Eliminar trámites no es eliminar humanidad: una reflexión profunda sobre la tramititis, el poder y la conciencia colectiva



¿En qué momento normalizamos que para vivir, emprender, trabajar o simplemente cumplir con la ley tengamos que desgastarnos emocional, mental y espiritualmente atravesando laberintos burocráticos que parecen no tener fin? Esta no es una pregunta técnica, es una pregunta profundamente humana. Porque la llamada tramititis no es solo un problema administrativo: es el síntoma visible de una cultura que durante décadas confundió control con desconfianza, procedimiento con poder, y norma con distancia del ser humano.

He vivido este país desde múltiples orillas. Como niño trabajador desde los nueve años, como joven autodidacta obsesionado con aprender, como ingeniero de sistemas y administrador de empresas desde finales de los años ochenta, como empresario que ha tenido que abrir, cerrar, formalizar, regularizar, certificar y volver a certificar. Y también como ciudadano que ha sentido en carne propia cómo un trámite mal diseñado puede drenar la energía, la motivación y hasta la fe de una persona o de una organización entera.

Por eso, cuando leo sobre iniciativas legislativas que buscan eliminar trámites innecesarios en Colombia, no lo hago desde la ingenuidad del optimismo fácil ni desde el cinismo del “esto nunca cambia”. Lo hago desde una mirada más profunda: la del reformador humanista que entiende que ningún cambio estructural es sostenible si no va acompañado de un cambio de conciencia.

Eliminar trámites no debería ser solo reducir formularios, ventanillas o requisitos. Debería ser, ante todo, una oportunidad histórica para replantearnos la relación entre el Estado, las empresas y las personas. Porque durante años hemos construido sistemas pensados para protegerse de la gente, no para servirle. Sistemas que parten del supuesto de que el ciudadano va a engañar, evadir o incumplir, y que por tanto debe ser vigilado, controlado y ralentizado. Esa lógica, aunque comprensible en contextos de desconfianza, termina creando exactamente lo que pretende evitar: informalidad, resistencia y ruptura del tejido social.

Desde mi experiencia acompañando empresas, emprendedores, organizaciones sociales y entidades públicas, he visto cómo la tramititis se convierte en una forma silenciosa de violencia institucional. No deja marcas visibles, pero sí cicatrices profundas. Emprendedores que abandonan ideas brillantes porque “es muy complicado”. Adultos mayores que dependen de terceros para hacer trámites que no entienden. Jóvenes que asocian legalidad con sufrimiento. Empresas que gastan más tiempo cumpliendo procesos que creando valor real.

Y aquí es donde la tecnología entra en escena, pero no como salvadora mágica, sino como amplificadora de la intención humana. Digitalizar un mal trámite no lo hace mejor; lo hace más rápido… y más doloroso. Automatizar sin criterio solo multiplica la frustración. Por eso siempre he insistido, desde Todo En Uno.Net y desde cada espacio formativo o consultivo que acompaño, en que la transformación digital sin transformación cultural es solo maquillaje tecnológico.

La verdadera eliminación de trámites comienza cuando rediseñamos los procesos desde la empatía. Cuando nos preguntamos, con honestidad radical: ¿este requisito aporta valor real?, ¿protege a alguien?, ¿previene un riesgo concreto?, ¿o simplemente existe porque “siempre se ha hecho así”? Esa pregunta, aparentemente sencilla, es profundamente disruptiva. Porque obliga a soltar el ego institucional, a revisar privilegios, a aceptar que muchos procedimientos no responden a la realidad actual.

Desde una mirada espiritual —y no hablo de religión, sino de conciencia—, los sistemas también tienen energía. Un sistema rígido, desconectado y excesivamente controlador transmite miedo. Un sistema claro, ágil y coherente transmite confianza. Y la confianza es el verdadero lubricante de cualquier sociedad que quiera avanzar.

En numerología, mi Camino de Vida es el 3: comunicación, creatividad, expresión consciente. Tal vez por eso siempre he creído que gran parte de nuestros problemas como país no son de falta de leyes, sino de exceso de normas mal comunicadas, mal pensadas y peor aplicadas. Decimos que queremos formalización, pero diseñamos procesos que expulsan. Decimos que queremos innovación, pero ahogamos al innovador en requisitos previos. Decimos que queremos legalidad, pero la volvemos inalcanzable para muchos.

