La intimidad pública en redes sociales acaba con millones de relaciones. Expertos nos cuenta cómo ser cautos y sacar provecho de estas plataformas, para estimular el romance.
La tecnología se ha convertido en una cuestión de cotidianidad irrenunciable para muchos. Los dispositivos móviles, las diversas aplicaciones de mensajería instantánea y las redes sociales, en conjunción con Internet, han permitido una conectividad, interacción e inmediatez en las relaciones personales jamás vista hasta el momento. Esto ha provocado una irremediable transformación en el modo en el que los seres humanos nos relacionamos en la actualidad.
“El futuro de la tecnología amenaza con destruir todo lo que es humano en el hombre, pero la tecnología no alcanza la locura, y en ella es donde lo humano del hombre se refugia”. Así se expresaba la escritora brasilera Clarice Lispector (1920-1977), mucho antes del surgimiento de plataformas propias de la Web 2.0, como Facebook.
“Las recientes plataformas en la red significan un aprovechamiento cada vez mayor de la ‘inteligencia colectiva’, donde todos aportan y se benefician de sus usos y aplicaciones”, afirma José Daniel Puche, psiquiatra especializado en temas de programación neurolingüística, inteligencia emocional y psicología transpersonal. Sin embargo, para Puche, del mismo modo que “las nuevas tecnologías nos acercan a quienes se encuentran lejos, nos alejan de quienes se encuentran cerca”.
De similar opinión es la psicóloga Carolina Botero, para quien la interacción con la pareja es mucho mayor en la actualidad debido al avance tecnológico. Sin embargo, la calidad de esa comunicación no necesariamente ha mejorado. “Las personas le reportan a su pareja todo lo que hacen y todos sus pensamientos por esos medios, por lo que cuando se produce el encuentro personal, les queda poco de novedoso por compartir”, asegura.
En la actualidad, la vida privada y la pública suelen confundirse y se publica en las redes sociales más de lo que se debería. De hecho, estas tecnologías permiten conocer aspectos muy íntimos de las personas que antes se mantenían en privado y que pueden ser usados para chantajear, acosar, dañar la reputación y causar mucho daño a la pareja”, dice Carolina Botero.
Una consecuencia de la aparición de las plataformas y aplicaciones que promueven la hiperconectividad es su “capacidad de magnificar determinadas emociones y comportamientos en las personas tendientes a la inseguridad, a los celos y a las obsesiones”, indica el doctor Puche.
El aspecto emocional de la comunicación, que se refleja especialmente de forma no verbal a través de gestos, silencios y aspectos paralingüísticos se dificulta a través de estos medios, ya que solo observamos textos, algunas veces fotos, pero la comunicación es incompleta. Esto puede llevar a deficiencias en la comunicación, interpretaciones erróneas, y malos entendidos. A su vez, estos medios pueden ser usados para exhibir la propia intimidad e invadir la vida privada de los otros”, asegura Carolina Botero.
Pero no todo lo que ofrece Internet y la mensajería instantánea genera tanta controversia. “Para aquellos con dificultad de relación directa por un grado importante de introversión, tiene la ventaja de aumentar el número de personas a contactar. También permite mantener la 'cercanía' con quienes tenemos pocas opciones de encontrarnos”. De hecho, un uso equilibrado de la Web 2.0 y los dispositivos móviles puede ser un gran aliado para “construir, consolidar y mantener relaciones de pareja estables y de alta calidad”, concluye.
Tips para evitar conflictos con la pareja debido a las nuevas tecnologías:
1. Ser cauto con la información que se comparte. La intimidad que uno practica en su vida real con respecto al devenir de los sucesos de su día a día, de sus emociones o acontecimientos no debería ser diferente a la que pone en práctica en Internet. De hecho, la exposición pública a la que están sometidas las informaciones una vez se comparten en este medio es mayor. Lo mismo ocurre con la repercusión que puedan acarrear y la falta de control de sus consecuencias.
2. No ampararse en Internet para hacer cosas que no se harían en la vida presencial. Las nuevas tecnologías son una realidad con la que hay que convivir. De allí que las reglas o normas por las que una persona rige su cotidianidad no deberían diferir de las que asume para gestionar su vida virtual.
