Cuando la vejez se convierte en juego: entre pensiones y dignidad

 


¿En qué momento nos volvimos una sociedad que juega con la vejez como si fuera una ficha de negociación? ¿En qué momento dejamos de honrar a quienes han sostenido con su trabajo, su silencio y su historia el tejido invisible de este país? La pregunta no es retórica, es urgente. Porque lo que está en juego no es solo una reforma, ni un decreto, ni una cifra en un sistema. Lo que está en juego es nuestra conciencia colectiva, nuestra humanidad compartida.

He acompañado decenas de historias que me han marcado. Hombres y mujeres que trabajaron desde niños, que criaron hijos, que cuidaron empresas, que sirvieron a la sociedad desde lo que sabían y tenían. Y que al llegar a la vejez, se encuentran con un sistema que no los protege, que los cuestiona, que los reduce a un trámite más o a una espera interminable. La pensión, que debería ser un derecho fruto del trabajo digno, se convierte en un laberinto lleno de muros, de incertidumbres, de burocracia insensible.

En Colombia, jugar con la pensión es jugar con la esperanza de millones. Es transformar la palabra "descanso" en "angustia". Es pedirle a quien ya lo dio todo, que siga produciendo, que siga cotizando, que siga justificándose ante un Estado que le debió haber agradecido, no acusado de carga fiscal. Es ver a nuestras madres y padres, abuelos y abuelas, empacar bolsas en un supermercado, limpiar oficinas, o buscar "rebusques" con una dignidad herida pero intacta. Y eso no solo duele. Eso, como sociedad, nos degrada.

La vejez no puede seguir siendo el tiempo de las sobras. De lo que queda. De lo que ya no sirve. La vejez, bien entendida, es la etapa de mayor sabiduría, de síntesis vital, de mirada profunda. Es el momento donde el ser florece porque el hacer ya no es necesario para validarse. Y eso merece cuidado, escucha, protección real. No discursos. No promesas. Políticas que se cumplan. Sistemas que funcionen.

Desde la Organización Todo En Uno hemos acompañado muchas transiciones hacia la jubilación. Algunas con alegría. Muchas con frustración. El problema no es solo estructural, es también cultural. Hemos creado una narrativa donde solo vale quien produce, quien factura, quien está activo. Y olvidamos que el valor del ser humano no se mide en productividad, sino en presencia. En experiencia. En el amor que ha dado, en los errores que ha transformado, en la historia que encarna.

Yo mismo, a mis 52 años, reflexiono cada día sobre el sentido de mi propia vejez futura. Y no pienso en dejar de trabajar, porque trabajo desde el alma. Pero sí pienso en la tranquilidad. En la dignidad. En saber que lo que he aportado se traduce en bienestar, no en incertidumbre. No quiero una pensión para dejar de vivir, sino para vivir con libertad. Y eso debería ser el horizonte de cualquier sistema justo.

La espiritualidad me ha enseñado que cada etapa de la vida tiene un sentido sagrado. La niñez, el juego. La juventud, la pasión. La adultez, la construcción. Y la vejez, la trascendencia. Pero para que eso sea posible, necesitamos un entorno que honre esas transiciones. Que cuide al que cuidó. Que devuelva al que entregó. Que abrace al que se acerca al final del camino sin convertirlo en un descarte social.

Lo que plantea Hugo Ricardo Mendieta en su artículo de LinkedIn no es una exageración. Es un llamado. Es una alarma que debería despertar no solo a los futuros pensionados, sino a todos los que creemos en un país más justo, más consciente, más humano. Porque si permitimos que se siga jugando con la pensión como se juega con las licitaciones o las reformas improvisadas, estamos hipotecando no solo el futuro financiero de millones, sino el alma misma de nuestra nación.

Este blog es una declaración. Pero también es una invitación. A revisar nuestros sistemas. A cuestionar nuestras prioridades. A dejar de ver la vejez como problema y empezar a verla como patrimonio. Porque no hay transformación real sin justicia intergeneracional. Y no hay justicia sin políticas que garanticen dignidad hasta el último aliento.

Si esta reflexión tocó algo en ti, compártela. Habla de esto en tu entorno. Y si eres una persona que está próxima a pensionarse o trabaja en el ámbito de la seguridad social, te invito a agendar una charla personalizada. Juntos podemos construir caminos más dignos.

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Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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