La inteligencia artificial, bien entendida, puede ser una aliada poderosa en este proceso. No para reemplazar al ser humano, sino para devolverle tiempo, claridad y foco. Sistemas que validan información una sola vez. Estados que comparten datos internamente sin obligar al ciudadano a ser mensajero entre entidades. Formularios inteligentes que se adaptan al contexto real de quien los diligencia. Lenguaje claro, comprensible, humano. Esto no es ciencia ficción; es criterio aplicado con ética.

Pero insisto: ninguna ley, ningún software, ningún decreto funcionará si no hay voluntad real de servicio. El problema de fondo no es técnico, es humano. Y por eso me preocupa cuando la eliminación de trámites se plantea solo como una meta de eficiencia y no como un acto de dignidad. Porque detrás de cada trámite hay una historia, una necesidad, una urgencia, un proyecto de vida.

He acompañado procesos donde, al simplificar un procedimiento, no solo se ahorró tiempo y dinero, sino que se restauró la confianza entre una institución y su comunidad. Personas que volvieron a creer. Empresas que decidieron formalizarse. Equipos que recuperaron el sentido de su labor. Eso, para mí, es desarrollo real.

También he visto el otro lado: reformas bien intencionadas que se quedan en el papel porque nadie se hizo responsable de cambiar la mentalidad. Porque se eliminó un requisito, pero se creó otro “por si acaso”. Porque se digitalizó el trámite, pero no se capacitó a las personas. Porque se habló de modernización, pero se siguió operando desde el miedo al error.

Eliminar la tramititis no es una tarea menor. Es tocar fibras profundas del poder, del control y de la forma como nos relacionamos como sociedad. Requiere valentía política, sí, pero sobre todo madurez emocional y ética institucional. Requiere líderes capaces de decir: “esto ya no tiene sentido”, y ciudadanos dispuestos a asumir también su parte de responsabilidad.

Desde lo humano, lo empresarial y lo espiritual, creo que estamos ante una oportunidad invaluable. No para hacer más rápido lo mismo de siempre, sino para hacerlo diferente. Para construir un Estado que confíe más, empresas que colaboren más y ciudadanos que sientan que cumplir la ley no es una carga, sino una forma coherente de vivir en comunidad.

Si este proceso se hace bien, no solo reduciremos filas y formularios. Reduciremos frustración, desgaste y desesperanza. Y eso, aunque no aparezca en los indicadores, es una de las transformaciones más profundas que un país puede lograr.

Porque al final, eliminar trámites innecesarios no es solo un acto administrativo. Es un acto de respeto. Y cuando una sociedad se respeta a sí misma, todo empieza a ordenarse desde adentro.

Si este texto resonó contigo, no lo guardes solo para ti. Compártelo con alguien que hoy se sienta atrapado en un sistema que no entiende. Y si quieres conversar, reflexionar o repensar procesos desde una mirada más humana y estratégica, puedes agendar una charla conmigo. A veces, una conversación honesta es el primer trámite que realmente vale la pena.

Agendamiento:                     AQUÍ

Facebook:                              Julio Cesar Moreno D

Twitter:                                 Julio Cesar Moreno Duque

Linkedin:                               (28) JULIO CESAR MORENO DUQUE | LinkedIn

Youtube:                               JULIO CESAR MORENO DUQUE - YouTube

Comunidad de WhatsApp: Únete a nuestros grupos

Grupo de WhatsApp:          Unete a nuestro Grupo

Comunidad de Telegram:   Únete a nuestro canal  

Grupo de Telegram:            Unete a nuestro Grupo

Blogs:   BIENVENIDO A MI BLOG (juliocmd.blogspot.com)

AMIGO DE. Ese ser supremo en el cual crees y confias. (amigodeesegransersupremo.blogspot.com)

MENSAJES SABATINOS (escritossabatinos.blogspot.com)

 

Agenda una sesión virtual de 1 hora, donde podrás hablar libremente, encontrar claridad y recibir guía basada en experiencia y espiritualidad.

👉 “¿Quieres más tips como este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp o Telegram”.

Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente