El mejor consejo que debía escuchar… era el que llevaba años diciéndome en silencio



Hay un momento en la vida —y suele llegar sin avisar— en el que uno se da cuenta de que ha escuchado demasiadas voces y se ha escuchado muy poco a sí mismo. No es que los demás no tengan buenas intenciones. Muchas veces hablan desde el amor, desde la experiencia o desde el miedo que ellos mismos no han podido resolver. Pero aun así, llega un punto en el que el ruido externo se vuelve tan fuerte que termina silenciando la única voz que realmente conoce el camino: la propia.

Durante años creí que avanzar consistía en aprender más, certificarse más, escuchar a más expertos, acumular más metodologías, más sistemas, más verdades ajenas. Y ojo, no reniego de nada de eso. Soy ingeniero de sistemas, administrador de empresas, lector obsesivo desde niño, emprendedor desde los nueve años y mentor desde hace décadas. Aprender ha sido una constante vital. Pero hay una diferencia profunda entre aprender para crecer y aprender para no escucharse.

El artículo que inspira este texto habla de algo aparentemente simple: el mejor consejo que debía escuchar… era el que yo mismo me estaba diciendo. Y esa frase, tan sencilla, es una bomba silenciosa. Porque desnuda una verdad incómoda: muchas veces no estamos perdidos por falta de información, sino por exceso de evasión. Sabemos lo que debemos hacer, pero no queremos asumir el costo emocional, social o económico de hacerlo.

En mi vida empresarial y personal he visto esto repetirse una y otra vez. Empresarios que saben que deben soltar un socio, pero lo aplazan “por lealtad”. Líderes que sienten que ese modelo de negocio ya no vibra con ellos, pero siguen empujándolo “porque aún da”. Personas brillantes que saben que deben parar, descansar, sanar… y no lo hacen porque el sistema los aplaude mientras se rompen por dentro.

Yo mismo estuve ahí. No una vez. Varias.

Fundar Todo En Uno.Net en 1995 no fue solo una decisión tecnológica. Fue una respuesta interna a una intuición muy clara: la tecnología no debía ser un fin en sí misma, sino un medio al servicio del ser humano y de la empresa real. En ese momento no tenía el lenguaje que hoy tengo —arquitecturas, criterio, conciencia digital, humanismo empresarial— pero la voz ya estaba ahí. Me decía: “No construyas soluciones, construye sentido”. Y durante años la escuché… a medias.

El problema de no escucharse del todo es que uno termina viviendo una vida correcta, pero no coherente. Funcional, pero no plena. Exitosa hacia afuera, pero cansada hacia adentro.

Con el tiempo, la vida se encarga de ajustar cuentas. A veces con crisis financieras, a veces con quiebres emocionales, a veces con enfermedades, a veces con un cansancio que ni el éxito logra tapar. No lo digo desde la teoría. Lo digo desde la experiencia. Desde conversaciones profundas con empresarios a las tres de la mañana. Desde procesos de acompañamiento donde la pregunta no es “cómo vender más”, sino “para qué seguir así”.

Aquí es donde entra algo que pocas veces se habla en el mundo empresarial: la dimensión espiritual del criterio. No hablo de religión, sino de conexión. De esa capacidad de sentir cuándo algo ya no está alineado con lo que uno es. El Eneagrama me ayudó a entender patrones. La numerología —en mi caso, Camino de Vida 3— me mostró la importancia de expresar, comunicar y crear desde la alegría consciente. La psicología me dio lenguaje. La tecnología me dio herramientas. Pero la escucha interna… esa no se aprende en ningún curso. Se cultiva en silencio.

Y ese silencio asusta. Porque cuando uno se escucha de verdad, ya no puede fingir que no sabe.

He acompañado procesos de transformación donde la decisión más difícil no fue cambiar de software, ni reestructurar una empresa, ni implementar inteligencia artificial. Fue aceptar una verdad interna largamente ignorada: “esto ya no es para mí”. Y aceptar eso implica duelo. Implica decepcionar expectativas ajenas. Implica redefinir identidad. ¿Quién soy si dejo de ser lo que he sido por años?

La cultura empresarial latinoamericana no ayuda mucho en esto. Nos enseñaron a aguantar, a resistir, a “echar pa’lante” aunque el alma vaya atrás arrastrándose. Confundimos resiliencia con negación. Fortaleza con silencio emocional. Y así se crean empresas grandes… y personas pequeñas por dentro.

Escucharse no es un acto romántico. Es un acto de responsabilidad. Porque cuando no te escuchas, decides mal. Ejecutas desde el miedo. Automatizas desde la ansiedad. Escalas desde el ego. Y ninguna tecnología, por avanzada que sea, corrige una decisión mal nacida.

Por eso hoy hablo tanto de criterio. No como concepto bonito, sino como músculo vital. El criterio nace cuando alineas tres cosas: lo que sabes, lo que sientes y lo que haces. Si una de esas se rompe, todo el sistema se desbalancea. Y sí, esto aplica igual para la vida que para la empresa.

He visto organizaciones enteras construidas sobre decisiones que alguien sabía que no eran correctas… pero nadie se atrevió a decirlo. El costo de no escuchar esa voz interna termina pagándose con rotación de personal, con clientes tóxicos, con marcas vacías, con líderes agotados.

La inteligencia artificial hoy nos obliga a enfrentar esta conversación con más urgencia. Porque la IA amplifica. No piensa por ti. Amplifica tus decisiones. Si no tienes criterio, amplifica el caos. Si no tienes ética, amplifica el daño. Si no tienes conciencia, amplifica la desconexión. Por eso insisto: antes de adoptar tecnología, hay que escucharse. Antes de ejecutar, hay que decidir bien. Y antes de decidir bien, hay que tener el coraje de escuchar la verdad interna.

En mi propio camino, crear la Organización Empresarial Todo En Uno.Net en 2021 fue una consecuencia directa de haberme escuchado más profundamente. Ya no quería solo prestar servicios. Quería diseñar arquitecturas que ayudaran a otros a decidir mejor, a vivir con menos ruido y más sentido. No fue una decisión de mercado. Fue una decisión de coherencia. Y curiosamente, cuando uno decide desde ahí, el mercado responde distinto. No más fácil. Más auténtico.

Escucharse también implica revisar creencias heredadas. Muchas veces esa voz interna ha estado ahí desde la infancia, pero fue silenciada por frases como “eso no da plata”, “eso no es serio”, “así no se hacen las cosas”. Con el tiempo, uno confunde prudencia con renuncia. Y termina viviendo una vida prestada.

Hay una pregunta que suelo hacer en procesos de mentoría y que incomoda profundamente: “Si nadie te estuviera mirando, ¿qué decisión tomarías?”. La respuesta suele venir rápida… y luego el miedo aparece a desmentirla. Ahí está el punto exacto donde uno decide si se traiciona o se honra.

No escuchar esa voz tiene consecuencias acumulativas. No inmediatas. Acumulativas. Como una gotera pequeña que no se repara. Al principio no pasa nada. Luego hay humedad. Luego moho. Luego la estructura cede. Así funciona la vida cuando uno se ignora sistemáticamente.

Por el contrario, empezar a escucharse no significa cambiarlo todo de un día para otro. Significa empezar a ser honesto. Admitir incomodidades. Reconocer cansancios. Nombrar deseos. Poner límites. Redefinir éxito. Y eso, aunque asusta, libera.

Hoy puedo decir, con serenidad, que el mejor consejo que debía escuchar… efectivamente era el que yo mismo me decía. No porque sea infalible, sino porque es el único que nace desde la totalidad de mi experiencia, mis valores y mi propósito. Escucharme no me hizo menos profesional. Me hizo más íntegro. No me alejó del mundo empresarial. Me permitió habitarlo con más humanidad.

Y si algo he aprendido en estos años es esto: la vida siempre habla. El cuerpo habla. La emoción habla. La intuición habla. La pregunta no es si la voz está ahí. La pregunta es cuánto tiempo más vas a fingir que no la escuchas.

Porque al final, nadie vive las consecuencias de tus decisiones… excepto tú.

Si este texto resonó contigo, no lo ignores. Tal vez sea una de esas conversaciones que llegan justo cuando deben llegar. Si sientes que estás en un punto de decisión, de cansancio o de redefinición, te invito a conversar. A veces, escuchar con alguien más ayuda a escuchar(se) mejor. Puedes agendar una charla conmigo, unirte a nuestras comunidades o simplemente compartir este mensaje con alguien que hoy lo necesite más que tú.

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A veces, el acto más valiente no es avanzar… sino escucharte y cambiar de dirección.

Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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