El sistema inmunológico de los que juegan en el barro o en la
arena desde niños es más fuerte.
La
niña no puede jugar en la arenera ni andar descalza por el pasto; tiene que
estar lejos del barro, del polvo, del humo, del aire... Aunque esta pequeña es
un personaje de telenovela, no es irreal. De hecho, representa a miles de
menores de edad cuyos papás tienen una obsesión casi enfermiza con la limpieza.
Contrario
a lo que cabría esperarse de personas que viven alejadas de los gérmenes y la
contaminación, se enferman con facilidad y tienden a desarrollar alergias de
todo tipo. ¿Quiere eso decir que hay que permitirles a los niños tener contacto
con la suciedad?
John
Richer, psicólogo clínico y biólogo de la Universidad de Oxford, asegura que
"es normal que los papás se preocupen, porque muchas infecciones se
producen por patógenos presentes en objetos o superficies sucias; cosa distinta
es la obsesión por la limpieza que algunos desarrollan".
"Hay
que buscar un balance. Un padre quiere lo mejor para su hijo y, por eso, debe
entender que tiene que dejar que juegue, sin temor a que se ensucie. Solo así podrá
desarrollar mejor sus capacidades cognitivas y adaptarse mejor al mundo
real", afirma.
La
teoría higienista
Se
calcula que entre un 10 por ciento y un 25 por ciento de la población de los
países industrializados padece rinitis alérgica y, según la Organización
Mundial de la Salud (OMS), en todo el mundo 300 millones de personas tienen
asma, la enfermedad crónica más padecida en la infancia.
Se
trata de males que, según dos de las más importantes investigaciones hechas
sobre el tema (el European Community Respiratory Health Survey y el
International Study of Asthma and Allergies in Childhood), han aumentado globalmente
en los últimos 30 años.
"En
algunas familias, los abuelos no han tenido alergia, los padres han comenzado a
los 30 años y los hijos desde la infancia", le dijo hace poco al diario
español Público el médico alergista Jesús de Madrid Carmelo.
Para
tratar de explicar este fenómeno, y basados en numerosos estudios, un grupo de
científicos empezó a hablar desde 1989 de teoría higienista, según la cual
nuestro organismo estaba acostumbrado a luchar contra microbios, virus y
agentes patógenos, pero se ha desestabilizado por el consumo indiscriminado de
antibióticos y el exceso de higiene, incluso antes de cumplir el primer año de
vida.
Una
alergia es una reacción exagerada del sistema inmunológico al entrar en
contacto con alergenos, que son sustancias presentes en el ambiente. Existen
cientos de ellos, como los ácaros (en el polvo), el humo, el moho, la polución,
el polen y algunos químicos y alimentos.
"No
obstante, las defensas de los niños que desde pequeños han tenido contacto con
esos agentes no responden así cuando se los encuentran, los dejan pasar de
largo", explicó Richer.
Por
supuesto, para que una alergia se produzca también deben existir otros
factores, como el genético, pero el mundo científico ya coincide en que el caso
de un niño que siempre está limpio y no se enferma, es la excepción y no la
regla.
Jugar y untarse
Jugar y untarse
Jugar
y estar sucios no son dos cosas excluyentes. Y no tiene nada de malo que así
sea. Un estudio realizado por la firma TNS Quanta, encargado por Unilever,
reveló que al 70 por ciento de las madres en Colombia no les parece malo que
sus hijos se ensucien cuando juegan, pues "valoran el aprendizaje que
pueden tener cuando exploran el mundo y se untan de él".
"El
mundo real es sucio y los niños no aprenden cómo adaptarse y crecer en él sin
entrar en contacto con lo que los rodea; es decir, sin ensuciarse. Los padres
deben entender que los niños tienen un sistema de defensas fuerte",
concluye Richer.