¿Te has detenido alguna vez a pensar que, muchas veces, aprendemos a sobrecargarnos, perfeccionarlo todo y seguir instrucciones, mientras perdemos lo esencial, lo propio, lo que realmente impulsa tu propósito más profundo? Esa pregunta nace del horizonte de mis días como ingeniero, mentor y guía espiritual: somos artistas que olvidamos la pincelada que nos define y entregamos nuestro alma a lo accesorio.
Desde que acompañé a mis primeros emprendedores en 1988, aprendí que el progreso no nace del atolondramiento. Nace de escuchar esa voz interior que dice: “¿qué es lo esencial aquí?”. Néstor lo llama “directo al grano” —ese grano que es semilla y fruto al mismo tiempo—. En mi experiencia, ese grano es tu propósito profundo, el cristal desde el que se permite que lo tangible —la tecnología, las ganancias, el reconocimiento— brote con coherencia.
Recuerdo a un joven líder cultural que trabajaba 80 horas semanales organizando eventos, programas y alianzas, sin tiempo para su familia, sin pausa para recargar. Al preguntarle qué era su grano, su propósito, respondió con lágrimas: “Nunca me lo había formulado”. Y allí comprendió que ser productivo sin propósito es construir sin construcción, es recibir sin resonancia. Él reorientó sus encuentros como espacios de encuentro real, incluso incorporó una pausa de 10 minutos para meditación cuando abría cada evento. La transformación no tardó: conectó con su audiencia desde la autenticidad, y su visibilidad creció con sentido real.
Cada uno de nosotros carga un grano: puede ser tu don pedagógico, tu sensibilidad hacia lo humano, tu capacidad de construir puentes desde la lógica y el corazón. Pero si tu estrategia ni siquiera comienza preguntándote “¿cuál es mi grano?”, ¿cómo esperas que lo demás florezca? La estrategia no es acumular; es seleccionar. Como explica Néstor, es más valioso elegir ese grano que engarza con tu esencia, que dispersarte en mil ramas vacías.
En mis años como empresario y mentor, he visto organizaciones nutrirse cuando se conectan con su grano: un estudio contable que integró prácticas de bienestar y pausa consciente en cada auditoría, un emprendedor tecnológico que reprogramó cada sprint incorporando retroalimentación emocional, un equipo que comenzó a trabajar desde su misión interna —no por moda sino por coherencia. Ahí la tecnología, la gestión y los resultados se activan con propósito. Y ahí entendí el significado profundo de “semilla” que mencionaba Néstor: aquello que, al cultivarse, genera suelo fértil.
Culturalmente en América Latina tendemos a venerar el hacer más, pero descuidamos el ser más. Nuestro ego nos empuja a demostrar que podemos, sin preguntarnos si queremos. La verdadera fuerza no viene de la explosión externa, sino de la presencia interior. Nuestra estrategia humana y espiritual es preguntarnos: «¿cómo puedo honrar mi esencia mientras avanzo?».
Entonces, ¿qué hacer para ir “directo al grano”? Primero, haz una pausa consciente. Tres preguntas poderosas: ¿qué me importa desde mi verdad? ¿Dónde puedo aportar sin dispersarme? ¿Qué fruto genuino nace solo si yo actúo desde aquí? Respondiendo en calma aparecen señales claras: sirven para apuntar la brújula. Segundo, diseña tu plan desde ese grano. No disperses tu foco en tareas que no te caminan hacia esa semilla esencial. Tercero, revisa periódicamente: como Néstor propone, cada cierto tiempo (digamos 6 meses) abre tu hoja de ruta y verifica si aún vibra con tu propósito.
Vivimos en un entorno que glorifica lo urgente y lo visible; pero lo que florece desde lo esencial deja huella, incluso cuando nadie observa en ese instante. Lo invisible sostiene lo visible. Como en el eneagrama (Camino de Vida 3), donde cada logro anuncia una autorrealización que trasciende esfuerzo y habla de legado. Como en la espiritualidad que no promueve el logro, sino la transformación. Como en la tecnología que no presume eficacia, sino habilita crecimiento consciente.
Hoy, querido lector, quiero invitarte a reconocer tu grano, ese fruto-semilla que aún no has planteado en tu estrategia personal o profesional. No te pido esfuerzos mayores, sino dirección distinta. Porque el camino no se traza acumulando, sino eligiendo con foco. No desde el ego, sino desde la coherencia que emerge cuando tu mente, tu corazón y tu pasión se concentran en un solo punto luminoso.
Si este mensaje te mueve, si sientes que estás listo para hacer emerger tu grano y diseñar tu estrategia desde ahí, será un honor guiarte. No necesitas más energía, sino mejor intención. Te acompaño con el corazón abierto, desde la experiencia y el compromiso de servicio.
Si esta llamada al grano resonó contigo y quieres empezar a diseñar tu estrategia desde tu esencia, agenda una sesión para que juntos construyamos tu plan con visión, coherencia y corazón.
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