrollar personas, no podrá competir, aunque tenga las mejores herramientas digitales.

Desde la numerología, mi Camino de Vida 3 me ha enseñado la importancia de la expresión auténtica, de la comunicación con sentido y de la creatividad como puente. Desde el Eneagrama, he aprendido que cada persona opera desde miedos, motivaciones y talentos distintos. Pretender que todos respondan igual, bajo las mismas reglas rígidas, es desconocer la naturaleza humana. Las empresas que comprenden esto no gestionan recursos humanos: acompañan procesos humanos.

Captar talento no empieza en LinkedIn ni termina en una entrevista. Empieza en la cultura diaria. En cómo se habla cuando nadie mira. En cómo se toman decisiones difíciles. En cómo se reconoce el esfuerzo invisible. El talento observa más de lo que escucha. Y decide quedarse o irse por lo que siente, no por lo que se promete.

He visto pymes transformarse cuando el líder se atreve a hacer un trabajo interior. Cuando deja de preguntarse “¿cómo hago que rindan más?” y empieza a preguntarse “¿qué tipo de empresa estoy construyendo?”. Ese cambio lo altera todo. Mejora el clima, reduce la rotación, aumenta la creatividad y, paradójicamente, también mejora los resultados financieros. Porque cuando una persona se siente parte, cuida. Y cuando cuida, construye.

No se trata de romantizar la empresa ni de perder disciplina. Se trata de entender que la verdadera competitividad hoy no está solo en el precio ni en la tecnología, sino en la calidad humana del liderazgo. Las pymes que sobrevivan y prosperen serán aquellas que entiendan que el talento no se compra: se cultiva.

Si este tema resuena contigo, seguramente conecta con reflexiones que he compartido antes sobre liderazgo consciente y transformación organizacional en espacios como https://organizaciontodoenuno.blogspot.com/ y https://juliocmd.blogspot.com/, donde insisto en una idea central: la empresa del futuro se construye desde la conciencia del presente.

El desafío no es captar talento. El verdadero desafío es merecerlo.

Si sientes que tu empresa está creciendo, pero algo humano se está quedando atrás, conversemos. No para imponer modelos, sino para pensar juntos desde la conciencia y la realidad.

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Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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