El espejismo del momento ideal y la sabiduría de actuar en el presente


¿Y si ese momento perfecto que tanto esperamos nunca llega? ¿Y si el “cuando todo esté en orden” es la excusa más sofisticada que fabrica nuestra mente para mantenernos inmóviles? Crecemos con la idea de que la vida se construye en un futuro que aún no ha llegado: cuando tengamos más dinero, cuando terminemos un curso, cuando los hijos crezcan, cuando la empresa esté más estable, cuando el dolor se atenúe. Pero el futuro nunca se presenta con una alfombra roja. El futuro siempre llega como lo hace el presente: con incertidumbre, con dudas, con posibilidades escondidas detrás de lo que tememos. He aprendido, desde mis primeros pasos como ingeniero de sistemas y más tarde como empresario, que el momento ideal es una ilusión creada por el ego para postergar la acción y que la verdadera transformación ocurre cuando decidimos hacer camino en medio del caos, no después de él.

El síndrome del momento ideal lo he visto reflejado en líderes, emprendedores y hasta en mis propios silencios de juventud. Recuerdo aquellos años en que posponía decisiones empresariales esperando que las condiciones del mercado fueran más claras. Mientras tanto, veía cómo otros, con menos recursos y menos certezas, daban pasos valientes que abrían puertas que yo seguía contemplando desde lejos. Con los años comprendí que lo perfecto no es real y que la acción consciente, aunque pequeña, genera más transformación que cien planes guardados en un cajón. La vida misma me mostró que ningún manual de administración, ni siquiera mi experiencia académica como administrador de empresas, tiene tanto valor como la disciplina de lanzarse, de corregir en el camino y de confiar en que la Providencia acompaña a quienes caminan.

El ego nos convence de que esperar es prudencia, cuando en realidad muchas veces es miedo disfrazado. El miedo a fracasar, a exponerse, a perder algo de control. Pero en ese miedo también se esconde un regalo: la oportunidad de crecer. La espiritualidad me ha enseñado que lo invisible —la fe, la intuición, la confianza en que hay un propósito mayor— es el motor que nos permite dar pasos sin garantías. El Eneagrama, que tanto utilizo en procesos de autoconocimiento, me ha revelado cómo ciertas personalidades se refugian en la espera como mecanismo de defensa. La numerología, con su Camino de Vida 3, me recuerda que mi propósito está ligado a la comunicación y a la creatividad, dones que florecen no cuando todo es perfecto, sino cuando me atrevo a ser canal en medio de la imperfección.

He acompañado emprendedores que llevan años incubando ideas esperando el día en que “tengan todo listo”. Les pregunto: ¿qué es todo? ¿Qué significa listo? Y ahí descubren que la respuesta es siempre subjetiva, siempre móvil. Nunca llega. Entonces propongo un cambio de perspectiva: más que buscar el momento ideal, convirtamos cualquier momento en ideal a través de la acción, la disciplina y la conciencia. He visto madres solteras iniciar negocios desde su cocina, estudiantes universitarios que lanzan proyectos digitales desde su habitación, líderes que, sin garantías de éxito, se convierten en referentes porque se atrevieron a empezar. El verdadero secreto no está en tener todo, sino en comenzar con lo que se tiene.

En lo empresarial, esperar el momento ideal puede significar perder oportunidades irrepetibles. La tecnología no espera, la economía no espera, la vida no espera. La inteligencia artificial, por ejemplo, no está aguardando a que las empresas decidan si la integran o no. Simplemente avanza, cambia reglas, transforma industrias. He visto compañías pequeñas que la adoptan desde ya y multiplican sus resultados, mientras grandes corporaciones siguen atrapadas en comités interminables esperando “condiciones ideales” que nunca existirán. El mercado recompensa a los que se adaptan en tiempo real, no a los que esperan eternamente.

También en lo personal ocurre lo mismo. Posponemos conversaciones con nuestros seres queridos porque pensamos que habrá un mejor momento, y a veces ese momento nunca llega. En mi vida he aprendido que un abrazo dado hoy, una palabra dicha con sinceridad en medio de la incertidumbre, puede sanar más que mil planes postergados. La cultura nos enseña a esperar señales, la espiritualidad me ha enseñado a ser la señal. A veces somos nosotros los que debemos crear el momento, no esperarlo.

El llamado a superar el síndrome del momento ideal no es un canto a la imprudencia, sino a la valentía consciente. Significa reconocer que sí habrá errores, que sí habrá aprendizajes duros, que sí habrá caminos que no resulten como esperamos. Pero también significa entender que la vida misma es un taller de experimentación en el que la única manera de avanzar es probando, cayendo, levantando y volviendo a intentar. Como empresario lo confirmo: las mejores lecciones las aprendí en las caídas, no en los planes perfectos.

Hoy, después de casi cuatro décadas de caminar entre la tecnología, la empresa y la vida espiritual, comprendo que lo más humano que podemos hacer es dejar de esperar que todo encaje. El “cuando” es ahora. El presente es imperfecto, pero es fértil. No existe un mejor terreno que el que tenemos bajo los pies en este instante. Y si aprendemos a caminarlo con gratitud, con propósito y con la humildad de seguir aprendiendo, cada paso se convierte en el momento ideal.

No sé en qué lugar de tu vida estás posponiendo lo que sabes que debes hacer. Quizás un proyecto, una conversación, una decisión, una llamada, un salto de fe. Solo puedo decirte esto: si esperas que todo esté en orden, habrás perdido la oportunidad de honrar la vida en su estado más real, que es precisamente la imperfección. Y es allí donde brota la belleza, la creatividad y la verdadera grandeza.

Hoy te invito a transformar tu mirada: no esperes que el universo te traiga el momento perfecto, conviértete tú en la persona que hace de cualquier momento, el perfecto.

Si estas palabras tocaron algo en ti, no las dejes dormir. Actúa hoy: comparte este mensaje con alguien que aún espera “el momento perfecto” o agenda una charla conmigo para acompañarte en tu proceso de transformación.

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Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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