Mi percepción a medida que vivo, es que no hay años malos; hay
años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son.
Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más
que ver con cuánto fuimos capaces de amar, perdonar, reír, aprender cosas
nuevas, haber desafiado nuestros egos y apegos. Por eso, no
debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos
son sólo instancias de aprendizaje.
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas y situaciones, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo; "Ser feliz es una decisión", no nos olvidemos de eso.
Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año 2016 porque estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas:
A aprender a amar
A dejar huella
A ser felices
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
Aprender a amar la responsabilidad, como instancia de crecimiento.
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas y situaciones, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo; "Ser feliz es una decisión", no nos olvidemos de eso.
Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año 2016 porque estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas:
A aprender a amar
A dejar huella
A ser felices
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
Aprender a amar la responsabilidad, como instancia de crecimiento.
El trabajo sea remunerado o no, dignifica tanto el alma como el
espíritu y nos hace bien a nuestra salud mental. El significado del
cansancio es visto como algo negativo, de lo cual debemos deshacernos y no como
el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo
mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos, para dormir
tenemos siglos después.
Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero.
Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero.
Quizás en el 2016 deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo
que debemos, con placer, decir que estamos felizmente agotados y así poder amar
más y mejor.
Cultivar el desarrollo de la fuerza de voluntad.
Este maravilloso talento de poder esperar y de postergar
gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Este es el gran
elemento a educar no sólo el 2016, sino durante todo el resto de nuestras
vidas.
Es dentro de todo este trabajo, que nos debiéramos concentrar en:
Es dentro de todo este trabajo, que nos debiéramos concentrar en:
Sentarnos en la mesa
en familia, mínimo una vez a la semana, ojalá pudiera ser todos los días.
Mientras estemos comiendo, apagar los televisores, y no contestar teléfonos. Sentir que los únicos ruidos que se escuchen sean los de nuestras voces.
Tratarnos bien como país, amigos, familia, saludarnos en los ascensores, a los guardias, los conductores de los buses, sonreír por lo menos una vez al día; pero sobre todo amarnos a nosotros mismos.
Crear dentro de
nuestras casas, u hogares, cierto desorden que acuse que ahí hay
vida. Para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y
hasta manchados. Nuestras casas, independientemente de
nuestros recursos, se están volviendo demasiado perfectas, tanto que pareciera
que nadie puede vivir adentro.
Tengamos
contacto con la naturaleza, juguemos, riamos y démonos el tiempo de compartir
con los abuelos, imprimámosles las fotos para que las vean como a ellos les
gusta y disfrutemos de su sabiduría. Acostumbremos a nuestros hijos a
compartir con ellos, así entenderán sus historias.
Tratar de crecer en lo
espiritual, cualquiera sea nuestra visión al respecto. La trascendencia y el
darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia del nuevo
siglo: la inteligencia espiritual.
Dosifiquemos la
tecnología, fomentemos la conversación, los juegos "antiguos", los
encuentros familiares, con amigos, en casa. Valoremos la intimidad, el
calor y el amor dentro de nuestras familias.
Si logramos trabajar en estos puntos, o por lo menos el
intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los
problemas, pero nos hace entender que la única diferencia con las personas
felices, no tiene que ver con los problemas que tengamos, sino con la “actitud”
con la cual enfrentaremos lo que nos toque.
Este nuevo año, vendrá con todo lo necesario para disfrutarlo al máximo; lo bueno, malo, bonito y lo feo; acojámoslo con amor, gratitud y con el alma abierta a todo lo que tendremos que aprender de él.
Este nuevo año, vendrá con todo lo necesario para disfrutarlo al máximo; lo bueno, malo, bonito y lo feo; acojámoslo con amor, gratitud y con el alma abierta a todo lo que tendremos que aprender de él.
CONVERSANDO CON DIOS EN EL NUEVO AÑO
Señor, al empezar este nuevo año, quiero encontrarme contigo despacio y con calma. Son pocas las veces que lo hago. Tú sabes que ya no acierto a orar. He olvidado aquellas oraciones que me enseñaron de niño y no he aprendido a hablar contigo de otra manera más viva y concreta.
Señor, en realidad, ya no sé cuánta es mi fe en Ti. Han pasado tantas cosas en estos años. ¡Me ha cambiado tanto la vida y he envejecido tanto por dentro!... Yo quisiera sentirte más vivo y más cercano. Eso me ayudaría a creer más en Ti. Pero me resulta todo tan difícil... Y, sin embargo, Señor, yo te necesito. A veces me siento muy mal dentro de mí. Van pasando los años y siento el desgaste de la vida. Por fuera todo parece funcionar bien: la familia, los amigos, el trabajo, los negocios. Cualquiera me envidiaría. Pero yo no me siento bien.
Ya ha pasado un año más. Comenzamos un año nuevo, pero yo sé que todo seguirá igual. Los mismos problemas, y las mismas preocupaciones. Y así, ¿hasta cuándo? ¡Cuánto desearía poder renovar mi vida desde dentro! Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza diferente para vivir cada día. Cambiar, ser mejor conmigo mismo y con todos. Pero la experiencia me dice que no puedo esperar grandes cambios. Estoy tan acostumbrado a un estilo de vida, que ni yo mismo creo demasiado en mi transformación.
Por otra parte, Tú sabes cómo me dejo arrastrar por la agitación de cada día. Tal vez por eso no me encuentro casi nunca contigo. Tú estás dentro de mí y yo ando casi siempre fuera de mí mismo. Tú estás conmigo y yo ando perdido en mil cosas. Si al menos te sintiera como mi mejor amigo... A veces pienso que eso lo cambiaría todo. Qué alegría si yo no te tuviera esa especie de temor que no sé de dónde brota, pero que me distancia tanto de Ti...
Señor, graba bien en mi corazón que Tú hacia mí sólo puedes sentir amor y ternura. Recuérdame desde dentro, que Tú me aceptas tal y como yo soy, con mi mediocridad y mi pecado, y que me quieres incluso aunque no cambie. Señor, se me va pasando la vida, y a veces, pienso que mi gran pecado es no terminar de creer en Ti y en Tu Amor.
FELIZ AÑO 2016