Tener un bebé por presión social o por salvar una relación de pareja o hacerlo sin ser plenamente consciente de los cambios que va a representar en nuestra vida puede ser un grave error, que viviremos con desdicha y de manera irreversible. Antes de decidirte a ser madre, párate a reflexionar sobre algunas cuestiones clave y toma la decisión de la forma más consciente posible.

¿Estoy preparada para ser madre? ¿Es este el momento que estaba esperando? ¿Cómo sé que no voy a arrepentirme? Estas son algunas de las muchas dudas que nos acechan cuando nos preguntamos sobre una hipotética futura maternidad.
Y es que decidir ampliar la familia o ir a buscar un bebé no es, para nada, una cuestión trivial. Al contrario: debemos tener en cuenta que la llegada de un nuevo miembro totalmente dependiente va a poner nuestra vida totalmente patas arriba.
Por eso, es muy importante hacerse las preguntas clave antes de embarcarse en esta gran aventura, disfrutando al máximo de su cara más amable y minimizando la parte que puede resultarnos más desagradable. El objetivo es conseguir llegar a una conclusión meditada y muy consciente, que tenga en cuenta tanto factores físicos como mentales y emocionales.
Y que sea, ante todo, una resolución consensuada tomada desde la ilusión y el amor, y no desde la presión o el miedo.

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¿Lo deseo realmente?
La presión social que sentimos las mujeres, especialmente durante la década de los 30 a los 40, hace que muchas de nosotras acabemos haciendo aquello que creemos que se espera de nosotras, sin que sea lo que realmente deseamos.
Aunque exista un auténtico baby boom a tu alrededor, pregúntate: ¿quieres realmente tener un bebé en un futuro próximo? ¿O te lo estás planteando para satisfacer a tu pareja, a tus padres o a la presión social que sientes por el tic-tac de tu reloj biológico?
No olvides que traer una nueva vida va a impactar decididamente en la tuya y no habrá marcha atrás. Así que te conviene estar convencida de que eso es lo que realmente deseas, además de ser plenamente consciente de todo lo que la maternidad conlleva. Especialmente en lo que a tiempo de dedicación, energía y dinero se refiere, y a las renuncias que deberás hacer en todos estos ámbitos de tu vida.

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¿Disfruto de una relación de pareja sólida?
Si vas a compartir tu maternidad con otra persona, es imprescindible que, antes de tirarte a la piscina, evalúes el estado de la relación. A pesar del amor infinito que nos despiertan, estar a cargo de un bebé implica tomar y pactar constantemente decisiones importantes, cambiar en gran medida muchas de nuestras rutinas, dedicar tiempo, espacio y dinero al recién llegado y hacerlo todo con mucho más cansancio del habitual.
Por eso, en alguno o varios momentos, el cuidado de los pequeños puede llevar a la pareja al límite, de manera que es muy importante que el vínculo entre los miembros sea fuerte y estable, y capaz de superar este periodo física y emocionalmente tan exigente. En ese sentido, también es crucial que ambos progenitores deseen por igual al bebé y ninguno de los dos sienta que tira adelante esta decisión por satisfacer al otro. Además de tener claro y sentiros cómodos en la forma cómo os repartiréis las tareas relacionadas con la crianza.
En definitiva: si estás mal con tu pareja y crees que un hijo puede ayudaros a restablecer la relación, olvídalo. Nunca es así.

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¿Tengo espacio físico, mental y emocional para mi bebé?
Esta es una cuestión crítica. A veces soñamos con un hijo, pero no nos damos cuenta que nuestros horarios de trabajo están muy lejos de la conciliación familiar, que tenemos una agenda de compromisos sociales inacabables que no queremos soltar o que vivimos en un hogar pequeño, sin espacio para nadie ni nada más.
Si este es tu caso, párate un segundo y reflexiona profundamente: ¿si realmente lo deseas, hasta dónde estás dispuesta a cambiar? Si la respuesta es afirmativa, lo mejor que puedes hacer es empezar con los cambios antes de buscar el embarazo. De manera que, cuando realmente empieces la búsqueda, tu espacio físico, mental y emocional ya esté preparado para dar la bienvenida a tu futura criatura.

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¿Estamos bien de salud?
Entre los muchos factores que influyen en la fertilidad, sabemos que existen determinados hábitos que nos hacen más o menos fértiles. Y, a menos que sufras alguna enfermedad crónica, seguramente estará al alcance de tu mano cambiarlos: una alimentación saludable y bien equilibrada, la práctica regular de ejercicio físico, el descanso suficiente, la buena gestión del estrés, el contacto con la naturaleza, tomar cada día el sol por lo menos 15 minutos y una vida alejada de tóxicos como el tabaco, el alcohol o la contaminación ambiental mejorará nuestras posibilidades de concebir.
Sea como sea, es importante establecer un plan de preconcepción de al menos tres meses antes de empezar la búsqueda que incorpore todos estos hábitos y tal vez un chequeo ginecológico extra. No olvides que también es muy recomendable la suplementación con folato u otros productos que pueda recomendar el especialista en medicina reproductiva.
En ese sentido, el factor edad también puede ser decisivo.

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¿Me lo puedo permitir?
No nos engañemos: aunque el refrán dice que todos los niños llegan con un pan bajo el brazo, tener un hijo o una hija implica un extra de gastos que alterarán tu economía familiar y que debes poder prever y afrontar sin sufrir.
Por supuesto, hay muchas cosas que te podrán dejar prestadas tus familiares o amigos, que podrás comprar de segunda mano o que te regalarán. Pero sí o sí el gasto familiar va a aumentar en los próximos años, así que es importante hacer el ejercicio realista de determinar si vas a poder o no permitírtelo, o bien a qué estás dispuesta a renunciar para poder asumir esta nueva carga.
Si estás en el paro o pasáis por un mal momento económico, tal vez este no sea el momento más adecuado para tener un bebé.