3. No renunciar a la intimidad personal. Esto implica no facilitar a su pareja las claves y contraseñas de las plataformas de Internet en las que uno participa. Las redes sociales permiten acceder a mucha información descontextualizada y fácil de malinterpretar por alguien que no conozca todos los datos. La confianza debe ser el sustento de la relación. Por ese motivo, si compartir los acontecimientos de la vida de forma sincera y franca es una práctica habitual en la pareja, la misma actitud debería imperar en Internet con los sucesos que allí se desarrollan, respetando el espacio personal de cada uno. Es importante no confundir confianza y sinceridad con ser condescendiente con el control y la represión.
4. Ser precavido con quien se acepta en las redes sociales. Internet se erige como un espacio que permite una acumulación de amigos excesiva y cuya intención no siempre es saludable. Del mismo modo que uno no deja entrar a todo el mundo en su vida, ni comparte su intimidad con cualquiera, esta lógica debería prevalecer también en las redes sociales.
5. No volverse obsesivo con el perfil de la pareja en las redes sociales. Evitar estar pendiente constantemente del perfil de la persona con la que se mantiene una relación y de cada movimiento que este haga en la red. También rehusar a controlar de forma malsana las amistades que le escriben públicamente y de las que no se tiene conocimiento, especialmente si se percibe que esta acción se refuerza cuando la persona que se manifiesta en el wall de la pareja es de nuestro mismo género. Los celos no son buenos aliados, ni en la vida real, ni en la virtual.
6. No hacer de los conflictos con la pareja algo público. Los platos sucios deben lavarse en casa, no hacerse públicos ni airearse en la red. Evitar volcar los desahogos y las imprudencias en las redes sociales, a pesar de que en un primer momento puedan parecer liberadores.
7. Dedicar más tiempo en cuidar la relación en la vida real que en la virtual. Fomentar en exceso el contacto con la pareja a través de Internet puede provocar el descuido de la vida que ambos comparten en la realidad y generar un distanciamiento. En algunos casos, los miembros de la relación olvidan cómo comunicarse cara a cara o hacen más frágil su interacción. Es recomendable encontrar el equilibrio entre las horas que se dedican a la pareja y a navegar por Internet.
“El futuro de la tecnología amenaza con destruir todo lo que es humano en el hombre, pero la tecnología no alcanza la locura, y en ella es donde lo humano del hombre se refugia”. Así se expresaba la escritora brasilera Clarice Lispector (1920-1977), mucho antes del surgimiento de plataformas propias de la Web 2.0, como Facebook.
“Las recientes plataformas en la red significan un aprovechamiento cada vez mayor de la ‘inteligencia colectiva’, donde todos aportan y se benefician de sus usos y aplicaciones”, afirma José Daniel Puche, psiquiatra especializado en temas de programación neurolingüística, inteligencia emocional y psicología transpersonal. Sin embargo, para Puche, del mismo modo que “las nuevas tecnologías nos acercan a quienes se encuentran lejos, nos alejan de quienes se encuentran cerca”.
De similar opinión es la psicóloga Carolina Botero, para quien la interacción con la pareja es mucho mayor en la actualidad debido al avance tecnológico. Sin embargo, la calidad de esa comunicación no necesariamente ha mejorado. “Las personas le reportan a su pareja todo lo que hacen y todos sus pensamientos por esos medios, por lo que cuando se produce el encuentro personal, les queda poco de novedoso por compartir”, asegura.
En la actualidad, la vida privada y la pública suelen confundirse y se publica en las redes sociales más de lo que se debería. De hecho, estas tecnologías permiten conocer aspectos muy íntimos de las personas que antes se mantenían en privado y que pueden ser usados para chantajear, acosar, dañar la reputación y causar mucho daño a la pareja”, dice Carolina Botero.
Una consecuencia de la aparición de las plataformas y aplicaciones que promueven la hiperconectividad es su “capacidad de magnificar determinadas emociones y comportamientos en las personas tendientes a la inseguridad, a los celos y a las obsesiones”, indica el doctor Puche.
