Simple, en los polvos lo que cuenta es el disfrute y el resto es utilería.
A la cama se va a lo que se va y punto. Eso requiere de una serie de herramientas que al faltar lo único que logran es un inatajable impulso de vestirse, abandonar el escenario y dar por chuleada la experiencia.
Para que la faena empiece bien sobre el catre deben estar las ganas, el gusto, las hormonas, las erecciones y, como es natural, una contraparte con el mismo equipaje. Lo demás son condimentos que pueden dar sabor, pero jamás producir placer genuino.
Me refiero al buen humor, a los detalles, al amor, a la ternura, entre otros elementos, que por muchos son calificados como prioritarios e imprescindibles a la hora del polvo. Mentirosos, digo yo, porque estos elementos, por sí solos, aparte de sustentar encuestas tontas y estudios flojos, no alcanzan ni para un gemido.
No conozco una sola publicación en la que la gente deje el falso pudor y ponga las ganas como el primer factor para querer acostarse con otro. Y nunca ponen como requisito que no sea impotente o frígida o apático. Nada de eso. Ellas buscan buen humor y ellos, ternura y feminidad. ¡Mentirosos!, reitero.
Un tipo puede ser divertido pero eso no compensa un asta frágil que por el contrario puede producir risa o, por tierna que sea una mujer, esa cualidad no le alcanza para remontar una anorgasmia.
Simple, en los polvos lo que cuenta es el disfrute y el resto es utilería.
Segura estoy de que a esta altura muchos dirán que esto no es cierto y que el amor es el motor que enciende la planta baja, respetable y romántico concepto, pero la evidencia muestra que los malos polvos apagan cualquier amor.