Uno de los conceptos equivocados sobre la inteligencia emocional es creer que el objetivo de desarrollarla es evitar que las situaciones que nos afectaron vuelvan a suceder.
Si, por ejemplo:
Un jefe se frustra porque su equipo de trabajo no va a la velocidad que le gustaría, entonces es probable que el líder espere que no se retrasen en el futuro.
Una madre se enoja porque su hijo no tiende la cama, entonces seguramente la mamá esperará que a partir de ese momento su hijo mantenga su cuarto ordenado.
Una persona se siente culpable por no haber terminado los pendientes que había programado para su día, entonces querrá empezar a cumplir con todo lo que se propone de ahora en adelante.
¿Suena bastante evidente, verdad?
El problema es que esa expectativa se aleja de la realidad, pues es muy probable que lo que ocurrió en el pasado vuelva a suceder en el futuro.
De hecho, siendo más específicos: lo que sucedió la semana pasada probablemente ocurra durante esta semana.
Esto quiere decir que, basándonos en los ejemplos anteriores:
El equipo avanzará a una velocidad distinta a la que al jefe le gustaría en, al menos, una ocasión y, posiblemente, en muchas más.
El hijo no tenderá su cama, tal vez al día siguiente sí; pero en los siguientes días habrá algunos en los que no lo haga.
La persona dejará pendientes sin cumplir. Por más que se esfuerce habrá días donde no podrá lograr todo lo que se propone.
Son múltiples razones por las que, por más que nos gustaría, aquello que no queremos que suceda, ocurrirá.
Una de ellas es porque, para empezar, no controlamos todo lo que nos rodean.
Otra razón es porque las personas actuamos a base de hábitos; los cuales toma tiempo cambiar.
Y, evidentemente, aun cuando logramos cambiar nuestros hábitos, siempre habrá un riesgo de "recaer" o, simplemente, olvidarnos.
En ese sentido, si nuestra expectativa es que las cosas que nos afectan no vuelvan a ocurrir, probablemente nos decepcionaremos una y otra vez.
No solo eso, la expectativa no cubierta hará que, con el tiempo, perdamos el control de nuestras emociones y reaccionemos de forma impulsiva.
Lo cual, a su vez, elevará la probabilidad de que las cosas que no nos gusten sigan ocurriendo.
Por esa razón, cuando hablo sobre inteligencia emocional, menciono que el objetivo no es que aquello que nos desequilibró desaparezca.
La meta es responder de manera diferente la próxima vez que aparezca.
Esto quiere decir que:
En lugar de preguntarnos, "¿cuándo será el día en que mi equipo avance como me gustaría?", podríamos preguntarnos "¿cómo puedo mantener la calma la próxima vez que perciba que están yendo lento para lograr comunicar lo que realmente me gustaría y lograr así un mejor entendimiento mutuo?".
En lugar de preguntarnos, "¿cuándo será el día que mi hijo tienda su cama sin que tenga que volver a repetírselo?", podríamos preguntarnos "¿de qué forma puedo responder la próxima vez que mi hijo no tienda su cama para fortalecer nuestro vínculo y elevar la probabilidad que - poco a poco - forme ese hábito?".
En lugar de preguntarnos, "¿cuándo será el día en que cumpla todo lo que me proponga?", podríamos preguntarnos "¿cómo puedo cambiar de perspectiva la próxima vez que sienta que no he avanzado lo suficiente para terminar el día con más satisfacción y, sobre todo, empezar el siguiente con energía?".
En pocas palabras, al reconocer que es probable que aquello que nos frustra vuelva a suceder, podremos:
Enfocar nuestra atención en lo que realmente podemos controlar, la forma en que respondemos cuando ocurre.
"¿Entonces siempre tendré que lidiar con aquello que me frustra?" - podrías preguntarte.
La respuesta, en mi opinión, tiene dos perspectivas.
Por un lado, en la medida en que respondamos de forma asertiva ante aquello que nos desequilibra, podemos tomar las decisiones, hacer las comunicaciones y realizar los cambios necesarios para que poco-a-poco deje de suceder o, al menos, suceda menos seguido.
Por otro lado, si bien, con el tiempo - y una correcta gestión emocional - podremos reducir algunas situaciones no deseadas; conforme crezcamos aparecerán nuevas de ellas en la vida. Es decir que, si bien los desafíos cambiarán, siempre existirán.
De ahí que, lejos de esperar que no sucedan, lo más importante es que podamos fortalecer nuestro equilibrio emocional para poder manejarlas de mejor forma.
De eso se trata realmente el equilibrio emocional.
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