El aspecto emocional de la comunicación, que se refleja especialmente de forma no verbal a través de gestos, silencios y aspectos paralingüísticos se dificulta a través de estos medios, ya que solo observamos textos, algunas veces fotos, pero la comunicación es incompleta. Esto puede llevar a deficiencias en la comunicación, interpretaciones erróneas, y malos entendidos. A su vez, estos medios pueden ser usados para exhibir la propia intimidad e invadir la vida privada de los otros”, asegura Carolina Botero.
Pero no todo lo que ofrece Internet y la mensajería instantánea genera tanta controversia. “Para aquellos con dificultad de relación directa por un grado importante de introversión, tiene la ventaja de aumentar el número de personas a contactar. También permite mantener la 'cercanía' con quienes tenemos pocas opciones de encontrarnos”. De hecho, un uso equilibrado de la Web 2.0 y los dispositivos móviles puede ser un gran aliado para “construir, consolidar y mantener relaciones de pareja estables y de alta calidad”, concluye.
Tips para evitar conflictos con la pareja debido a las nuevas tecnologías:
1. Ser cauto con la información que se comparte. La intimidad que uno practica en su vida real con respecto al devenir de los sucesos de su día a día, de sus emociones o acontecimientos no debería ser diferente a la que pone en práctica en Internet. De hecho, la exposición pública a la que están sometidas las informaciones una vez se comparten en este medio es mayor. Lo mismo ocurre con la repercusión que puedan acarrear y la falta de control de sus consecuencias.
2. No ampararse en Internet para hacer cosas que no se harían en la vida presencial. Las nuevas tecnologías son una realidad con la que hay que convivir. De allí que las reglas o normas por las que una persona rige su cotidianidad no deberían diferir de las que asume para gestionar su vida virtual.
3. No renunciar a la intimidad personal. Esto implica no facilitar a su pareja las claves y contraseñas de las plataformas de Internet en las que uno participa. Las redes sociales permiten acceder a mucha información descontextualizada y fácil de malinterpretar por alguien que no conozca todos los datos. La confianza debe ser el sustento de la relación. Por ese motivo, si compartir los acontecimientos de la vida de forma sincera y franca es una práctica habitual en la pareja, la misma actitud debería imperar en Internet con los sucesos que allí se desarrollan, respetando el espacio personal de cada uno. Es importante no confundir confianza y sinceridad con ser condescendiente con el control y la represión.
4. Ser precavido con quien se acepta en las redes sociales. Internet se erige como un espacio que permite una acumulación de amigos excesiva y cuya intención no siempre es saludable. Del mismo modo que uno no deja entrar a todo el mundo en su vida, ni comparte su intimidad con cualquiera, esta lógica debería prevalecer también en las redes sociales.
5. No volverse obsesivo con el perfil de la pareja en las redes sociales. Evitar estar pendiente constantemente del perfil de la persona con la que se mantiene una relación y de cada movimiento que este haga en la red. También rehusar a controlar de forma malsana las amistades que le escriben públicamente y de las que no se tiene conocimiento, especialmente si se percibe que esta acción se refuerza cuando la persona que se manifiesta en el wall de la pareja es de nuestro mismo género. Los celos no son buenos aliados, ni en la vida real, ni en la virtual.
6. No hacer de los conflictos con la pareja algo público. Los platos sucios deben lavarse en casa, no hacerse públicos ni airearse en la red. Evitar volcar los desahogos y las imprudencias en las redes sociales, a pesar de que en un primer momento puedan parecer liberadores.
7. Dedicar más tiempo en cuidar la relación en la vida real que en la virtual. Fomentar en exceso el contacto con la pareja a través de Internet puede provocar el descuido de la vida que ambos comparten en la realidad y generar un distanciamiento. En algunos casos, los miembros de la relación olvidan cómo comunicarse cara a cara o hacen más frágil su interacción. Es recomendable encontrar el equilibrio entre las horas que se dedican a la pareja y a navegar por Internet.