Doce campanadas, que parecieran marcar los latidos del corazón
de un nuevo año, recuerdos que recorrer para los que nostálgicamente evocan
momentos vividos en el año que cierra, reflexiones que realizar para los que
conscientemente asumen el aprendizaje a integrar de las experiencias vividas,
momento sólo de diversión para los que un fin de año es una tradición que hay
que celebrar.
Así vamos caminando año tras año en este transitar interminable
que es la vida, pluralistas en nuestros diversos enfoques, aprendiendo unos de
otros y atravesando por los mismos pasajes, unos primero y otros después, para
reencontrarnos siempre en un mismo punto de partida, el inicio de una nueva
etapa, de un nuevo ciclo, en el cual debemos poner en práctica lo que vamos
integrando, lo que nos prepara para enfrentar las nuevas experiencias que con
toda seguridad estarán a la altura de lo ya aprendido y aunque aparenten ser
más difícil ellas sólo nos estarán recordando ¡que ya estamos preparados para
enfrentarlo!
Cambiar paradigmas, agradecer el presente por lo que alcanzamos
y por lo que aun no ha llegado, mantener la conciencia plena de que la realidad
es relativa para los ojos de quien la crea puede marcar la diferencia entre el
que siente el cansancio de los años recorridos y aquel que con el entusiasmo y
la alegría de un niño espera cada año como una oportunidad para empezar a
vivir!!!