Esta historia es de la vida real y me pasó justo hace dos semanas.
Tengo un cliente que en una de nuestras sesiones me soltó una frase que me resultó chocante al principio, pero que después de pensarla y masticarla, terminé comentándola con personas cercanas toda la semana ya que me impactó mucho.
Él se encuentra en una actividad frenética con sus labores empresariales, compromisos familiares y mil cosas más [te lo escribo tal y como me lo dijo].
En una conversación con un amigo suyo, en la que le invitaba a pasar un rato de ocio y entretenimiento, yendo a algún sitio, él le respondió que no podía porque estaba muy ocupado y estresado con todas las cosas que tenía que hacer.
Su amigo, se quedó mirándolo y le respondió de una manera tranquila y sosegada, casi estupefacto: -¿En serio? ¿Con la edad que tienes no te da vergüenza decir que no tienes tiempo?
¿Qué te parece la perla que le ha soltado?
Si eres como yo, te imaginarás que era una conversación entre dos personas de la tercera edad, pero nada que ver en lo absoluto. Se trata de dos personas entre 40 y 50 años, teniendo una conversación acerca de qué nuevo plan realizar para disfrutar de la vida y al mismo tiempo, reflexionando acerca de que no había tiempo para ello, porque el tiempo estaba previsto para ocuparlo en otras cosas que quizá no disfrutan tanto.
A mí personalmente me chocó por varias razones:
Primero, porque no tenemos que decir sí al primero que nos invita a salir de nuestras prioridades. Segundo, porque el estar enfocado en nuestras prioridades, no debería ser motivo de vergüenza. Y tercero, porque aún no estamos tan viejos como para dejar de iniciar nuevos proyectos y actividades.
Es decir, todo esto es licito y está correcto.
El problema llega cuando este tipo de preguntas hacen que nos replanteemos si realmente estamos enfocados en nuestras prioridades o sencillamente estamos tan ocupados que no somos capaces de diferenciar lo que es importante de lo que no.
Si a ti también te ha chocado, te invito a que lo mastiques un poco más y te preguntes cuántas cosas has dejado pasar de largo en tu vida, simplemente por el hecho de estar ocupado haciendo actividades que no tienen ninguna repercusión significativa para ti y que además te hacen creer la mentira de que no tienes tiempo.
En serio, todos tenemos todo el tiempo que hay y deberíamos siempre tener tiempo para aquellas cosas que son importantes y prioritarias en nuestra vida.
Entiendo que para muchas personas identificar estas prioridades sea complejo, hay tanto ruido ahí fuera que no ha habido espacio para pensar en ello.
Pero de corazón te invito a que no solo pienses, sino que tomes cartas en el asunto y te pongas a trabajar.
Aquí te replanteo la frase: a tu edad, ¿quién te dijo que no tienes tiempo para trabajar en tus prioridades?