Hablar en público es hablar con el alma: más allá del miedo y de los errores


¿Y si te dijera que el miedo a hablar en público no es miedo a hablar, sino miedo a ser visto de verdad? ¿Y si el verdadero temor no es a equivocarte, sino a mostrarte sin máscaras, sin esquemas prefabricados, sin la armadura del personaje que has construido? Esta reflexión, que ha crecido en mí como una semilla paciente durante más de tres décadas, no nace desde la teoría, sino desde los silencios que me costó romper y de los escenarios que me enseñaron a escucharme mientras hablaba.

Porque hablar en público, si se hace desde la superficialidad, puede ser una técnica. Pero si se hace desde el alma, se convierte en un acto de conexión espiritual. He tenido el privilegio de acompañar a cientos de líderes, empresarios y profesionales que tenían miedo a hablar en público… y lo que descubrimos juntos es que, en realidad, le temían a su propio poder.

El artículo que leí recientemente en LinkedIn, titulado “Hablar en público: si quieres fracasar, haz estas 15 cosas”, me hizo sonreír con gratitud. No por burla ni arrogancia, sino porque reconocí muchos de esos errores en mi propia historia. Yo también empecé con la voz temblorosa, con el exceso de información, con el pánico a olvidar una idea clave o a decir algo “equivocado”. Pero con el tiempo —y con trabajo interior— comprendí que hablar en público no es un performance, es un acto de coherencia.

Coherencia entre lo que pienso, lo que siento, lo que digo y lo que hago. Y eso, amigos, no se ensaya frente a un espejo. Se cultiva en el silencio, en la meditación, en la terapia, en la experiencia, en la espiritualidad, en la observación consciente de uno mismo. Porque el cuerpo habla antes que las palabras, y el alma se filtra en cada pausa, en cada gesto, en cada mirada.

Recuerdo una charla que di hace más de veinte años. Tenía un PowerPoint lleno de cifras, conceptos, gráficos complejos. Pero algo en la sala me decía que la gente no estaba allí para ver mis diapositivas. Así que apagué el proyector y me senté al borde del escenario. Les hablé como quien conversa con sus hijos al final del día. Les conté mi historia. No omití mis fracasos. No escondí mis dolores. Hablé desde mi humanidad, y fue entonces —solo entonces— cuando sentí que había hablado “en público” por primera vez. Porque no es lo mismo hablar delante de muchos… que hablar verdaderamente para muchos, con muchos.

Hablar en público desde esta visión es una responsabilidad sagrada. No se trata de lucirse, se trata de servir. No se trata de convencer, sino de invitar. No se trata de controlar la atención del otro, sino de entregar presencia. De hecho, si hay una “técnica” que nunca falla, es la autenticidad. Pero para llegar allí, hay que estar dispuesto a verse por dentro. A descubrir que el ego muchas veces quiere ser aplaudido, mientras el alma solo desea ser comprendida.

Y sí, hay errores comunes que todos podemos evitar —como los que señala acertadamente el artículo—, pero más allá de esas recomendaciones técnicas, está el desafío mayor: hablar desde la verdad, no desde la perfección. Porque el público no conecta con lo impecable, sino con lo humano. Y si bien una voz clara, una postura firme y una estructura lógica ayudan, lo que verdaderamente transforma es la vibración con la que hablas.

En el Eneagrama, aquellos con tendencia al eneatipo 3 o 7 suelen tener facilidad para hablar en público, pero muchas veces lo hacen desde el deseo de impresionar. Mientras que los tipo 4, 5 o 9 pueden tener un contenido profundo, pero temen exponerse. Yo he sido un poco de todos. Y aprendí que solo cuando me reconcilié con mis sombras, pude integrar mi luz al hablar. Solo cuando dejé de necesitar validación, pude realmente aportar transformación.

En los espacios de formación que desarrollo en Todo En Uno.Net, este es un tema que abordamos desde múltiples dimensiones: la emocional, la espiritual, la neurológica, la estratégica. Porque hablar bien no es lo mismo que hablar con propósito. Y en el mundo empresarial, donde se juega tanto con las formas, muchos líderes han olvidado el fondo. He conocido CEOs que pueden sostener un informe de resultados con impecabilidad técnica, pero no saben decir “me equivoqué”. He visto emprendedores apasionados que se paralizan cuando deben compartir su historia. Y he trabajado con mujeres poderosas que, tras años de invisibilidad, empiezan a contar su verdad y cambian toda una organización con una sola frase auténtica.

¿Y sabes qué descubrí como patrón común en los mejores oradores que he conocido? No es que no cometen errores. Es que hablan desde su centro. Y eso se nota. Porque cuando alguien está presente de verdad, no importa si se equivoca en una palabra, si tartamudea o si olvida un dato. Lo que importa es lo que transmite. Y eso no se entrena en un curso de oratoria. Se cultiva en el proceso profundo de convertirse en quien uno ya es.

Hoy, cada vez que me subo a un escenario, sé que llevo conmigo más que información. Llevo historias, memorias, aprendizajes, cicatrices y una misión. Y cuando conecto con eso, ya no hablo “en público”. Hablo desde lo público hacia lo íntimo. Porque todo acto de comunicación auténtica es una invitación a mirar el alma del otro sin miedo, sin juicio y sin prisa.

Si este blog te hizo pensar en ese mensaje que llevas tiempo queriendo compartir pero que no te has atrevido a expresar, te invito a conversar. Juntos podemos descubrir no solo qué quieres decir, sino desde dónde lo vas a decir. No para que hables perfecto, sino para que hables con verdad. Agenda una charla personalizada o comparte este mensaje con alguien que necesita recuperar su voz. El mundo no necesita más discursos. Necesita más almas que se atrevan a hablar.

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Con respeto y propósito,
Julio César Moreno Duque
Maestro, caminante y servidor del mensaje que nace del alma.

Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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