No solo los rasgos genéticos pasan de padres a hijos, las características adaptativas de nuestros antepasados también pasan a la descendencia.

De padres miedosos, hijos miedosos. Transmitimos a nuestra prole nuestros temores y anhelos y modificamos así su comportamiento. Pero, más allá de la imitación, también legamos otro tipo de traumas o miedos menos conscientes. Según recientes investigaciones, publicadas en la revista Nature Review Genetics, los traumas físicos también se transmiten. Un ejemplo serían los periodos de escasez alimentaria. Cuando la madre pasa hambre, el metabolismo se ajusta para aprovechar al máximo los recursos existentes, por la incertidumbre que supone desconocer cuando se podrá volver a comer. Los efectos en los hijos son de tipo epigenético, y éstos nacen con un metabolismo alterado más proclive a padecer diabetes u obesidad. Los investigadores también creen que las enfermedades psiquiátricas podrían heredarse.