Usted puede hacer de su hogar un lugar donde las reacciones frente a la
vida no se conviertan siempre en un problema emocional, familiar o médico.
Vivir con una pareja, decidir tener hijos, quedar en embarazo, trabajar,
criar a los niños y sacar adelante a una familia son todas vivencias que
generan estrés, pero ojo, no todo el estrés es malo y muchas veces es fácil
controlarlo.
¿Qué es entonces el estrés? Es un proceso de adaptación que vive el ser
humano cuando se enfrenta a una situación que demanda una respuesta específica;
esa conducta activa el cerebro y el organismo para actuar.
Es decir, es una reacción natural frente a los procesos de cambio, y es
positivo o necesario porque nos mantiene alerta y activos, y nos ayuda a
desarrollar nuestra creatividad e inteligencia para adaptarnos a las
situaciones que la vida nos presenta, señala el doctor Vicente Ramírez
González, médico cirujano y conferencista en temas de sanación.
Por ejemplo, “cuando nos enfrentamos a tener que llegar a tiempo a una
cita o al trabajo y vemos que hay tráfico, aumenta nuestra activación cognitiva
y necesitamos pensar en posibles soluciones y atajos. En último extremo,
podemos bajar del taxi y salir corriendo; para eso, necesitamos activar
nuestros músculos y que se produzcan cambios fisiológicos que generen energía
para que nuestra conducta sea más rápida”, explica Antonio Cano Vindel,
presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés
(Seas) y catedrático de psicología en la Universidad Complutense de Madrid. El
estrés es un proceso biológico, psicológico y conductual. La primera
característica se refiere a los mecanismos que ayudan a una mejor adaptación
del entorno; es sicológico porque el proceso depende de cómo interpretemos las
demandas del ambiente y conductual porque el individuo presenta cambios en su
conducta.
Principales causas
Todas las tareas generan estrés, pero su estímulo es subjetivo, pues depende de cómo las afronte cada persona, cuál es la forma de percibir la situación y las experiencias previas vividas. Según la sicóloga Laura Marconi, coordinadora clínico-administrativa del Servicio de atención sicológica de la Universidad Nacional de Colombia, “el estado de estrés no se presenta según la situación, sino en la forma como cada persona lo asume, interpreta y enfrenta”.
Todas las tareas generan estrés, pero su estímulo es subjetivo, pues depende de cómo las afronte cada persona, cuál es la forma de percibir la situación y las experiencias previas vividas. Según la sicóloga Laura Marconi, coordinadora clínico-administrativa del Servicio de atención sicológica de la Universidad Nacional de Colombia, “el estado de estrés no se presenta según la situación, sino en la forma como cada persona lo asume, interpreta y enfrenta”.
Sin embargo, hay situaciones que pueden activar más el estrés. En orden
de gravedad descendente, explica el doctor Ramírez, pueden ser: muerte del
cónyuge, ruptura matrimonial, problemas con la justicia, la muerte de un
familiar cercano, la enfermedad, el matrimonio, perder el trabajo y cambio de
lugar de vivienda.
“El núcleo familiar, desde que inicia, tiene miles de exigencias. El
primer paso es adaptarse a una pareja. Después, la decisión y planeación, que
casi nunca se tiene, de tener hijos. El momento en que se decide tenerlos,
afrontar el embarazo o un nacimiento”, explica Adriana Torres, sicóloga clínica
del Servicio de atención sicológica de la Universidad Nacional de Colombia.
Por ejemplo, en España, Dice Cano Vindel, existen problemas de estrés e
infertilidad: “Cuando una pareja decide tener un bebé y ve que no obtiene el
embarazo, se estresan. Hasta el punto que algunas parejas solo pueden concebir
cuando han decidido renunciar a tener un bebé. Sin presión, se produce el
embarazo”.
Sin duda, también se pueden presentar factores estresores en el embarazo.
El deseo de que tanto la mujer como su hijo estén bien durante el proceso, cómo
cuidar del pequeño que viene en camino y la responsabilidad de responder
económicamente. También se suman los cambios fisiológicos, la variación en la
salud, el momento del parto y las capacidades físicas y emocionales que tiene
la madre para poder tenerlo.
Muchas investigaciones hablan sobre la incidencia que puede tener el
estrés en la gestación. “Hay muchas a nivel hormonal; algunas, de mutaciones
genéticas (con baja probabilidad). Pero algunas investigaciones señalan que el
niño puede tener algún tipo de alteración comportamental, como déficit de
atención o hiperactividad. Aunque si el niño sufre esa patología, no
necesariamente significa que la
mamá sufrió de estrés durante el embarazo”, explica la sicóloga Marconi.
mamá sufrió de estrés durante el embarazo”, explica la sicóloga Marconi.
Los altos niveles de estrés generan alta producción de cortisona,
sustancia relacionada con la irrigación que pueda recibir el bebé; por ende,
puede afectar su salud. No obstante, cabe aclarar que no necesariamente si la
gestante tuvo estrés, el bebé también lo vaya a sufrir.
En la crianza...
Está documentado que las personas que tienen niños pequeños sienten más estrés que las que no están criando. Es así porque los pequeños generan más demandas que los adultos. Estas, muchas veces, recaen en la mujer, indica el docente español. Hoy en día, las madres han hecho un gran esfuerzo por tener su propia demanda laboral e independencia económica; además, han aumentado las separaciones y los divorcios; de otro lado, tienen la doble jornada de atender su casa y su familia. Por lo tanto, se sobrecargan. Los adultos no son los únicos que se estresan. Es común que los niños ahora realicen diversas actividades al mismo tiempo. “Tienen casi 8 o 10 horas de actividad escolar y extraescolar y cada vez tienen menos tiempo para descansar o jugar. También están siendo
víctimas de las nuevas tecnologías”, explica Antonio Cano.
Está documentado que las personas que tienen niños pequeños sienten más estrés que las que no están criando. Es así porque los pequeños generan más demandas que los adultos. Estas, muchas veces, recaen en la mujer, indica el docente español. Hoy en día, las madres han hecho un gran esfuerzo por tener su propia demanda laboral e independencia económica; además, han aumentado las separaciones y los divorcios; de otro lado, tienen la doble jornada de atender su casa y su familia. Por lo tanto, se sobrecargan. Los adultos no son los únicos que se estresan. Es común que los niños ahora realicen diversas actividades al mismo tiempo. “Tienen casi 8 o 10 horas de actividad escolar y extraescolar y cada vez tienen menos tiempo para descansar o jugar. También están siendo
víctimas de las nuevas tecnologías”, explica Antonio Cano.
Además, la familia moderna está cada vez más desestructurada. Hay más
separaciones, y eso puede producir estrés en los pequeños.
Cada día se hace más evidente y preocupante la presencia de enfermedades que anteriormente eran casi exclusivas de adultos y que empiezan a manifestarse en los niños, incluso a una edad más temprana, afirma el doctor, como las alergias.
Cada día se hace más evidente y preocupante la presencia de enfermedades que anteriormente eran casi exclusivas de adultos y que empiezan a manifestarse en los niños, incluso a una edad más temprana, afirma el doctor, como las alergias.
“La violencia, los desastres naturales, la escasez de alimentos, el caos
en que vivimos afectan en primer lugar a los más vulnerables;
desafortunadamente, los niños”, agrega. También influye la vida tan acelerada
que se ha impuesto.
¿Cuándo no es sano?
Cuando el ser humano no tiene suficientes recursos para manejar una situación y hay un desajuste en el ámbito familiar, laboral o personal, y este afecta además su salud.
Cuando el ser humano no tiene suficientes recursos para manejar una situación y hay un desajuste en el ámbito familiar, laboral o personal, y este afecta además su salud.
Según el médico cirujano Ramírez, los expertos en el tema han
clasificado, en tres fases, la forma como el organismo responde al estrés:
Fase A. Alarma: todas las facultades físicas, mentales y emocionales se encuentran en un estado de movilización general, pero sin afectar el adecuado funcionamiento de algún sistema orgánico en particular.
Fase B. Adaptación o resistencia: el organismo se habitúa al estímulo
desencadenante del estrés, y responde la función fisiológica o el órgano que
está mejor capacitado para suprimirlo.
Fase C. Agotamiento: el problema surge cuando el estímulo desencadenante del estrés es demasiado intenso o prolongado y sobrepasa nuestra capacidad de respuesta. La energía necesaria para resolver la situación es limitada, entonces el órgano o la función encargada se vence y se deteriora la salud.
Una familia relajada
Para vivir en un hogar tranquilo, los expertos aconsejan:
• Aceptar e identificar los problemas.
• Tener claro cuáles son los objetivos más importantes de cada familia; todas son diferentes.
• Tener diálogo y comunicación abierta.
• La risa, descansar o dormir son pausas que ayudan a recuperar el ritmo y el cauce de los eventos.
• Cumplir normas. Según lo pactado o prometido, definir claramente los derechos y deberes.
• Identificar los límites para evitar trasgredirlos.
• Equilibrar las actividades: trabajo, juego, descanso, silencio y diálogo.
• Compartir espacios al aire libre.
• Hacer un reparto equitativo de tareas en el hogar.
• Dormir al menos 8 horas diarias. Los niños tienen rutinas, según la edad.
• Tener horarios y alimentación ordenada.
• Puede ser útil practicar una actividad que brinde bienestar: deporte, oración, meditación, música, caminar, tener contacto con la naturaleza, encontrar un hobbie o compartir con los amigos. Incluso, tener sesiones en un spa de musicoterapia, aromaterapia, hidroterapia o masajes.
• En los niños, en gran parte, el estrés es generado por sus padres. En este caso, se debe evaluar cuáles son las actividades que están afectando al pequeño y equilibrarlas.
• Generalmente, lo que un niño necesita es una familia estructurada. Recuerde siempre: el respeto y los valores no se negocian.
• Intentar ver lo positivo detrás de lo negativo.
• Despreocuparse por las cosas que usted no puede controlar.
• Tener claro cuáles son los objetivos más importantes de cada familia; todas son diferentes.
• Tener diálogo y comunicación abierta.
• La risa, descansar o dormir son pausas que ayudan a recuperar el ritmo y el cauce de los eventos.
• Cumplir normas. Según lo pactado o prometido, definir claramente los derechos y deberes.
• Identificar los límites para evitar trasgredirlos.
• Equilibrar las actividades: trabajo, juego, descanso, silencio y diálogo.
• Compartir espacios al aire libre.
• Hacer un reparto equitativo de tareas en el hogar.
• Dormir al menos 8 horas diarias. Los niños tienen rutinas, según la edad.
• Tener horarios y alimentación ordenada.
• Puede ser útil practicar una actividad que brinde bienestar: deporte, oración, meditación, música, caminar, tener contacto con la naturaleza, encontrar un hobbie o compartir con los amigos. Incluso, tener sesiones en un spa de musicoterapia, aromaterapia, hidroterapia o masajes.
• En los niños, en gran parte, el estrés es generado por sus padres. En este caso, se debe evaluar cuáles son las actividades que están afectando al pequeño y equilibrarlas.
• Generalmente, lo que un niño necesita es una familia estructurada. Recuerde siempre: el respeto y los valores no se negocian.
• Intentar ver lo positivo detrás de lo negativo.
• Despreocuparse por las cosas que usted no puede controlar.
Datos curiosos
• De 75 a 90 por ciento de todas las consultas médicas de los adultos
están vinculadas en forma directa o indirecta con el estrés.
• 89 por ciento de los adultos aseguran experimentar altos niveles de estrés.
• Una de cada cuatro personas sufre de insomnio, asociado al estrés; las mujeres más que los hombres.
• Los adultos, en promedio, se ríen solo 15 veces al día; mientras que los niños,
unas 400.
• Entre 28 y 30 por ciento de los trabajadores europeos tienen niveles de estrés laboral que califican de ser habituales en su trabajo, indica Antonio Cano Vindel.
• Según estudios de la OMS, indica el catedrático, los niños que han vivido situaciones graves y difíciles (huérfanos, violados, abusados, etc.) presentan mayor riesgo de tener afecciones físicas, como dolor de cabeza o, incluso, depresión en la adultez.
• 89 por ciento de los adultos aseguran experimentar altos niveles de estrés.
• Una de cada cuatro personas sufre de insomnio, asociado al estrés; las mujeres más que los hombres.
• Los adultos, en promedio, se ríen solo 15 veces al día; mientras que los niños,
unas 400.
• Entre 28 y 30 por ciento de los trabajadores europeos tienen niveles de estrés laboral que califican de ser habituales en su trabajo, indica Antonio Cano Vindel.
• Según estudios de la OMS, indica el catedrático, los niños que han vivido situaciones graves y difíciles (huérfanos, violados, abusados, etc.) presentan mayor riesgo de tener afecciones físicas, como dolor de cabeza o, incluso, depresión en la adultez.
¿Cómo reconocer el estrés negativo?
• La persona activada empieza a tener dificultades para descansar o dormir. Una señal de estrés puede ser el insomnio.
• Agotamiento y cansancio crónico.
• Se pueden generar estados negativos como irritabilidad, enojo y tristeza.
• Cambios en los pensamientos, emociones y conducta que pueden perjudicar el rendimiento y afectar la salud, tanto física como mental. Por ejemplo, “una persona estresada tiende a tener muchas preocupaciones. Está siempre anticipando problemas y continuamente procesando información amenazante; suele estar muy nerviosa y preocupada. Tiene menos tiempo para el ocio y las relaciones sociales”, señala Antonio Cano Vindel.
• El cuerpo experimenta cambios por la activación que generan síntomas de trastornos médicos. (Digestivos, cardiovasculares, problemas en la piel y dolor de cabeza son los más comunes). Cada persona reacciona de forma diferente.
• Según el doctor Ramírez, los niños tienen manifestaciones un poco diferentes al estrés de los adultos: temores a la hora de dormir, dificultad para levantarse en la madrugada, distracción y falta de atención, alergias, infecciones repetitivas, diarrea o molestias gastrointestinales, agresividad ante eventos insignificantes, problemas para socializar, poca tolerancia a la frustración y alta competitividad. Todas estas situaciones deben ser evaluadas inicialmente por el pediatra o el sicólogo, según el caso.
• La persona activada empieza a tener dificultades para descansar o dormir. Una señal de estrés puede ser el insomnio.
• Agotamiento y cansancio crónico.
• Se pueden generar estados negativos como irritabilidad, enojo y tristeza.
• Cambios en los pensamientos, emociones y conducta que pueden perjudicar el rendimiento y afectar la salud, tanto física como mental. Por ejemplo, “una persona estresada tiende a tener muchas preocupaciones. Está siempre anticipando problemas y continuamente procesando información amenazante; suele estar muy nerviosa y preocupada. Tiene menos tiempo para el ocio y las relaciones sociales”, señala Antonio Cano Vindel.
• El cuerpo experimenta cambios por la activación que generan síntomas de trastornos médicos. (Digestivos, cardiovasculares, problemas en la piel y dolor de cabeza son los más comunes). Cada persona reacciona de forma diferente.
• Según el doctor Ramírez, los niños tienen manifestaciones un poco diferentes al estrés de los adultos: temores a la hora de dormir, dificultad para levantarse en la madrugada, distracción y falta de atención, alergias, infecciones repetitivas, diarrea o molestias gastrointestinales, agresividad ante eventos insignificantes, problemas para socializar, poca tolerancia a la frustración y alta competitividad. Todas estas situaciones deben ser evaluadas inicialmente por el pediatra o el sicólogo, según el caso.