He acompañado a cientos de personas desde 1988 —emprendedores, líderes, soñadores, empresarios, y también almas silenciosas que cargan con un dolor que no siempre se deja diagnosticar tan fácilmente— y hay algo que he aprendido de todos ellos: el dolor humano rara vez cabe en un diagnóstico. Y, sin embargo, eso es lo que nuestra sociedad nos ha enseñado a buscar.
Vivimos en una época donde tener “un problema psicológico” parece la explicación más rápida y aceptada. Nos sentimos ansiosos, tristes, vacíos, bloqueados… y buscamos etiquetas: ansiedad, depresión, trastorno de algo. Y no digo que estas etiquetas no existan o no sean válidas —soy un defensor de la psicología bien hecha, humanista y responsable—, pero también me atrevo a decir, desde mi propia vida y desde mi experiencia con otros, que el alma también tiene gritos que el manual de diagnóstico no puede traducir.
Recuerdo a Vicente. Lo conocí en un proceso de mentoría, llegó a mí con una mezcla de cansancio y frustración. Era lo que llamaríamos un “hombre exitoso”: gerente, con un equipo a cargo, metas cumplidas… pero cada día se levantaba con la sensación de que su alma iba apagándose. Me decía: “Julio, me estoy volviendo un zombie elegante. Todo parece funcionar, pero por dentro me estoy muriendo”.
En ese viaje que hicimos juntos, descubrimos que su verdadero conflicto no era psicológico. Era existencial. Era espiritual. Era humano.
Y lo mismo he vivido yo. Como ingeniero de sistemas me enseñaron a resolver problemas. Como administrador de empresas, a planificar. Como mentor de líderes, a orientar con claridad. Pero fue mi dimensión espiritual, mi camino de errores, desiertos y encuentros con lo invisible, lo que me enseñó a abrazar el dolor sin querer eliminarlo de inmediato.
Cuando dejé de ver mis propias crisis como “problemas que había que arreglar”, y las empecé a ver como “mensajes que había que escuchar”, todo cambió. No sané de la noche a la mañana. No encontré una respuesta mágica. Pero comencé a habitarme. A dejar de correr. A tenerme paciencia. A pedir ayuda. A orar con el alma desnuda. A escribir. A llorar sin miedo. Y sobre todo, a reconocer que mis sombras también son parte de mi liderazgo.
A lo largo de los años he visto cómo la tecnología, la empresa y la espiritualidad pueden coexistir. De hecho, lo necesitan. Así como el software necesita hardware, la mente necesita alma. Así como un sistema necesita actualización, nuestro ser necesita renovación. Y no se trata solo de cambiar de empleo, o de emprender un nuevo proyecto. A veces se trata de volver a nuestro cuerpo. De respirar. De mirar a los ojos a quien nos ama y decirle: “Estoy perdido, pero quiero encontrarme”.
Por eso, cuando alguien me dice “tengo un problema psicológico”, lo primero que hago es escuchar. No con afán de clasificar, sino con el deseo de comprender. Porque muchas veces lo que llamamos “problema” es una oportunidad que aún no sabemos leer.
No tengas miedo de pedir ayuda. De volver a empezar. De dejar de aparentar que estás bien cuando por dentro estás gritando. Porque la verdadera fortaleza no es resistirlo todo. Es dejarte sostener cuando ya no puedes más.
Y si te has sentido identificado con estas palabras, permíteme invitarte a un espacio donde no tienes que ser perfecto, exitoso o fuerte. Solo necesitas ser tú. Tal cual eres. Tal como estás.
Agendamiento: AQUÍ
Facebook: Julio Cesar Moreno D
Twitter: Julio Cesar Moreno Duque
Linkedin: (28) JULIO CESAR
MORENO DUQUE | LinkedIn
Youtube: JULIO CESAR MORENO DUQUE - YouTube
Comunidad de WhatsApp: Únete
a nuestros grupos
Grupo de WhatsApp: Unete a nuestro Grupo
Comunidad de Telegram: Únete a nuestro canal
Grupo de Telegram: Unete a nuestro Grupo
Blogs: BIENVENIDO
A MI BLOG (juliocmd.blogspot.com)
AMIGO DE. Ese ser supremo
en el cual crees y confias. (amigodeesegransersupremo.blogspot.com)
MENSAJES SABATINOS
(escritossabatinos.blogspot.com)
Agenda una
sesión virtual de 1 hora, donde podrás hablar libremente, encontrar claridad y
recibir guía basada en experiencia y espiritualidad.
👉 “¿Quieres más tips como este? Únete al grupo exclusivo de WhatsApp o
Telegram”.
Compártelo con alguien que necesite una palabra sincera hoy. A veces, un blog puede ser el inicio de una nueva vida.
