Por qué es tan difícil hablar de sexo?


Ya sea sobre el sexo, el dinero, las relaciones con las familias, etc. tenemos que hablar siempre, no sólo cuando hay problemas.

Tener conversaciones sobre lo que pasa en la relación es algo que no sabemos cómo hacer. En realidad, creemos en el “vivieron felices para siempre” en este sentido: una vez la relación ya se formalizó, podemos prender el piloto automático y dejar que ande sola. El esfuerzo está en la parte inicial, en la consolidación. Después, “el amor” se encargará de que funcione; si no funciona será porque “el amor” se agotó o no fue suficiente.


Pretendemos ignorar nuestra responsabilidad en la co-creación de las relaciones que tenemos. Conversar sobre la relación es nuestra manera de crearla conscientemente; necesitamos conversar sobre quiénes estamos siendo, sobre nuestras creencias, nuestras prácticas, nuestros sueños… Conversar con curiosidad, con auténtico deseo de comprender para actuar amorosamente. Amar es conocer y nuestra manera de conocernos es conversando.

Ya sea sobre el sexo, el dinero, las relaciones con las familias, etc. tenemos que hablar siempre, no sólo cuando hay problemas. Infortunadamente nuestra educación relacional nos enseñó lo contrario: sólo hablamos cuando una de las partes cree que hay algo “mal”. Las mujeres suelen ser quienes dicen que tenemos que hablar y no son muy hábiles al hacerlo porque tendemos a señalar todo lo que el otro no está haciendo o “debería” hacer de otra manera.

Sin embargo, ten cuidado hay cosas de nuestra relación y vida privada que es mejor no contar.


Esperamos hasta que el vaso se llene con frustración, rabia, cansancio, decepción, insatisfacción, entre otros ingredientes, para decir que necesitamos conversar. Así que llegamos cargados con todo esto; es normal entonces que el otro se disponga a la defensa o al contraataque. Las conversaciones que surgen del “vaso lleno” no tienen por objetivo comprender ni aprender; en realidad buscan —y logran— generar culpa. Sobre la culpa nada se puede construir.

Nuestra sexualidad es ya un territorio de inmensa vulnerabilidad: nos exponemos, nos mostramos, estamos literalmente desnudos frente al otro.

Además, la cultura ha rodeado al sexo de demasiadas culpas y expectativas: entre las Cincuenta sombras de Grey y algunos discursos religiosos que hacen del placer y del cuerpo los opuestos de la bondad y del espíritu, nos perdemos a nosotros mismos y no logramos nombrar lo que sentimos y necesitamos para compartirlo con el otro, para ponerlo abierta y tranquilamente sobre la cama.

Hablar de sexo nos asusta más que tenerlo porque se trata de desnudar nuestras creencias, nuestros temores, nuestras fantasías.

Porque no sabemos si “somos normales”, porque no sabemos cómo recibirá el otro esto que llevamos dentro… Tememos ser juzgados, este es el gran miedo. Y al otro le pasa lo mismo. Así que callamos y dejamos que el vaso se llene. Círculo vicioso que nos hace temerle aún más a hablar sobre sexo.

Ahora es tu turno, recuerda que no hay aprendizaje sin acción. Y hoy se trata de tener una conversación muy honesta contigo mismo sobre tu sexualidad.

• ¿Qué aprendiste sobre el sexo y sobre el rol de los hombres y de las mujeres?
• ¿Qué temes que pase si hablas de lo que sientes, de lo que necesitas, de lo que deseas, de lo que no te gusta?
• ¿Qué aprecias y disfrutas de lo que hace tu pareja y de lo que haces tú cuando tienen relaciones sexuales?

Luego, crea un contexto propicio e invita a tu pareja a conversar… Comparte estas reflexiones, incluidos los miedos que tienes de abrir estas conversaciones, y escucha…
Julio Cesar Moreno Duque

soy lector, escritor, analista, evaluador y mucho mas. todo con el fin de aprender, conocer para poder aplicar a mi vida personal, familiar y ayudarle a las personas que de una u otra forma se acercan a mi.

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