Cuando no es pereza, sino miedo: la procrastinación que silenciosamente frena a los emprendedores

 


Hay una pregunta que he aprendido a hacerme con honestidad brutal cada vez que algo importante se queda esperando en mi lista de pendientes: ¿realmente no tengo tiempo… o no me estoy atreviendo? Durante años —desde mucho antes de que la palabra “procrastinación” se volviera tendencia en redes— vi a empresarios brillantes, líderes con talento y emprendedores llenos de ideas quedarse inmóviles frente a decisiones clave. No era falta de capacidad. Tampoco ausencia de oportunidades. Era algo más profundo, más silencioso y, por eso mismo, más peligroso: el miedo disfrazado de ocupación.

He acompañado procesos empresariales desde 1988. He visto negocios nacer, crecer, caer y reinventarse. Y si algo se repite, sin importar el sector, el tamaño de la empresa o el nivel académico del emprendedor, es esto: no procrastinamos lo que no nos importa; postergamos aquello que, en el fondo, puede transformarnos. La llamada “procrastinación emprendedora” rara vez tiene que ver con pereza. Tiene que ver con identidad, con creencias, con historias internas que no siempre estamos dispuestos a mirar de frente.

En más de una ocasión, yo mismo me he descubierto organizando tareas menores con una eficiencia admirable mientras evitaba una conversación incómoda, una decisión estratégica o un cambio estructural que sabía necesario. Revisar correos, ajustar detalles, “esperar un poco más” para lanzar algo… todo eso puede parecer trabajo, pero no siempre es avance. En el fondo, muchas veces es una forma elegante de huir. Y huimos no porque no sepamos qué hacer, sino porque hacerlo implica asumir un nuevo nivel de responsabilidad, visibilidad o coherencia.

Desde una mirada humanista —que integra empresa, tecnología y espiritualidad— la procrastinación no se corrige con listas de tareas ni con frases motivacionales. Se transforma cuando entendemos qué emoción la sostiene. En el Eneagrama, por ejemplo, he observado cómo distintos tipos procrastinan por razones muy distintas: algunos por miedo a equivocarse, otros por miedo a perder control, otros por temor a no ser suficientes. En mi caso, como Camino de Vida 3, he tenido que aprender que el deseo de hacer bien las cosas puede convertirse en una trampa cuando se confunde con la necesidad de aprobación. Postergar, entonces, se vuelve una forma de proteger la imagen… aunque eso tenga un costo enorme en resultados reales.

Recuerdo claramente a un empresario del sector servicios que llevaba más de dos años “preparándose” para delegar. Sabía que era necesario, que su crecimiento dependía de soltar, pero siempre había una razón para aplazarlo: que el equipo no estaba listo, que el momento no era el ideal, que primero había que ajustar procesos. La verdad emergió cuando, en una conversación honesta, reconoció su miedo a dejar de ser indispensable. Mientras no delegaba, seguía siendo el centro. El día que entendió eso, no solo delegó: empezó a crecer como líder y como ser humano.

La cultura latinoamericana también juega su papel. Nos enseñaron a resistir, a aguantar, a “darle más tiempo” a lo que claramente ya no funciona. Confundimos paciencia con postergación y prudencia con miedo. Y en el mundo empresarial actual, donde la tecnología avanza más rápido que nuestras excusas, esa confusión se paga caro. He visto empresas quedarse atrás no por falta de recursos, sino por no atreverse a decidir a tiempo. La procrastinación, en ese sentido, no es neutra: siempre está decidiendo algo por nosotros.

Aquí es donde la tecnología y, hoy más que nunca, la inteligencia artificial, nos pone un espejo incómodo. Las herramientas están ahí, disponibles, accesibles. Automatización, análisis de datos, asistentes inteligentes… ya no es un tema de “si algún día”, sino de “por qué todavía no”. Y la respuesta casi nunca es técnica. Es emocional. Es cultural. Es humana. En Todo En Uno.Net lo vemos a diario: empresarios que dicen querer transformarse, pero que siguen esperando sentirse 100 % seguros para dar el paso. La paradoja es clara: esa seguridad nunca llega antes de la acción; llega después.

Espiritualmente, la procrastinación también tiene un mensaje. Cada vez que aplazamos algo que sabemos importante, estamos desconfiando de nuestra capacidad de sostener lo que viene. Es una forma sutil de decirnos: “todavía no estoy listo para la vida que digo querer”. Y no lo digo desde el juicio, sino desde la compasión. Todos lo hemos hecho. Yo también. La diferencia está en si usamos esa conciencia para castigarnos o para despertar.

He aprendido que actuar no siempre significa tener claridad absoluta, sino tener coherencia suficiente. Coherencia entre lo que pienso, lo que siento y lo que hago. Cuando esa coherencia se rompe, aparece la procrastinación como síntoma. No como enemigo, sino como señal. Una señal de que algo interno necesita ser atendido antes de seguir avanzando.

En mis espacios de mentoría, muchas veces el verdadero trabajo no es definir la estrategia, sino ayudar a la persona a reconciliarse con su miedo al éxito, al cambio o incluso a la libertad. Porque sí, la libertad también asusta. Decidir implica renunciar. Avanzar implica dejar atrás versiones antiguas de nosotros mismos. Y eso, aunque necesario, duele.

Si hoy estás postergando algo importante en tu vida o en tu empresa, no te preguntes únicamente “qué me falta hacer”. Pregúntate con honestidad: “¿qué versión de mí tendría que dejar de ser si doy este paso?”. Ahí suele estar la respuesta. Y también la oportunidad de transformación.

Cerrar la brecha entre intención y acción no es un acto de fuerza, sino de conciencia. Cuando entiendes por qué postergas, la acción deja de ser una obligación y se convierte en una elección. Y cuando eliges desde la conciencia, incluso el miedo se vuelve un aliado que te recuerda que estás creciendo.


Si este texto te incomodó un poco, probablemente tocó algo verdadero. No para juzgarte, sino para invitarte a mirarte con más honestidad. Si sientes que es momento de dejar de postergar y empezar a actuar con coherencia, puedes agendar una charla conmigo, unirte a nuestras comunidades o simplemente compartir este mensaje con alguien que hoy lo necesite. A veces, una conversación a tiempo cambia más que cien planes aplazados.
Agenda aquí: 

Agendamiento:                     AQUÍ

Facebook:                              Julio Cesar Moreno D

Twitter:                                 Julio Cesar Moreno Duque

Linkedin:                               (28) JULIO CESAR MORENO DUQUE | LinkedIn

Youtube:                               JULIO CESAR MORENO DUQUE - YouTube

Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros grupos

Grupo de WhatsApp:          Unete a nuestro Grupo

Comunidad de Telegram:   Únete a nuestro canal  

Grupo de Telegram:            Unete a nuestro Grupo

Blogs:   BIENVENIDO A MI BLOG (juliocmd.blogspot.com)

AMIGO DE. Ese ser supremo en el cual crees y confias. (amigodeesegransersupremo.blogspot.com)

MENSAJES SABATINOS (escritossabatinos.blogspot.com)

 

Agenda una sesión virtual de 1 hora, donde podrás hablar libremente, encontrar claridad y recibir guía basada en experiencia y espiritualidad.

👉 “¿Quieres más tips como este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp o Telegram”.

Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente