Ghosting: cuando el silencio también comunica (y nos obliga a madurar como humanos en la era digital)



¿En qué momento normalizamos desaparecer sin explicar nada, como si el otro nunca hubiera existido?

Esa pregunta me acompaña desde hace años, pero hoy cobra un peso distinto en una cultura hiperconectada que, paradójicamente, huye del contacto humano real cuando más lo necesita.

He acompañado personas, equipos, líderes, parejas, socios y organizaciones desde 1988. He visto rupturas dolorosas cara a cara, despedidas torpes, conversaciones difíciles, silencios incómodos… pero también he visto algo nuevo y profundamente inquietante: el ghosting convertido en práctica cotidiana, casi aceptada, casi justificada, casi celebrada. Personas que desaparecen de un vínculo sin una palabra, sin una explicación, sin un cierre. Y no solo en relaciones afectivas: también en relaciones laborales, comerciales, espirituales y humanas.

El ghosting no es solo “dejar de responder”. Es un acto comunicativo profundo. El silencio, cuando es impuesto, también habla. Y casi siempre dice lo mismo: “No me hago cargo de lo que siento ni de lo que genero en el otro”.

Desde mi camino como ingeniero de sistemas, administrador de empresas y mentor humanista, he aprendido que toda tecnología amplifica lo que somos. Las redes sociales no nos volvieron fríos; simplemente nos dieron una vía más rápida para huir. La mensajería instantánea no creó la inmadurez emocional; solo la dejó al descubierto. El problema no es WhatsApp, Instagram o LinkedIn. El problema es qué tipo de seres humanos estamos siendo detrás de una pantalla.

He visto casos muy concretos. Personas que durante meses compartieron conversaciones profundas, planes, ideas, incluso espiritualidad, y un día… nada. El mensaje queda en visto. La llamada no se devuelve. El vínculo queda suspendido en un limbo emocional que confunde, duele y desestructura. Y lo más grave no es el final, sino la ausencia de dignidad en el cierre.

Porque todo vínculo humano, cuando termina, merece al menos una cosa: respeto.

En el mundo empresarial pasa lo mismo. Propuestas enviadas, reuniones prometidas, alianzas conversadas… y luego silencio absoluto. Nadie dice “no”. Nadie dice “cambié de opinión”. Nadie asume la responsabilidad de cerrar el ciclo. Y después nos preguntamos por qué hay desconfianza, por qué cuesta tanto construir relaciones sanas y sostenibles. En la Organización Empresarial Todo En Uno.Net hemos hablado muchas veces de esto: la falta de cierre es una forma silenciosa de violencia relacional. No deja golpes visibles, pero deja heridas profundas.

Desde la psicología y la inteligencia emocional, el ghosting suele esconder miedo. Miedo a confrontar, miedo a decepcionar, miedo a sostener una conversación incómoda, miedo a reconocer límites. Desde el Eneagrama, lo he observado en distintos patrones: personas que evitan el conflicto a toda costa, otras que desaparecen para no sentirse atrapadas, otras que simplemente no han desarrollado la capacidad de responsabilizarse emocionalmente. Y desde la numerología, en mi propio Camino de Vida 3, he aprendido que la palabra es sanadora cuando se usa con conciencia… y destructiva cuando se evita.

El ghosting no es neutral. Quien lo sufre suele entrar en una espiral interna: ¿dije algo mal?, ¿no fui suficiente?, ¿me imaginé la conexión?, ¿qué pasó? Esa incertidumbre erosiona la autoestima, fragmenta la confianza y deja aprendizajes torcidos. He acompañado personas que tardaron meses —incluso años— en volver a confiar, no por la ruptura en sí, sino por la forma en que ocurrió.

Y aquí es donde quiero ser claro, sin moralismos pero con firmeza: no todo silencio es ghosting. Hay silencios necesarios, silencios terapéuticos, silencios para protegerse de vínculos dañinos o abusivos. Pero desaparecer sin explicación cuando hubo una relación respetuosa y consciente no es autocuidado; es evasión.

Vivimos una época donde hablamos de inteligencia artificial, de automatización, de algoritmos que aprenden solos. Pero seguimos sin resolver lo básico: la inteligencia emocional mínima para decir “hasta aquí”, “no puedo”, “no quiero continuar”, “gracias por lo compartido”. Ninguna IA puede suplir la valentía humana de una conversación honesta. Ninguna tecnología reemplaza la ética del vínculo.

Desde lo espiritual, el ghosting rompe algo sagrado: el reconocimiento del otro como un ser con historia, emociones y dignidad. No somos perfiles descartables. No somos chats que se archivan. No somos notificaciones que se silencian. Somos procesos vivos que merecen cierre. Incluso Jesús, Buda, los sabios antiguos, hablaban de la importancia del desapego consciente, no del abandono silencioso. El desapego se explica, se trabaja, se honra. El abandono simplemente huye.

También he visto el otro lado: personas que ghostean sin ser conscientes del impacto. Cuando logran verlo, cuando se atreven a revisar su historia, suelen descubrir heridas no resueltas, modelos aprendidos, miedos antiguos. Por eso no escribo desde el juicio, sino desde la invitación a madurar. A crecer. A hacernos cargo.

El fin de una relación por redes sociales no tiene que ser cruel. Puede ser breve, claro, humano. Un mensaje sincero vale más que cien silencios. Un “no puedo continuar” dicho con respeto es un acto de amor propio y ajeno. Y esto aplica a todo: relaciones afectivas, laborales, comerciales, comunitarias.

En mis blogs personales y en Todo En Uno.Net he insistido en algo que hoy quiero reiterar: la verdadera transformación digital no es tecnológica, es humana. Puedes tener las mejores herramientas, los mejores sistemas, los mejores procesos, pero si no sabes cerrar un vínculo con dignidad, algo esencial está fallando.

Quizás este texto no sea cómodo. No pretende serlo. Pretende ser honesto. Porque evolucionar como sociedad también implica revisar nuestras pequeñas cobardías cotidianas. El ghosting es una de ellas.

Si estás leyendo esto y fuiste ghosteado, quiero decirte algo con claridad: no fue tu falta de valor, fue la incapacidad del otro para sostener una conversación adulta. Y si estás leyendo esto y alguna vez ghosteaste, no te condenes, pero tampoco lo normalices. Siempre estás a tiempo de aprender a cerrar mejor.

El silencio, cuando no se explica, deja eco. Y ese eco nos alcanza tarde o temprano.

Si este mensaje resonó contigo, no lo guardes en silencio. Compártelo con alguien que hoy necesite comprender lo que siente o cerrar un ciclo con más conciencia. Y si quieres profundizar en estos temas desde una mirada humana, empresarial y espiritual, puedes agendar una charla conmigo. A veces, una conversación honesta a tiempo cambia una historia completa.
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Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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