Pasión o Propósito: el riesgo de perderse en el camino



¿Alguna vez te has detenido a pensar si lo que te mueve cada mañana es realmente pasión o si es propósito? La pregunta parece simple, pero encierra una profundidad que toca la vida misma. Durante más de tres décadas acompañando empresarios, profesionales y seres humanos en sus procesos de evolución, he visto cómo muchos confunden el fuego efímero de la emoción con la claridad serena de la misión. La pasión puede levantarte, darte impulso, encender el motor, pero el propósito es el que sostiene la marcha cuando la pasión se agota. Y en este mundo donde la inmediatez parece gobernarlo todo, el riesgo de elegir solo pasión sin propósito puede llevarnos, no a la grandeza, sino a la quiebra emocional, económica y espiritual.

Recuerdo una conversación con un joven emprendedor en Manizales que me decía con brillo en los ojos: “Julio, lo único que necesito es pasión, con eso todo se logra”. En silencio lo escuché, pero en mi interior sabía que pronto sentiría el peso de esa frase. Pasados unos meses regresó abatido, con un negocio en crisis y una familia desgastada. Había confundido la pasión con un combustible inagotable, pero no había alineado su hacer con un propósito que le diera norte en la tormenta. Es aquí donde la vida nos enseña que no basta con estar encendidos; necesitamos saber hacia dónde caminamos y por qué lo hacemos. La pasión sola puede ser un fuego que deslumbra, pero también consume. El propósito es el faro que da dirección al fuego y lo convierte en luz que guía.

Desde la psicología que he estudiado y practicado en tantas dimensiones, comprendo que la pasión se relaciona con la emoción inmediata, con el deseo, con ese impulso creativo y vital que nos conecta con lo humano más instintivo. Pero el propósito es más profundo: nace del sentido, del ikigai, de ese punto donde convergen lo que amas, lo que sabes hacer, lo que el mundo necesita y lo que puede sostener tu vida. Cuando lo invisible —espíritu, valores, misión— se une a lo práctico —tecnología, empresa, cultura— surge el verdadero equilibrio. Y en mi experiencia como ingeniero de sistemas y administrador de empresas, he visto que los proyectos que perduran son aquellos donde pasión y propósito caminan de la mano, con el propósito liderando y la pasión acompañando.

El Eneagrama, herramienta que he integrado en mis procesos de mentoría, enseña que cada tipo humano tiene motivaciones inconscientes que lo guían. Un “Camino de Vida 3”, por ejemplo, tiende a enfocarse en el logro y en la imagen, y puede caer fácilmente en la trampa de la pasión por el éxito inmediato sin escuchar el propósito interior que le recuerda que el valor no está en el aplauso externo, sino en la autenticidad del ser. La numerología, aunque muchos la desprecien, también nos recuerda que la vida tiene patrones, ritmos y aprendizajes que invitan a integrar lo emocional con lo trascendente. Y cuando añadimos la Inteligencia Artificial a este diálogo, descubrimos que la herramienta más avanzada no es suficiente si no está alineada a un propósito humano. De nada sirve un algoritmo poderoso si está orientado solo por la pasión de la codicia y no por el propósito del servicio.

En la historia empresarial, tanto en Colombia como en el mundo, hay ejemplos claros. Empresas que nacieron de una pasión arrolladora, lograron crecer rápidamente, pero sin un propósito claro se desplomaron con la misma velocidad. En cambio, otras, quizá menos vistosas en su inicio, crecieron paso a paso, con la paciencia de quien sabe que no corre una carrera de velocidad sino de fondo. Es el caso de pequeños emprendimientos familiares que, anclados en valores, misión y servicio real, han sobrevivido a crisis económicas, cambios tecnológicos y transformaciones culturales. La pasión de sus fundadores fue vital, pero su propósito fue la raíz que los sostuvo.

Yo mismo, cuando fundé Todo En Uno.Net en 1995, lo hice con pasión. Tenía la emoción del ingeniero que quiere cambiar la manera en que las empresas se relacionan con la tecnología. Pero pasaron los años y entendí que si no lo conectaba a un propósito de servicio humano, de transformación empresarial, cultural y espiritual, me quedaría vacío en medio de la aparente productividad. Hoy, con la Organización Empresarial Todo En Uno.Net, miro hacia atrás y reconozco que lo que me ha permitido sostenerme más de 30 años en este camino no ha sido el brillo de la pasión, sino la fuerza de un propósito mayor: ayudar a otros a integrar la tecnología, la espiritualidad y la cultura en sus vidas y empresas.

El fracaso, en mi experiencia, no es realmente consecuencia de los obstáculos ni de la falta de recursos, sino de haber confundido pasión con propósito. Cuando vives solo desde la pasión, cada obstáculo parece un muro insuperable. Cuando vives desde el propósito, cada dificultad se convierte en maestro, en parte del proceso. Y aquí está la diferencia entre quienes se quiebran ante la primera crisis y quienes encuentran en la crisis la oportunidad de reinventarse. La pasión es el viento que infla las velas, pero el propósito es la brújula que indica hacia dónde dirigir el barco. Sin brújula, el viento puede llevarnos a la deriva.

Hoy, mientras escribo estas palabras, pienso en cuántos jóvenes emprendedores, artistas, líderes y soñadores necesitan escuchar esto: no se trata de apagar la pasión, sino de orientarla con el propósito. No se trata de elegir entre una u otra, sino de permitir que el propósito lidere y la pasión acompañe. Esa es la verdadera sabiduría de la vida y de los negocios. Y como mentor, como ser humano y como aprendiz eterno, puedo decir con certeza que los momentos en que más cerca he estado de la quiebra no fueron cuando faltó la pasión, sino cuando olvidé el propósito. Fue el propósito el que me sostuvo cuando la pasión ya no alcanzaba.

Cierro con esta invitación: mira tu vida, tu empresa, tu proyecto, y pregúntate con sinceridad: ¿es la pasión la que guía mi camino o es el propósito el que sostiene mi andar? Si descubres que has estado navegando solo con pasión, no te culpes, pero detente. Escucha a tu ser, conecta con lo invisible, con lo que trasciende, y desde allí redefine el rumbo. No es tarde, nunca es tarde, para alinear el fuego de tu pasión con la brújula de tu propósito. Ese es el verdadero éxito: vivir con coherencia, servir con sentido y dejar huella más allá del tiempo.

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Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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